El Poeta del Tercer Mundo

Capítulo 3: Punto de Partida

Marie yacía en la sala de la mansión, viendo alguna serie aburrida.

Pensando.

Y con el mismo sentimiento de vacío en el pecho.

—Deberían ser más creativos. Es muy predecible. Un poquito de esfuerzo en cambiar el guion no matará a nadie.

Observó la pantalla con una ceja levantada.

—Oh sí, Yesica vas a volver, ¿no?

Ya sabía lo que iba a pasar.

—No vas a permitir que la empresa colapse, ¿verdad? Eso no está en el libreto o sí.

Los personajes continuaron hablando.

*¡Yesica, regresaste!*

Marie soltó un suspiro mientras soltaba una leve risa.

—Ya mejor ni me esfuerzo.

La escena siguió exactamente como esperaba.

*Sabía que tomarías la mejor elección. No podemos dejar que la empresa colapse*

...

—Uy claro...

Marie se acomodó sobre el sillón.

—La empresa igual está jodida. ¿No vieron cómo los inversores huyeron como ratas? Apuesto a que otro magnate ya los atrapó.

Tomó una almohada y la abrazó.

—Es cuestión de tiempo para que la empresa cotice en bolsa. La huida provocará un desplome del precio de las acciones, reduciendo el valor de la compañía a casi cero.

Negó con la cabeza.

—En resumen: dejaron a la empresa en pelotas y el negocio se fue directo al carajo.

—Ufff, vamos, Yesica. Piensa un poquito.

—Parece que estás aprendiendo bien de tus clases...

La voz llegó desde la entrada.

—Bueno, a tu modo supongo. Pero ya es un avance, hija.

Entró mi padre.

Como siempre, llevaba un traje impecable.

La corbata perfectamente alineada.

La postura perfecta.

La sonrisa perfecta.

Era un hombre bastante frívolo, diría yo.

Se sentó junto a mí.

—Pero mira quién es.

Sonreí.

—El futuro director ejecutivooo.

Levanté una mano dramáticamente.

—Ah, ups. Es una sorpresa, ¿no?

Me llevé una mano a la boca.

—Actuaré bien, no te preocupes. No permitiré que nadie lo descubra. SERA MI GRAN SECRETO.

Mi padre soltó una risa.

—Jaja, Marie. Hija mía, siempre me haces reír con tus ocurrencias.

—Me alegra servir de bufón para el director ejecutivo.

—En fin.

Se acomodó en el sillón.

—Vine a conversar contigo. ¿Tienes planes para mañana?

—No.

Me quedé mirando el techo.

—Tal vez pensar en mi vacío existencial.

—Mmm.

—Un poco sobre lo frívolos que son todos ustedes

—Lo hipócrita que puede ser el mundo burócrata.

—Ya sabes.

—Idiotizado por expectativas y lleno de personas persiguiendo anhelos vacíos para demostrar que pertenecen al primer mundo.

—Lo normal.

Mi padre asintió como si estuviera escuchando el clima.

—Entiendo.

—Entonces no tienes nada importante que hacer.

Marie dejó el control remoto en la mesa.

—¿Acaso tienes algún compromiso con un socio nuevo?

Giré la cabeza hacia él. De no ser así, no tendría sentido que viniera a "conversar " conmigo... seguro que quiere algo.

—¿Y necesitas llevar a uno de tus preciosos hijos para presumir su carrera universitaria y las empresas en pleno desarrollo que algún día heredarán?

—Uh, Pero adornándolo con el clásico discurso de "empecé desde abajo", "el esfuerzo lo es todo", "hay que ganarse las cosas", bla bla bla bla.

—Ya sabes.

—El clásico discurso moralista para tener futuros inversores La historia para impresionar inversores y socios a través de tu hija.

—¿No?

Mi padre sonrió.

—Exactamente, querida.

—Sabía que era eso.

—Entonces alístate para mañana.

—Saldremos a las seis.

Eso llamó mi atención.

—¿A dónde?

—Al segundo mundo.

Hubo un pequeño silencio.

—¿Has oído hablar de Dualidad?

Parpadeé.

—Claro.

Todo el mundo había oído hablar de Dualidad.

Mercados nocturnos.

Artistas.

Viajeros.

Bibliotecas imposibles.

Músicos.

Gente extraña.

Personas que parecían vivir sin seguir un guion.

Mi padre continuó.

—Mañana se celebrará un festival.

—Las calles estarán repletas de pobres...

Tosió.

—Ajá.

—Quiero decir, de personas con mucha esencia Jaja

Lo observé.

—Qué amable de tu parte.

—Gracias.

Respondió con total seriedad.

—El lugar será bastante... rústico.

—Pero no te preocupes, cielo.

—Hay personas pulcras en todas partes, el salón tiene exclusividad...pero eso no quita el hecho de que son inferiores...

Hizo una pausa.

—No apareceran indecentes y mucho menos los locos del tercer mundo, claro está.

—Ja qué alivio.

—Recibí una invitación de un amigo.

—Conoce al principal distribuidor de mercancías de Dualidad.

—Pienso restablecer algunos lazos comerciales durante la fiesta.

—Y esto es bueno para ti hijita.

—¿Por qué?

—Porque necesitas aprender.

Se inclinó ligeramente hacia mí.

—Aprender a relacionarte con personas que pueden favorecer la oferta y la demanda de tu mercancía.

—Papá.

—¿Sí?

—Hablas de personas como si fueran acciones de bolsa.

—Porque muchas veces lo son.

Respondió con absoluta naturalidad.

—Escucha bien.

Levantó un dedo.

—Sonríe.

—Diles lo que quieren escuchar.

—Obtén lo que deseas.

—Y listo.

—Jamás volverás a verlos.

—Ni tendrás que lidiar con ellos otra vez.

...

Sí.

Definitivamente era mi padre.

Se puso de pie.

—Oh, tengo que hacer unas llamadas.

—Ponte un vestido de gala.

—Le diré a Jacqueline que te ayude.

Comenzó a caminar hacia la salida.

—Nos vemos.

—Te amo.

Y se fue.

PUM.

La puerta se cerró.

Y desapareció tan rápido como había llegado.

Me dejé caer sobre el sillón.

Completamente desparramada.

Miré el techo.

Pensando.

—Con que Dualidad, ¿eh?

Recordé algunas historias que había escuchado.




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