Talvez era una tarde normal, como aquellas que siempre pasan, todos tranquilos, los vecinos se saludan, algunos ni salen de casa, los niños van a la escuela, los jóvenes al colegio, prácticamente es un día normal. La rutina es la misma, todos los días es lo mismo, aunque desde algunas semanas, se puede decir unas tres, no hay respuesta de 4 muchachos de entre 16 y 17 años, ellos y otros son un caso sin resolver, se desconoce su ubicación, su paradero... a pesar de todo, la gente vive como si nada pasara, esperando respuesta en silencio, algunos con miedo de desaparecer.
La desaparición de esos muchachos generó muchas alarmas, causando que los padres acompañen a sus hijos al momento de entrada y salida. El colegio en el que los jóvenes estudiaban rindió homenaje, pidiendo a las autoridades respuestas, los padres querían de regreso a sus hijos sanos y salvos.
Estaban a punto de terminar el segundo de bachillerato, los veían como jóvenes buenos o eso se creía... las malas lenguas hablaban sobre bandas y de que los jóvenes no eran tan sanos como decían:
—Ellos andaban en malos pasos — decía alguna muchacha que los conocía.
Talvez algunas de sus compañeras y compañeros conocían algo que nadie conocía... pero ¿qué problemas tenían? ¿Y de verdad andaban en cosas malas?
—Ellos ya están muertos —decía una señora en voz baja.
—Talvez los secuestraron los rivales —decía un muchacho.
—Lo más probable es que estén muertos —decían algunos jóvenes.
Muchas especulaciones, teorías y demás, pero nada era cierto, por ahora... a pesar de que los días pasaban, se registraban más desapariciones, esta vez un joven de 16 años perteneciente al mismo colegio que los chicos desaparecidos y de un grado menor.
Otro muchacho de 16 años desapareció, esta vez era del segundo bachillerato «B», pero lo más raro es que eran del mismo colegio.
—Alguien los espera en la salida —decían los docentes.
—Los están cazando uno por uno —decía una joven.
Pero... ¿cómo era posible que se los lleven en plena salida? ¿O simplemente los seguía varios metros antes de llevárselos?
—Tenemos que pedir a las autoridades que resguarden los portones —decía un profesor.
Los profesores se juntaron en una sala, una reunión muy seria, tenían que hacer algo, incluso algunos padres retiraban sus hijos por miedo que ocurra algo malo.
Los profesores no pasaban de 30 y 40 años, máximo hasta 65 años que era el director de todo el colegio... pero de todos ellos destacaba Mario, un profesor de 24 años, quien solo enseñaba lengua y literatura y filosofía... Mario era el tutor del segundo de bachillerato «A» de donde pertenecían los 4 jóvenes desaparecidos, muchos docentes no hablaban con él, era muy joven como para hablar con ellos y solo daba materias fáciles.
—Tenemos que contactar a la policía —decía el director.
Aunque algunos profesores ya los contactaron y nunca se los veía llegar.
—Yo lo soluciono —decía Mario tranquilamente. Los demás profesores lo observaban, casi no era de hablar en reuniones... pero hoy lo hizo.
—¿Cómo ayudarías? —le dijo la profesora Claudia.
Claudia era la profesora de lengua y literatura más antigua... de unos 38 años, muy mayor que Mario.
—Hablaré con mi hermano mayor, es policía —respondió Mario con tranquilidad — Déjenme ayudar.
El profesor Klever lo pensó... no era una mala idea e incluso el profesor Martín pensó lo mismo, pero quien no... fue Claudia.
—Sí, Mario buena idea, le pagaremos a tu hermano para que nos proteja —le decía Claudia burlándose.
Mario cambió su mirada tranquila a una mirada seria, por una parte, asustando a Claudia, es como si ella sentía algo malo.
—Di mi idea, si te parece mal, busca tu solución, no me importa más esto —respondió Mario seriamente.
