Bajo el agua, el tiempo no se mide en segundos, sino en latidos desesperados. Intento abrir los ojos, pero el río es una sopa de lodo y algas que me quema los ojos. La presión me aplasta las sienes y mis dedos rasguñan el vacío, buscando una superficie que se aleja conforme me hunden a lo profundo.
El oxígeno se agota justo cuando mis pulmones están a punto de ceder, un cambio brusco sacude el agua. El frío es reemplazado por una corriente ascendente de calor abrasador. Una mano, firme y caliente me sujeta por la cintura y me impulsa hacia arriba con una violencia salvadora.
Rompemos la superficie. El aire entra en mi garganta como cuchillas.
—¡Sácala de aquí! —el grito de Krohonan desgarra el estruendo del agua.
Unos clones de Xal me arrastran por el fango hasta la orilla. Caigo de rodillas, tosiendo, expulsando el agua turbia mientras mis pulmones luchan por reiniciarse. La nariz me escuece y el pecho me arde, pero mi mirada solo busca una cosa.
En medio del río, una luz late con fuerza, surge desde el fondo. Krohonan está sumergido hasta el pecho, rodeado de un enjambre de sirenas que se aferran a su espalda. Sus alas se despliegan bajo la superficie, y aunque el agua debería apagar su fuego, ocurre lo contrario: el río empieza a burbujear.
—¡Krohonan! — intento gritar, pero solo sale un quejido ronco.
—Ni se te ocurra —la voz de Xal suena a mi espalda.
Antes de que pueda dar un paso, el suelo cobra vida. Unas raíces gruesas y nudosas brotan de la tierra húmeda, envolviendo mis tobillos y mis muñecas, clavándome al suelo con una fuerza que me impide mover un solo músculo.
—¡Suéltame! —grité, forcejeando inútilmente.
Xal corre hacia la orilla. Se planta frente a la corriente hirviente y, con un aplauso seco que suena como un disparo, el río se fractura. El agua se divide en dos muros líquidos por unos breves segundos, revelando el lecho fangoso y los cadáveres cocidos de las sirenas. Krohonan, aprovechando el vacío, da un aletazo desesperado y se lanza hacia tierra firme, rodando por el barro justo antes de que el río recupere su cauce con un estruendo ensordecedor.
El esfuerzo de Xal me da el segundo que necesito. Tiro de mis brazos con una fuerza que no sabía que tenía, ignorando cómo la corteza me desgarra la piel, hasta que las raíces ceden. Me arrastro hacia Krohonan.
—¡Krohonan! —llego a su lado e intento abrazarlo, pero retrocedo con un grito.
Su piel no solo está caliente; está emitiendo un vapor siseante. Es un horno humano. Tocarlo es como tocar lava. Sus ojos son dos brasas blancas y su respiración es un silbido de vapor.
—No... te acerques... —logra decir, con la voz quebrada.
Busco desesperadamente algo para ayudarlo. Veo una de las lianas de las sirenas que aún cuelga de un árbol cercano, una fibra resistente y húmeda. La enredo alrededor de sus hombros y, tirando con todo mi peso, lo arrastro lejos de la orilla, buscando la sombra de los árboles mientras Xal, de espaldas a nosotros, lanza ráfagas de sombras para mantener a raya a las sirenas que vuelven a asomar sus cabezas por el agua.
—Todo estará bien, solo tengo que... —mi voz se quiebra mientras busco desesperadamente en mis bolsillos.
El vacío que encuentro me hiela la sangre.
El Cuarzo de Annalis no está. ¿Se cayó? ¿Está en el fondo del agua? Sin el cuarzo, no hay portal. Sin portal, moriremos.
Miro a mi alrededor. Krohonan está tendido, su respiración es un silbido débil y sus alas están sangrando. , y Xal tarde o temprano se cansará de jugar al héroe y nos abandonara.
yo... yo no tengo nada. Ni magia, ni salida, ni esperanza. Soy un estorbo en medio de una guerra que ni es mia.
—Yo te ofrezco una salida.
La voz es melódica, suave, un contraste absoluto con el caos de gritos. no viene de Xal ni de Krohonan. Me giro, todavía en el suelo, protegiendo a Krohonan con mi propio cuerpo.
Frente a nosotros, hay una mujer. Es de una belleza perturbadora: alta, delgada, casi desnuda de no ser por sus escamas. Pero son sus ojos los que me hielan la sangre. No tienen iris ni pupila; son dos pozos de oscuridad absoluta, idénticos a los de las sirenas que intentaron devorarme.
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Editado: 28.01.2026