El poder en la oscuridad

Trece

Ninguno de ellos se despertó por la mañana, mucho menos durante el amanecer. Cuando Acacia abrió los ojos vislumbro la centelleante luz del sol, hacia días que en el cielo no se veían más que nubes.

Acacia no sabía hasta que hora habían estado practicando durante la noche, solo sabía que habían parado una vez que dejo de escucharse el ruido proveniente de otras habitaciones.

Era tarde pero no había amanecido mientras hablaban y mucho menos lo había hecho cuando se durmieron; ella en la cama y Kilian sentado en el suelo y apoyado en la cama justo al lado de ella.

Kilian no estaba en la habitación con ella.

Por un momento la invadió el pánico. ¿Y si Kilian había tomado dimensión de lo que significaba acompañarla?¿Y si solo estaba esperando a que le mostrase que tan poderosa era?¿Y si lo había asustado y huyo?¿Y si…?.

Sus preguntas quedaron suspendidas cuando Kilian entro en la habitación con una bandeja gastada y astillada, pero llena. Estaba silbando y caminaba relajado cuando apoyo la bandeja en la mesa central, no se había percatado de que Acacia estaba despierta aún.

Por su lado Kilian se sentía totalmente dichoso. Amaba los días soleados y no había muchos allí en Inglaterra, ademas, estaba…Extasiado desde la noche anterior, cuando finalmente había perdido el miedo a los poderes de Acacia.

Presenciar tales actos le pareció lo más emocionante de su vida.

Preparo un té en una pequeña taza con la tetera de metal y unto un poco de mantequilla en las dos rebanadas de pan que había comprado y las volvió a dejar en el plato de metal que hacia juego con la taza.

Se miraron a los ojos cuando Kilian se giró sobre sus talones. Kilian se trastabillo por la sorpresa y un poco de té fue a parar al piso.

-Le traje…Te traje el desayuno-se aclaró la garganta en señal de incomodidad. Acacia le regalo una cortes sonrisa en señal de agradecimiento.

Esa vez, no iba a oponerse a la voluntad de Kilian sobre los gastos.

-Lo agradezco mucho, Kilian, es muy considerado de tu parte-Acacia se hizo a un lado en la cama para que Kilian se sentara junto a ella-¿Ya has desayunado?-solo había una taza en la bandeja.

Kilian asintió antes de hablar.

-Cuando desperté me pareció que necesitabas descansar más. Desayune en el comedor y he…Reservado una noche más la habitación-la frase quedo suspendida en el ambiente y cuando Kilian se percató de que Acacia no contestaría, volvió a hablar-¿Sabes? Había una mujer en el comedor, una señora, que me ha estado mirando en todo momento mientras desayunaba.

A Acacia se le pusieron los pelos de punta.

-¿Era una anciana?-Kilian percibió la inquietud de Acacia.

-Si. Muy anciana, tenia la cara muy arrugada, muy menuda, parecía como si no hubiera comido en días, estaba despeinada y su vestido estaba sucio y su capa…

-Estaba rota-termino Acacia con un mal sabor en la boca-esa mujer ha estado observándome desde la primera noche en la posada.

La habitación quedo en silencio porque ninguno de los dos sabía que decir. Acacia estaba consumida por un mal presentimiento, cada bello de su ser estaba erizado y el cuerpo le picaba con una mala vibra.

Era la primera vez en toda su vida que sentía tal rechazo por alguien que no conocía; sabía que había algo más detrás de esa señora, sabía que no los había estado observando por curiosidad o porque creyera que tenían dinero, había algo más…Y Acacia lo iba a averiguar.

En un movimiento rápido dejo la bandeja sobre la cama y cruzo la habitación, estaba decidida a enfrentar a la señora. Recorrió el camino, ahora iluminado con la luz natural del día, deprisa; el coraje, el miedo y la incertidumbre la carcomían de pies a cabeza mientras caminaba.

La posada estaba vacía salvo dos personas: la mujer recepcionista y un hombre mayor que parecía estar ebrio. Acacia se acercó hasta la recepción, la mujer la miraba desde que había entrado en la habitación.

-¿Ha visto a una anciana aquí? Tiene el pelo muy gris y ropa en muy mal estado-hablo apresurada y sus palabras parecían encimarse entre sí, pero la mujer aun así la entendió.

-Veo muchas personas por aquí niña…Y casi todas tienen ropa la ropa en muy mal estado-en el rostro de la mujer se veía mezclado un deje pícaro y curioso. Ella sabía de quien estaba hablando.

Acacia estuvo a punto de perder la paciencia hasta que sintió un toque en su espalda.

-Quizás esto la ayude a recordar con más precisión-Acacia vio la mano de Kilian unas monedas al mostrador. Eran cinco peniques.

La mujer pareció satisfecha y avergonzada mientras recogía las monedas con sus manos regordetas y sucias.

-Su nombre es Ginebra. Vive en una choza en las afueras del pueblo, viuda, sin hijos y jamás se casó. Es sirvienta en la casa Jonas, ellos también viven a las afueras del pueblo, hacia el sur-hablo tan rápido y tan segura que Acacia se tensó por el repentino ataque de coraje que le causo.

Kilian la sostuvo fuerte por la cintura cuando dio otro paso hacia adelante.

-Muy amable, como siempre-murmuro mientras tironeaba de Acacia hacia atrás, la mujer le regalo una centelleante y socarrona sonrisa.

Kilian la guio hasta fuera del establecimiento y solo observo la primera explosión de Acacia, pateaba los montones de paja a su alrededor con furia a la vez que revoloteaba los brazos bruscamente. A Kilian le dio la impresión de que aquello no se trataba solo de la recepcionista.

Cuando Acacia acabo con su rabieta y lo miro, el por primera vez vio como le centelleaban los ojos, tan atrayentes y magnéticos que parecía una ilusión, un gris tan hermoso que nada tenía que ver con el gris que adaptaba el cielo al nublarse.

Y en ese mismo momento, Acacia giro sobre sus talones y se fue. Solo se fue. Corriendo y sin dar explicaciones. Con la nieve llegándole a las pantorrillas y mojándole los pies y el vestido, con Kilian gritándole y siguiéndola por detrás.



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En el texto hay: romance, brujas, gemelasmagia

Editado: 23.09.2026

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