Claudia enojada golpeó la mesa... dirigiéndose a Mario dijo:
—¡Qué te crees tú! ¡No me hables así! —gritaba—. Por mí estás aquí, no te pagarán más solo por poner a tu hermano a cuidar.
Mario se levantó de la mesa y caminó hacia la puerta, decidido a irse de la reunión.
—No me importa —dijo Mario tranquilamente—. Tengo que preparar exámenes, me voy.
Mario cerró la puerta despacio y se fue, aunque nadie lo detuvo. Claudia tomó esto como mala conducta de él.
-Un profesor vela por sus alumnos, él no puede hacer eso, no sé por qué lo tenemos aquí —dijo Claudia enojada.
Seis jóvenes era el total de jóvenes desaparecidos en el colegio, solo una parte de los 15 jóvenes que desaparecieron... todo quedó sin respuesta, no había culpables ni sospechosos…. Después de una semana de lo sucedido, desapareció un joven de 17 años, del mismo colegio, procedente del tercero bachillerato «D», curso en el que Claudia era la tutora.
Claudia quedó consternada, ella sabía que su alumno no era mal estudiante, aparte de todo ella en lo que sabía no andaba en malos pasos...
Se acercó el fin del año lectivo, dando con el último día de clases, en el patio del colegio se dio un último homenaje a los siete estudiantes desaparecidos, los profesores mostraban su tristeza y preocupación, pero de todos ellos Mario permanecía tranquilo y por ratos mostraba una sonrisa.
Cuando terminó todo, los profesores procedían a retirarse, todos dando sus ánimos y fuerza a los padres, amigos y demás familiares de los desaparecidos. Claudia miró a Mario y lo llamó:
—Mario, ven aquí.
Mario se acercó todo tranquilo. —Sí, dime qué pasó —respondió.
Claudia no sabía por qué ese comportamiento tan fresco en él... pero le molestó.
—¿Dales ánimo y fuerza a los padres de tus alumnos? Siéntete apenado por ellos —le reclama Claudia.
Mario se toca la cabeza y con una mirada medio risueña dijo:
—Suficiente con el de ustedes, yo estoy de apuro, tengo que ver a mi novia.
Claudia cambió de rostro y se enojó más y le reclama:
—¡Cómo puedes decir eso!... tienes que ir a...
Mario la interrumpe.
—Ve, ve, ve... deja tu drama, Claudia, ahora... hasta el otro año me voy.
Mario se fue del colegio, dejando un mal aire a Claudia y a todos los que estaban con ella, le quedó como esa espina, sabía que algo no andaba bien con él.
Claudia quedó hasta el último, quería asegurarse de que todo esté bien, veía cómo se estaban todos ya marchando, pero ella veía algo que no cuadraba, dos personas vestidas bien elegantes, personas que nunca ha visto, imaginando lo peor fue a por ellos.
Cuando se les acercó demasiado, uno de ellos extendió su mano y le dijo:
—Tranquila, no somos lo que piensas.
Claudia puso cara de asombro y solo les preguntó:
—¿Quiénes son ustedes?
Uno de los hombres le dijo:
—¿Podemos hablar en privado?
Claudia, aunque dudando, aceptó... los llevó a uno de los cursos más lejanos...
—Aquí podemos hablar tranquilamente —dijo Claudia un poco nerviosa.
Sus nervios se notaron demasiado, pero uno de los hombres tenía que calmarla.
—Cálmese un poco... queremos ayudar —dijo uno de los hombres.
Claudia aún no entendía nada.
—¿Cómo que ayudarnos? No comprendo —preguntaba Claudia.
Uno de los hombres le responde: —Sabemos todo sobre los desaparecidos, o sea que sí nos contaron el caso y venimos a investigar paso a paso... el alcalde nos contactó. Claudia un poco satisfecha les dijo:
—Son detectives, me alegro ¿y cómo van por ahora? —pregunta.
Uno de los detectives le responde: —De los 16 desaparecidos, siete pertenecían a este colegio... tres pertenecían al barrio de la vía este y dos al norte de la ciudad y cuatro al barrio de «Los Ángeles». Claudia queda sorprendida... pero quedó más impactada con lo último.
