—Eres bastante optimista, ¿no?
La muchacha apoyó los brazos sobre la baranda del tejado mientras contemplaba el océano de luces que cubría la ciudad.
El joven soltó una pequeña risa.
—No. Optimista no.
—¿Ah, no?
—Yo me llamaría creador de vidas.
Literarias, por supuesto. Verá, bella dama, mis versos desbordan de beldacidad, fogocidad, tristezas, ¡ROMANCE!.. en resumen, soy todo un genio.
Dijo mientras movía sus manos y cuerpo al compás de sus líneas.
Marie arqueó una ceja.
—Eso suena bastante arrogante.
—Poéticamente arrogante.
—Que sigue siendo arrogante.
—Mmm, tal vez, es bastante perspicaz, señorita.
La noche agitó suavemente su cabello oscuro.
Entonces él hizo una pequeña reverencia exagerada.
—Elías.
—Marie.
—Oh, Marie...
Repitió el nombre como si estuviera saboreando una melodía completamente nueva y única.
Luego tomó una de sus manos sin pedir permiso; con una delicadeza casi reverente, la condujo hacia el viejo tejado a pasos ligeros. Sentía el viento que danzaba entre ellos, tenue... pero presente y cálido.
—Oye...
Las estrellas observaban desde lo alto.
Pero él ya había comenzado a recitar.
—Marie...
Bañados por la noche,
oscura y fría,
ese negro azabache me sumerge en calor.
Pues el movimiento de tus cabellos
a la oleada de los aires
vuelve majestuosa la madrugada.
Esas estrellas reflejan con altivez
el semblante de tu tez divina.
Cual seda viste el alma
de este pobre orador.
Desgarradora Venus,
de ojos como cristales verdes en el prado.
Bailar me gustaría,
aunque sospecho que un rechazo sin inmutarte me darías.
Tu vibrante presencia
hace latir mi pobre sentir.
Y no he visto dama más luminosa que tú.
La hizo girar una sola vez.
Una vuelta suave.
Elegante.
Y cuando ella terminó el movimiento, él ya se había alejado unos pasos, continuando el poema como si las palabras fueran parte de la misma danza.
—Soy Elías.
Poeta de las calles olvidadas.
Ladrón de suspiros ocasional.
Coleccionista de amaneceres.
Y firme creyente
de que algunas personas nacieron
para hacer más hermosa la noche.
Marie cruzó los brazos.
Intentando ocultar la sonrisa que amenazaba con aparecer.
—¿Siempre haces esto?
—¿Qué cosa?
—Convertir una presentación en una obra de teatro.
—No.
—¿No?
—A veces también canto, soy un buen tenor.
Marie soltó una risa.
Y por primera vez en mucho tiempo, el sentir aquel vacío constante dentro de ella ya no pesaba tanto; en cambio, no podía ignorar que seguía presente.
Al menos, no sentía soledad...
Bajo este cielo de tinta y plata,
donde las estrellas fingen eternidad,
tu nombre suena distinto.
Como una lámpara encendida
en una ciudad que aprendió a vivir en oscuridad.
Marie soltó una risa.
—¿Eso se lo dices a todas?
—No.
—Ajá, mentiroso.
—Las demás no se llamaban Marie.
Ella rodó los ojos.
Elías sonrió y continuó caminando alrededor de ella como si estuviera construyendo el poema a medida que la observaba con tanta atención.
—He visto jardines colgando de balcones imposibles.
He visto mares donde las constelaciones
se reflejan mejor que en el cielo.
Sí, mucho más bellas y con movimiento.
He visto músicos detener tormentas
y pintores capturar recuerdos con una habilidad magistral.
Pero jamás había visto a alguien mirar el mundo
como si estuviera esperando descubrir un secreto.
Marie intentó ocultar una sonrisa.
—Eso fue mejor.
—¿Solo mejor? Creo que un simple "mejor" no está a la altura, pero lo tomaré de la mejor manera.
—No te emociones.
—¡JA! Demasiado tarde. Entonces, soy el mejor poeta que has tenido en frente, ¿eh? Lo sé, lo sé, muchas no se resisten a mi encanto, no te avergüences.
Elías extendió una mano.
—¿Bailas?
—No.
—¿Por qué?
—Porque eres un desconocido.
—Vaya, pero qué excelente respuesta.
—¿Excelente?
—Las personas interesantes nunca aceptan la primera invitación, Marie, nunca lo olvides~
Expresó con un tono, como si estuviera repitiendo una perorata...con mucha reflexión y lección hacia una niña pequeña.
Marie negó con la cabeza, con leve cansancio e irritación.
—¿Siempre eres así?
—¿Así cómo?
—¿Encantador?
—¿Poeta, respetuoso, guapo?
—....Vaya, eres increíble. Increíblemente narcisista e irritante, pero sí, supongo que eres encantador. Sí, por eso los de tu tipo son más peligrosos. Ja, y eres un cantante también. ¿Sabes cómo se resume eso, no? MEN-TI-RO-SOS.
Expreso con leve sonrisa segura mientras caminaba por el tejado...
—PFF, jajajaja. Créame, señorita Marie, no soy un mentiroso, jaja. Tal vez un poco narcisista, sí, pero mi encanto tiene enfoques diferentes...
La sonrisa de Elías se volvió extrañamente suave después de un gran ataque de risa.
—Si fuera encantador, escribiría para enamorar.
Si soy poeta...
es porque todavía busco algo que escribir... algo que tengo que dejar en este extenso mundo.
Algo que sobrepase mi piso... hasta llegar al tuyo.
Por un instante ninguno habló.
Las luces de la ciudad brillaban debajo de ellos.
Y por alguna razón que ninguno entendió en ese entonces,
....
aquella noche pareció quedarse suspendida entre los dos...
Como si el universo hubiese contenido la respiración.
Shhhhhh, shhhhhh... el susurro de la noche se sentía en plena estación.
Antes de empezar a contar una historia..
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Editado: 04.08.2026