El poder es libertad - Venta Disponible

El poder de la FUERZA

Si bien esto suena mucho a película, me pareció la mejor manera de nombrar a este poder, ya que me refiero precisamente al poder de “forzar” ciertas actitudes, situaciones, comportamientos que no se darían de manera usual. Y si con los demás tipos de poderes, existen maneras de manipular ciertos escenarios, cuando hablo del poder de la fuerza hablo concretamente de la capacidad de daño físico que se puede lograr.

En un ser humano corriente, el poder de la fuerza se encuentra principalmente en su cuerpo físico. Si una persona es fuerte físicamente, es más poderoso que una persona que es flaca o que no entrena. Si eres una persona fuerte, la persona que quiera pelear contigo es probable que se meta en problemas.

Sin embargo, el poder de la fuerza no termina únicamente con la contextura física de una persona. Piensa en el simple hecho de que, suponiendo que seas una persona ágil y entrenada, tengas que enfrentarte contra diez personas no entrenadas; es obvio que estás en desventaja porque la fuerza de dos brazos y dos pies no tienen la misma capacidad de veinte brazos y veinte piernas.

Sin embargo, pensar solo en el cuerpo humano como factor de violencia es limitarse demasiado. Porque el daño de una persona puede aumentar si utiliza un instrumento como un bate. Es probable que una persona tenga un poco más de posibilidades de ganarle a diez personas si tiene algo que lo ayude a ser más dañino.

Y esto puede seguir escalando. Ahora puse de ejemplo un bate, pero el poder de la fuerza de una persona puede aumentar y multiplicarse dependiendo del instrumento que use y de las nuevas capacidades destructivas que obtenga con este.

Entre estas capacidades destructivas que uno puede obtener, debes tener en cuenta la efectividad (es decir, qué tanto puede anular al otro tu método de defensa y qué tan rápido puede hacerlo), la distancia (puedes sortear mucho peligro si puedes anular a alguien sin siquiera tener contacto físico), el factor cantidad (es decir, la sumatoria de cuántas personas puedes usar para destruir y cuántas herramientas cuentas para ello) y, por último, uno sumamente importante, el conocimiento: si no sabes pelear, de poco te va a servir tener fuerza en tu cuerpo. Y tener una pistola no te va a volver peligroso si no sabes usarla.

 

Hay mucho más por conocer referido al tema armas, tácticas de pelea y etc. Pero este no es el tema del libro, por lo que continuaré con lo referido al tema poder.

 

Como verás, el poder de la fuerza no es muy complejo de comprender. Es muy directo y muy visible. Quien tiene más fuerza, tiene mayor poder sobre las demás personas. Quien tiene mayor capacidad de destrucción, puede “forzar” a quien tiene menos capacidad destructiva.

Por tal motivo, es muy importante que cuides tu salud física y, sobre todo, que entrenes tu mente y tu cuerpo para poder ser destructivo. Y quiero reforzar esto último citando a una persona llamada Jordan Peterson[1], quien dice lo siguiente:

“No es una buena persona aquella que es inofensiva. Una persona buena es en realidad alguien muy peligroso que tiene su peligro bajo control”.

Siguiendo esta frase, no puedes jactarte de que eres alguien “bueno”, “pacifista” y que “no quieres hacerle daño a los demás” cuando en realidad esa es la única opción que has tenido. En ese caso tú no elegiste no hacer daño, simplemente NO PUEDES hacerlo. Si a ti no te ha quedado otra opción que “ser pacifista”, entonces no estás ejerciendo el bien de manera voluntaria.

Por lo tanto, si no tienes poder para hacer daño, aún no puedes jactarte que tienes la capacidad suficiente para elegir hacer el bien con el poder de la fuerza.

Sería interesante ver lo que una persona “buena” pero inofensiva puede hacer cuando se le da un instrumento como una manopla, un cuchillo o una pistola. Sería curioso ver hasta cuándo puede ejercitar su bondad.

Claro está, la idea de obtener el poder de la fuerza no es para destruir a los demás, sino para que los demás no te destruyan a ti. Recuerda que nuestra idea de obtener poder es justamente la liberación de los poderes que nos oprimen.

A día de hoy la inseguridad ha aumentado, la violencia dentro de las escuelas suele ser muy difícil de contrarrestar e incluso el mundo está plagado de familias rotas que buscan cubrir inútilmente alguna falencia a través de la violencia. Y si tú sufres a diario alguna de estas cuestiones, tienes que comprender que “aguantar” y “quedarte en el molde” para no generar más violencia no te hará un “buen ciudadano”, o un “buen alumno” o un “buen hijo”. Lo que tú estás haciendo al dejar que abusen de ti mediante el poder de la fuerza es faltándote el respeto a ti mismo.

Sí, claro está, en un mundo todo hermoso y bonito lo ideal es que nos den respeto por el simple hecho de ser seres humanos. Pero bienvenido a la cruel vida real, en donde es más común que las personas quieran sacar ventaja de ti apenas tengan la oportunidad de hacerlo.

Entonces ¿Quieres respeto? Gánatelo. Y para ganarte el respeto de los demás, lo primero que debes hacer es respetarte a ti mismo. Porque es una estupidez esperar que los demás te respeten si ven que ni siquiera tú eres capaz de hacerlo contigo mismo.

NO TE VICTIMICES.

Porque eso solo te hará pensar “yo no puedo hacer nada hasta que los demás cambien”. Victimizarte te auto-quita poder. Y si tú, en lugar de obtener fuerza y conocimientos para poder defenderte, te victimizas, eres tú mismo quien ha decidido permitir que los demás sigan destruyendo tu cuerpo y tu salud mental.




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