—El barrio «Los Ángeles» es una urbanización y yo vivo ahí —dijo Claudia sorprendida.
Uno de los detectives sonrió, sabía que sería de muy buena ayuda.
—Eso nos puede servir, ¿además que raro? ¿No? De los siete desaparecidos de este colegio, cuatro de ellos pertenecían al segundo «A» ¿sabes quién era el tutor de ellos? —pregunta el detective.
Claudia aún más confundida le responde:
—Es Mario, un profesor muy joven, tiene 24 años creo... quieren hablar con él, es casi mi vecino, vive en el mismo barrio, a dos casas de la mía.
Uno de los detectives la miraba con calma.
—No... no queremos asustar a nadie, solo que por ahora... investigaré a todos, este será nuestro secreto —le dijo el detective.
Cuando salían del curso quedaron un poco con nervios, vieron como Mario salía del curso de a lado...
—Mario —dijo Claudia—. Pensé te habías ido.
Mario sonríe un poco y solo responde:
—Se me olvidó mi libreta, ya me voy... nos vemos Claudia.
Mario se alejó, dejando un ambiente muy frío, los detectives miraron a Claudia.
—Saben... creo que él será el primero en ser investigado... puedo apostar que escuchó todo —dijo el detective.
Con el pasar de tiempo, todo parecía muy normal, las desapariciones cesaron por un momento, lo que empezó a levantar las sospechas en Mario... Los detectives sabían que, desde lo ocurrido, se calmó la situación... es como que si saben que los están siguiendo... y solo dos personas lo sabía Mario y Claudia.
Pasaron los meses y llego el año nuevo y así mismo de nuevo empezó el año lectivo. Lunes 6 de Marzo, para sorpresa de Claudia, Mario fue elegido como tutor de sus alumnos anteriores, lo que le cayó como balde de agua fría para Claudia.... a Mario nunca le confiaron los terceros de bachillerato... Claudia se le acercó a Mario, era para felicitarlo, aunque era algo que ella no quería...
— Mario, buenas tardes, te felicito por hacerte cargo de esos jóvenes... otra vez.
Mario la observa y sonríe... pero solo le dijo:
— Hazme un favor, diles a tus amigos que me dejen de seguir, conozco su secreto.
Claudia respira en sí misma, pero esta vez de manera seria solo le dijo:
— Lastimosamente.... eran estudiantes tuyos, escuche rumores que antes de que ellos desaparezcan, tuvieron un percance contigo.
Mario empezó a reírse y burlarse de ella.
— Guau Claudia, te volviste detective, me impresionas, pero pierden su tiempo, no soy el que buscan. — dijo Mario burlándose.
Claudia un poco asustada le dijo:
— Mario ellos conocen todo de nosotros, tu novia, tus amigos, como te mueves y a dónde vas... solo necesitan saber que eres bueno.
Mario empezó a enojarse mucho, empezó a ver a Claudia con mucho odio.
— Por tu seguridad y la mía, diles que no me jodan, habla con ellos... te doy hasta el mediodía... o no, hasta las cuatro de la tarde, diles que no me fastidien... mi novia está asustada y tú estás de metida Claudia... no me molestes más. — decía Mario enojado.
Claudia entre susto y nervio, confrontó a Mario:
— No me amenaces, yo solo les ayudo. — dijo Claudia asustada. Mario se regresa y con más enojo le dijo:
— Pero no me metas en esto... déjame en paz... te lo pido.
Mario con esto último se fue... dejando a Claudia con bastante miedo... a pesar de todo seguía sus rutinas, no quería pensar lo impensable. Después de dos días sucedido de nuevo, esta vez era una chica, pero esta vez, ella apareció... muerta, junto a ella había un chico... aquel lo daban como su pareja sentimental.
