El poder en la oscuridad

Catorce

Un silencio incomodo inundaba la choza entera que solo contaba con una habitación.

Ginebra se había encargado de conseguirle ropa seca a Kilian quien no dudo una milésima de segundo en aceptarla, además, acepto las dos únicas mantas que estaban sobre el colchón de paja en mal estado que tenía por encima un raído pedazo de lino.

Unos minutos después Kilian por fin había dejado de tiritar, aunque seguía igual de pálido que al dejar el lago.

El ambiente estaba cargado, denso y poco iluminado. La choza constaba solo de una habitación en la que estaban abarrotados todos los muebles y utensilios. A la derecha a un costado de la puerta estaba el deteriorado colchón de paja en el suelo y frente a él había una pequeña mesa de madera que parecía estar en mejores condiciones que toda la casa y estaba acompañada de dos sillas hechas con dos maderas distintas; en una esquina posicionada a un lado de una ventana haba una silla mecedora en muy malas condiciones.

En el lado izquierdo de la choza se hallaba lo que parecía ser una muy reducida cocina. Había un pequeño horno de ladrillos, una sarten y un caldero de hierro negro colgado sobre lo que parecía ser un pequeño horno a fuego abierto; tan solo medio metro más alejado había un enorme armario que alcanzaba desde el suelo hasta el techo.

Se podía definir a la choza en muchas palabras, pero cálida no era una de ellas.

Fue Ginebra la primera en hablar después de todo el tiempo en el que la choza estuvo sumida en silencio.

-No deberían haber venido, jóvenes, es un sendero muy peligroso para las personas que lo desconocen-la voz salió en un murmullo ronco y agrio.

-Tenia…Necesitaba hablar con usted, Ginebra-murmuro Acacia con tono titubeante mirando a todas partes, menos a los ojos de la anciana.

Ginebra hizo una seña con la mano para que continuase hablando.

-La he visto…He sentido su presencia…Y Kilian, el señor Loughty-Acacia se corrigió al instante tras-También la ha visto…Me preguntaba y espero no ser demasiado impertinente, ¿Por qué nos ha estado observando?.

Ambos, tanto Kilian como Acacia se sentían intimidados por la señora; se sentía una presencia apabullante y arrasadora, como si toda la mujer fuera un torbellino contenido. Ginebra tardo en responder más de lo que la educación mandaba, pero ninguno se lo recrimino, pues no estaban en un ambiente en que se debieran respetar las normas de educación de la alta sociedad. Ni siquiera de la mediana sociedad.

-Aun no es momento de que lo sepa.

-¿Qué?-la pregunta salió en un murmullo entrecortado, como si a Acacia le hubiese faltado el aire al hablar; y, de alguna manera, era precisamente como se sentía.

-Dime, niña, tu haces cosas fuera de lo común, ¿Verdad? Cosas excepcionales y que son condenables-Acacia se encogió en su lugar. Con el corazón palpitándole respondió.

-¿Qué es lo que sabe?.

-Mucho más de lo que tú crees; soy como tu niña, soy especial. Somos lo que vulgarmente llaman brujas-dijo Ginebra con simpleza-No me mires como si no lo hubieses adivinado ya.

-Por supuesto. Claro que ya lo sé, solo…No esperaba que usted también lo fuera-Acacia parecía completamente desorientada y fuera de sí.

-Has tenido el presentimiento, has tenido la intuición de que debías venir, ¿Verdad?-Acacia asintió- Pues eso es cosa de brujas.

-¿Cosa de brujas…?

-Todas se reconocen entre sí, ya aprenderás a hacerlo-respondió Ginebra restándole importancia con un gesto.

-Si usted es una bruja, me pregunto…Me preguntaba si sería capaz de ayud…

-No-la respuesta de la mujer fue tajante y seca. Kilian noto en los ojos de la mujer que ella no estaba dispuesta a ceder. Era un punto de inflexión.

-¿Por qué?-pregunto Acacia con un hilo de voz.

-No estas lista aún. Hay algo que te falta.

-¿Qué es lo que me falta?¿Y cómo sabe si me falta algo?.

-Porque te conozco, y no estas lista aún-Kilian se enderezo en un instante tras escuchar a Ginebra.

-¿A qué se refiere con que “la conoce”?-pregunto en tono duro. La voz no le fallo como creyó que pasaría.

-A ti no debo darte explicaciones, niño. A ninguno de ustedes.

La habitación se quedó en silencio durante unos segundos tras la hostil respuesta de Ginebra.

-Ya veo que no conseguiremos respuestas aquí, Acacia-dijo Kilian con los ojos fijos en Ginebra-Hemos perdido el tiempo. Vámonos.

Kilian tomo del brazo a Acacia y la levanto de un tirón al mismo tiempo que se levantaba él; Ginebra se levantó a la par sin dejar de observar a Acacia ni un segundo mientras se precipitaba a la puerta junto a Kilian. Solo cuando la muchacha estaba por salir e la choza, Ginebra hablo una última vez.

-No te falta mucho tiempo, Acacia; en poco tiempo encontraras lo que precisas y cuando lo hagas lo sabrás. Ven a verme cuando lo encuentres, solo entonces podre ayudarte, niña-dijo, a medida que hablaba se había acercado hasta la entrada y ahora sostenía la puerta con una mano mirando desde abajo a los ojos de Acacia-Cuídate mucho. Quiero volver a verte.

Acacia abandono la choza tras oír las últimas palabras que la mujer tenía para decirle.

Aquella visita había sido una completa pérdida de tiempo. No solo habían perdido un día entero de practica y no habían averiguado porque los hostigaba Ginebra. Sino que Acacia volvió con más incógnitas que con las que fue y con los sentimientos a flor de piel.

Estaba azorada con toda la información confusa e inconclusa que había recibido. ¿Que le faltaba algo?¿Acaso estaba loca?¿Y cómo era eso de que “la conocía”?; ¿Y si todo eso había sido un invento? Quizás de verdad estaba loca y se había inventado toda una historia desde que había comenzado a observarlos, aunque eso no era muy probable; a lo mejor todo había sido un invento para que confesara que era una bruja y justo en ese momento Ginebra le estaba informando a todo el que se cruzase por su camino que había una bruja en Londres. Esperaba con el corazón en la boca que la segunda teoría fuera errónea, aunque algo en ella le decía que si estaba equivocada al pensar aquello.



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En el texto hay: romance, brujas, gemelasmagia

Editado: 23.09.2026

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