Su cuerpo apareció en un basurero, al igual que su novio, mostraron solo un corte en la garganta, los detectives llegaron a la escena, pero para impresión de ellos, eran entre 14 y 18 años... y lo más que los puso a dudar, es que llevaban dos días desaparecidos eran muertos frescos, los asesinaron el día de hoy.
— Llámala a Claudia — dijo un detective — dile dónde está Mario.
El detective llamó a Claudia, quien se encontraba en su curso dando clases, cuando vio quien la estaba llamando, salió a contestar: — Hola... detective ¿Qué ocurre? — pregunta Claudia nerviosa.
El detective respiró y respondió:
— Encontramos el cadáver de una chica, aproxima los 14 años creo, junto a ella el de su novio, un joven de 18 años; con antecedentes por cargar drogas y portar armas — tomó un silencio — es del colegio donde se encuentra usted.
Claudia empezó a ponerse mal, sus ojos empezaron a lagrimear, sabía que esta vez sí aparecieron, pero muertos, empezó a asustarse más, sintió que esto empezó a empeorar.
— ¿Cómo se llama la niña? — preguntó Claudia un poco llorosa.
El detective revisó en su uniforme.
— Ashley... Ashley Gutiérrez, veo que es del décimo año... paralelo “A”.
Claudia se sintió apenada, con mucha rabia y con ganas de llorar.
— Sí la conozco, pero hablé con su madre, ella dijo que dejó una nota, diciendo: que se iría con su novio... no comprendo que había pasado, esto está cada vez más peor — decía llorando Claudia.
El detective guardó silencio un momento, pero cuando lo pensó bien preguntó:
— ¿Dónde está Mario? estos muertos solo llevan como cuatro horas, son como las 10 de la mañana. ¿Dónde está Mario?
Claudia empieza a revisar el horario escolar de los docentes...
— Mario... tiene que estar en clases con décimo “A”, clases de lengua y literatura — responde ella.
El detective se pone a pensar, no quiere cuadrar algo que no sería correcto.
— Asegúrate que esté en el curso... te llamo de aquí en un rato — dijo el detective.
Después de la llamada, Claudia deja un alumno encargado y corrió al décimo “A”, empezó a imaginar escenarios y muchas cosas más...
— Mario.... espero que no seas tú — se decía ella misma.
Al llegar al curso observa desde la ventana... y sí, sí estaba Mario en clases, pero quedó en silencio y lo empezó a escuchar...
— Según la historia que leímos ¿Qué quiere darnos a entender? — preguntó Mario.
Los estudiantes trataban de responder, pero era como si no se atrevieran a decir algo, Mario observó y solo dijo:
— “El gato negro” realmente él era el demonio o era el dueño, quien era alcohólico, maltrataba a la mujer y a sus animales, el gato volvió de la misma muerte y lo empezó a atormentar. ¿No?
Una estudiante alzó la mano y dijo:
— Ella nunca lo dejó, prefirió vivir con un monstruo, y el gato era... como un fantasma, una voz en su interior, aquel que hizo que el tuviera que asesinarla.
Mario la miró y sonrió...
— Sabes... sí puede ser, a pesar de ser un cuento oscuro, tiene muchas formas de verse o de sentir su drama.... depende su punto de vista... solo que el gato.... para mí, nunca tuvo la culpa — decía Mario.
Ella sonríe... lo mira y responde:
— Tal vez en el mundo existan gatos negros, que motiven a cometer locuras.
Mario la observa y le dice:
— Puede ser que sí, el mundo está lleno de monstruos...... monstruos que la misma sociedad crea y después los teme ¿No? Mario observó el silencio del curso... pero él solo les dio una noticia:
— Saben me informaron que Ashley apareció muerta — dijo Mario con seriedad.
El curso quedó en silencio, sus amigas empezaron a llorar... otros empezaron a apenarse, sintieron un nudo, Mario observaba con tranquilidad.
— Tanto drama ¿No? eso es lo que dan cuando uno muere, pero un muerto no siente nada. — dijo Mario con una frialdad.
Claudia quedó como asustada e indignada, Mario no los consolaba, solo observa, una de las mejores amigas de Ashley se acercó enojada y entre lágrimas dijo:
— Como puede estar tranquilo, ella murió, sé que usted nunca le cayó bien, ella incluso habló de usted, lo amenazó y todo, pero era una niña y era su alumna, ¿cómo no puede sentir un poco de pena?
Mario mostró una pequeña mueca como si fuera una pequeña risa y dijo:
— Sí siento lástima — dijo Mario con tranquilidad — pero lástima de como terminó, por su mala elección.
Todos los alumnos quedaron impactados de lo que dijo, Mario siempre mostraba una frialdad, pero nunca pensaron que tanto.
— Por favor.... su novio no era el típico delincuente que golpeaba a la gente para robarles, incluso me contaron que era capaz de dispararte en la pierna y saben... dicen que siempre para un loco hay otro más loco.... pero eso es más una frase... porque para un loco se le complica cuando le toca un cuerdo... no todos son locos, hay personas que tienen límites y tal vez lo buscaron y como Ashley andaba ahí, le dieron por igual, así es la vida niños, solo hay caminos buenos y caminos malos.... elijan bien o paguen las consecuencias. - dijo Mario con tranquilidad
Todos los alumnos quedaron en silencio, Mario solo los observaba, sabían que no podían discutir contra el, aunque la más impactada era Claudia... al sonar el timbre de recreo Mario quedó un rato más en el curso.... revisando las notas. Claudia entró al curso.... un poco enojada con Mario por su tranquilidad.
— ¿Cómo es posible que trates así a tus alumnos? — preguntó Claudia.
Mario miró a Claudia, su mirada burlona lo decía todo... hasta que se empezó a reír de ella.
— Soy un profesor, tengo que guiarlos, antes tienes que agradecerme por darles un buen consejo.
Claudia lo queda observando de una manera arrogante, ¿Cómo es posible que alguien actúe de esa manera, en una situación como esta?
— Ashley era una niña, no merecía morir de esta manera. Mario se levanta para irse... pero antes de irse le dijo:
— Entonces edúcalos. Ashley es un buen ejemplo de elegir un mal camino.... si no se los educa, no esperes que ellos sean vistos como angelitos, das lo que tienes y recibes lo que das.... deja de seguirme.... última vez que te lo digo.
Mario dejó a Claudia en el curso, marchándose al bar del colegio, pero dejando su mal aire en el lugar. Aunque Ashley sí apareció, siguen desaparecidos los otros 16 jóvenes, Claudia estaba pensando mucho, llegó la hora de salida, dejó todo por terminado y procedió a irse.
En el bus se puso a pensar muy del caso, ella sabía que si no se hacía nada lo malo seguiría pasando. Llegó a su casa, empezó a revisar las notas... y llegó al décimo “A” el curso de Ashley y vio que sus notas no eran muy buenas, incluso habían llamados de atención por su mala conducta.
— Ashley no era muy buena — se decía Claudia — pero.... ¿cómo era capaz de tanto? me siento aún muy confundida.
Antes de acostarse.... se le vino algo a la mente...
— Escuché que Ashley amenazó a Mario.... entonces podrá ser.... no quiero imaginarlo, acaso hubo un problema entre los dos.
Cuando Claudia procede a dormir, escuchó su timbre, se le hizo raro, eran las 10 de la noche, cuando ella se acercó a su puerta, viendo desde lejos de su puerta no vio a nadie.
— ¿Quién se le ocurre bromear a esta hora? — se pregunta Claudia.
Claudia abre la puerta mientras un frío recorre su cuerpo mientras que veía una calle vacía, no se imagina mucho, solo quería ingresar a su casa, apenas se dio la vuelta para ingresar la vuelta, un golpe en su cabeza la tumbó, quedando inconsciente de inmediato, nadie vio nada, nadie escuchó nada.
Eran como las 11:45 de la noche, Claudia se levanta y se da cuenta que está amarrada en una silla y tapada su boca con cinta, el miedo recorría su cuerpo y pensó que todo estaba perdido...
— ¿Qué ocurre Claudia? ¿Tienes miedo?
Claudia empezó a tener más miedo, hasta lloraba, sabía que había alguien familiar detrás de esto, su voz era conocida, pero las luces apagadas solo reflejaban una sombra en un sillón.
— Tranquila.... voy a encender la luz, creo que tú y yo, necesitamos hablar.
Al encender la luz, Claudia se llenó de miedo y más aún sintió un alivio y decepción.... era Mario.
— Te voy a quitar la cinta, pero por tu seguridad no grites. — decía Mario.
Mario se acercó a Claudia y le quitó la cinta, pero ella no gritó, apenas vio un cuchillo en la otra mano de Mario, Claudia lo miró.... su mirada lo decía todo.
— ¿Por qué lo haces Mario? — preguntó Claudia — ¿Por qué me haces esto?
Mario se ríe un poco...
— Te lo advertí muchas veces, nunca me dejaron en paz.... ¡pero no¡, si quieres montarte al papel de detective y heroína, te daré lo que quieres escuchar.... — decía Mario, con tranquilidad.
Claudia quedaba en silencio, el sudor recorría en ella.... la mirada de Mario penetraba su alma, no era una mirada amigable.
— 18 personas ¿No? aunque no, solo 16, dos aparecieron muertos esta mañana, te lo diré de una vez.... sí yo fui.... yo asesiné a todas.... ¿Estás feliz? — preguntó Mario.
Claudia empezó a llorar.... pero una pequeña parte de alivio la domino...
—¿Pero por qué Mario? —preguntó Claudia con nervios. —Tenías una vida por delante, ellos son niños y tú los mataste.
Mario la observó... haciendo una mueca burlona.
—La juventud ahora piensa que tiene razón, se creen muy maduros, tienen un pensamiento muy absurdo... creen que por ser de bandas o ser delincuentes o tener armas, son intocables, pero yo no soy como ellos, no creo en su mierda, tú crees que lo que hice fue por sentirme bien, no... el mundo mismo te vuelve loco... —decía Mario con tranquilidad.
Claudia interrumpe.
—¡¿Acaso eso era problema tuyo?! ¡No tenías por qué matarlos! —gritaba Claudia.
Mario se acerca y apuñala la pierna de Claudia, tapándole la boca con cinta...
—Te dije que no grites, me obligas a hacerte daño... no soy ningún pendejo ¡Claudia! esos alumnos tenían amenazados a algunos profesores, pero tú y ellos son miedosos... yo no, yo sí actúo y no me da miedo actuar. - dijo Mario levemente.
Claudia lo queda observando, su pierna manchada de sangre, estaba con mucho dolor y el miedo la consumía, su llanto lo decía todo.
—Te voy a contar cómo sucedió todo y por qué lo hice —dijo Mario con tranquilidad.
Mario se acercó y le quitó la cinta de la boca, él quería escuchar sus preguntas.
—Sin gritar esta vez, te lo advierto... déjame contar todo ¿está bien? —pregunta Mario.
Claudia lo observó con mucho miedo... no quería cometer errores... sabe que Mario no está bromeando.
—Cuéntame —decía Claudia adolorida—. ¿Cómo sucedió con los cuatro? ¿Y por qué lo hiciste?
Mario jugaba con su cuchillo, mostrando una risa muy burlona...
—Ok... —responde Mario con tranquilidad—. Te lo diré de una vez.
Mario se levantó y apagó la luz... encendiendo una vela... como para que se vea más terrorífico y después de sentarse... empezó a contar:
—Yo soy joven... amo mi juventud, cuando terminé mi carrera pensé... ¿Cómo busco empleo?... y ya sabes... quería ser maestro y sí aquí fue un buen lugar, pensé que tenía la capacidad suficiente para guiar a la juventud, cuando daba clases a los adultos les leía poesía, a novenos les leía poesía... a los décimos y primeros, segundos y terceros de bachillerato... les leía un poema, en cada clase, poemas que yo mismo escribía... ¿Y si sabes para qué? Claudia.
Claudia aún asustada solo responde: —No Mario... ¿por qué? —pregunta.
Mario clava el cuchillo en la mesa y responde: —Quería que se enamoren de la poesía, que se guíen en algo bueno, por eso hacía investigar poetas como Edgar Allan Poe o Medardo Ángel Silva... ¿sabes qué?
Funcionaba, no en todos, pero sí funcionaba... aunque era mínima y muy pequeña cantidad, no le importaba, pero tampoco se dejaban llevar por lo malo, pero una parte más pequeña, no lo apreciaba, puedo aceptar que no lo aprecien... pero nunca que lo insulten.
Claudia interrumpe... —¿Y por eso los mataste? —pregunta—. ¿Por qué los mataste?
Mario se ríe un momento y responde:
—No... solo me enojé... era un día jueves 04 de febrero, creo, empecé mi día muy tranquilo, hasta ese momento todo bien, mi último curso de ese día, era bachillerato, el segundo “A”, curso al que yo ya era el tutor ¿no?
Claudia interrumpe:
—Quiero que me digas... ¿cómo los mataste?, solo eso dime... ¿cómo mataste a esos niños? —pregunta.
Mario se pone un poco serio... y le dijo:
—Es de mala educación interrumpir... mejor alza la mano y yo te daré el paso para hablar y tienes que escuchar los motivos, no los hechos, así que no me interrumpas ¿ok? —preguntó.
Claudia con mucho nervio solo responde:
—Está bien... cuéntame todo.
Mario sonríe con poco... y se tranquiliza... y empieza de nuevo:
—Ese día tenían que traerme una tarea fácil... un poema, un mísero poema, inventado o del internet... pero solo uno yyyyyyy la mayor parte cumplió, otros me dijeron que no contaban con internet y su mente no daba para escribir y yo perdone por eso... pero esos cuatro... Kevin, Aldahir, Jonny y Wilmer, me sacaron un pretexto estúpido... ¿sabes? ¿Sabes que me dijeron? —pregunta Mario.
Claudia lo observa con miedo... y solo responde:
—No Mario... ¿Qué te dijeron? —pregunta.
Mario sonríe un poco y responde:
—Me dijeron que la poesía era una porquería y que no les gustaba, incluso me enojó esa mierda de gorras con la que andaban y esos aretes en sus orejas... qué mariconadas.
Claudia alzó su mano... Mario sonríe y le permite hablar...
—¿Pensaste en hacerles daño?... ¿en ese momento, Mario? —pregunta Claudia.
Mario suspira un poco... y responde:
—En ese momento no... solo eran mocosos agrandados recuerdo que los hice ponerse de pie y les dije:
—Última vez que me ingresan con gorras y esos aretes... a la otra los saco y no me vienen si no son con sus representantes. No creo que hice algo malo... aunque se quitaron esas basuras, me quedaron observando con una mirada cínica... pensaron que yo era un muchacho como los demás... pero no, al final les puse cero... con orgullo creo, cuando sonó la sirena de salida, todos se fueron menos ellos, yo sabía lo que planeaban... así que me quedé sentado... cuando vieron que no había nadie, se acercaron a mí, y recuerdo que Wilmer me dijo:
—Profe... ¿usted sabe quiénes somos? Obvio yo... me los quedé observando y dije:
—Unos mocosos que se creen intocables y piensan que por andar de un lado a otro o con fulano de tal... hay que temerle ¿no?
Recuerdo que me rodearon y uno de ellos, creo que fue Kevin, me dijo:
—Deje de montar la de sabido... y mañana yo quiero ver ese cero eliminado... a todos nosotros porque si no... atente las consecuencias.
Yo me reí un poco... y solo respondí:
—Qué miedo me da, vivo en la urbanización de los Ángeles... ¿por qué no van a visitarme? allá los espero, solo no tarden.
Me puse de pie... y procedí a irme, lo único que les dije antes de irme fue:
—Vamos a ver... quién es quién.
Claudia levanta la mano... Mario al verla, le permite hablar:
—¿Estabas preparado? ¿Estabas preparando todo? —pregunta—. ¿Quisiste provocarlos y cómo sabías que te iban a llegar, entonces... cómo lo hiciste?
Mario se levantó... se dirigió a la cocina y trajo una vela nueva, sostenía una mirada muy fría y sin arrepentimiento... y solo respondió:
—Sí... además, ya me vine preparando desde hace tiempo, pensé todo, me contaste es que esta urbanización es nueva y aún no hay cámaras de seguridad... que cada quien pone cámaras en su casa, pero veo que tú no... pero bueno, eso es otro tema... ¿sabes qué hice? —pregunta.
Claudia solo responde:
—¿Qué hiciste?
Mario mostró una mueca burlona y respondió:
—Le pedí prestado a mi prima una arma que su papá ocupaba cuando salía a cazar, compré dardos tranquilizantes o calmantes... creo que es lo mismo, mentí que me iba de cacería... aunque en realidad no... estos mocosos me querían agarrar dormido y como el patio de mi casa es grande, era muy perfecto para mí... eran como las dos de la mañana y me cayeron de sorpresa los cuatro, trataron de no hacer ruido... y yo estaba desde la casa de al lado, en un árbol, tenía que sacar la mejor puntería, cuatro niños, cuatro tiros, fue de suerte, lograron correr un poco y se desmayaron... así que los metí a mi casa... donde apenas todo comenzaría.
Entonces Claudia alzó su mano y pregunta:
—¿Cuánto tiempo estuvieron contigo? ¿Y quiero saber cómo los mataste?
Mario la observó y responde:
—Solo tres días, cuando tomaron conciencia, los tenía atados a sillas y bien vendados con cinta, primero maté a Kevin, le leí un buen poema de amor, así que... solo le corté la garganta...
Claudia quedaba asombrada, el miedo cada vez la consumía más...
—Wilmer fue el segundo... pero antes de asesinarlo le dije:
—No son nadie, ni nada.
A él lo cubrí con cinta... lo cubrí por completo y así murió, se puede decir que lo asfixie a mi modo, a los otros dos Jonny y Aldahir los guindé, así como me enteré que lo mismo le hacían a perros y gatos, al final cada uno tuvo lo que merecían, pero sus cuerpos eran difíciles de desechar... así que compré cal viva, era la mejor manera de deshacerme de ellos, cuando quedaron sus huesos yo los enterré en mi propio patio y continué normal... nadie sospecharía, porque todos dicen:
“solo es un profesor”.
Claudia levanta la mano y pregunta:
—¿Y si solo te querían asustar? ¿Tal vez no querían lastimarte?
Mario se ríe un poco...
—Conozco a este tipo de mocosos... he vivido en unos barrios peligrosos y he visto muchos como ellos, yo solo me defendí, no creo que me fueron a visitar para darme unas clases bíblicas.
Claudia no quería empeorar las cosas... pero tenía que seguir investigando.
—¿Y ahora qué? ¿Qué le dirás a la policía? —pregunta Claudia—. Cuando te atrapen ¿qué dirás?
Mario se ríe un poco...
—¿Quién te dijo que me atraparán? —responde Mario con una pregunta—. ¿Más dicho que dijo que tú vivirás para contarlo?
Claudia se asusta y empieza a llorar amargamente en ese momento. Mario le tapa la boca con cinta y deja la vela en el suelo, alejada un poco...
—Sabes demasiado y no confío que no dirás nada, créeme las mujeres mienten más que los hombres y no tengo tiempo para esto, la vela estará a esa distancia y estos cilindros de gas en esta, vives sola y tienes como tres...
Mario abre las boquillas de los cilindros y recita:
"No me asusta morir, solo es un eco, la ausencia es costumbre, lo dice el tiempo, así que no me preocupo, no tengo por qué, solo estoy listo, algún día la encontraré"
Editado: 11.09.2026