Estoy en una sala enorme, una especie de invernadero con cascada privada, su rocío forma un arcoíris doble realmente maravilloso.
Sería más bonito si no me hubieran atado y amordazado a una silla rodeada de fenómenos.
No puedo evitar seguir gritando debajo de la mordaza.
—¿La pueden calmar? —habla el mismo chico semidesnudo, solo que ahora lleva una ropa bastante extraña.
—Con mucho gusto.
Sonríe un hombre rubio con ¡dos malditas colas en el…!
—La necesitamos viva, Nerón —lo detuvo el pelinegro y no pude estar más de acuerdo.
—Mujer… mala —pronuncio el monstruo de cinco metros y un ojo.
El cíclope está al fondo, ocupando medio invernadero, curándose las heridas que le hice. Me mira con su único ojo lleno de rencor infantil.
—¿Que te hizo la mujer mala, grandulón? —se sentía un tono burlesco en la voz del tal Nerón. Una de sus colas rozando mi hombro hacia que me estremeciera.
Otro chico, uno de cabello largo y negro con una especie de hoja en la cabeza, rodó los ojos y se inclinó hacia mí con una mirada cargada de una paciencia infinita.
—Lamento el mal trato. Son unos brutos —susurró, y con cuidado me quitó la mordaza. Sus manos olían a tierra mojada y flores—. No queremos hacerte daño.
Es muy amable… y lindo. Su piel tiene un tono verdoso casi imperceptible, y parece como si brillara.
En cuanto sentí la boca libre, no dije "gracias". Le solté una patada lo quite de mi vista, mi cuerpo se impulsar hacia atrás y al caer se logra romper la silla.
No pierdo ni un segundo en reponerme y empezar a correr
—¡WOOH! —exclamó Nerón.
—¡Espera! —ni idea de quien gritó y cree que le hare caso
El cíclope vuelve a seguirme y avanzo a la primera ventana arrojándome de cabeza a fuera.
Aterricé en un arbusto que amortiguó el golpe lo suficiente para no romperme el cuello. Me puse de pie, con las manos aún algo entumecidas seguí corriendo, mirando hacia atrás para asegurarme de que no me sigan y me voy alejando de lo que parece una mansión con temática de cuento de hadas.
Logro vislumbrar un pueblito cerca. Ahí pediré ayuda.
Sin embargo, mientras más cerca estoy, más extraño se vuelve todo, más extraño son los animales que no reconozco y más terrorífica se vuelve las personas que me miran confundidos.
Una mujer me observa desde un puesto de frutas podridas; tiene seis ojos parpadeando en su frente.
Un niño juega en el suelo, pero cuando alza la vista, veo cuernos de cabra curvándose.
Y un hombre se quita el sombrero y me saluda con dos cabezas que sonríen al unísono.
—Buenos días —dicen sus dos cabezas al unísono, sonriendo con dientes afilados.
Me detengo en seco en medio de la plaza. El pánico frío me inunda las venas.
¡Estoy en el maldito infierno!
Un viento atroz me revuelve el cabello y siento como si algo aterrizara detrás de mí.
—Tienes que regresar.
Es la misma voz del chico de la serpiente. Respire hondo, preparándome mentalmente para verlo otra vez.
Claramente jamás espere verlo con alas de murciélago; inmensas y negras como la noche, con garras en las articulaciones. Parece un ángel caído, un demonio antiguo.
—¡Solo me quiero ir a mi casa!
—No te pregunte —zanjó
Sin previo aviso, dio un paso y me agarró de la cintura con un brazo.
—¡No! ¡Suéltame! —chillé.
Antes de que pueda patalear, el suelo desaparece bajo mis pies. El estómago se me sube a la boca. Grito, aferrándome a su túnica
Era mi vida o mi vida, por lo que tuve más opción que apretarme a él para no hacerme añicos al caer al suele.
—¡Bájame! ¡Bájame! —supliqué, aunque al mismo tiempo me apretaba más a él.
—Decídete —bufó él.
La garganta me día de tanto gritar, cerré los ojos para no ver a abajo y en segundo volvimos a estar en el suelo, en la mansión de fantasía.
Me soltó y caí de rodillas, mareada, con ganas de vomitar.
Estaba el cíclope, Nerón y al que patee esperando; pero una mujer captó mi atención, y no solo por su belleza sino por las alas emplumada que tiene como brazos.
—Gracias por traerla de vuelta, Krohonan —dice ella. Su voz es autoridad pura. Ni amable, ni cruel; simplemente es la voz de alguien a quien se obedece.
Se acerca a mí. Me mira no como a una prisionera, sino como a un animalito herido que no entiende dónde está. Hay lástima en sus ojos.
—Mi nombre es Annalis —se presenta, inclinando levemente la cabeza—, líder de este Cuartel General para la protección de nuestro pueblo; y soy una Arpía.
Hubo un silencio de dos segundos.
Ni siquiera yo fui consciente de la carcajada que solté.
—Está loca —susurró el rubio de las colas.
—¡Oh, definitivamente! —vocifero, con lágrimas en los ojos—. Tengo que estar loca para soñar con zoológicos mitológicos.
— No estás soñando, ni estás loca —responde la… Arpía, y su tono serio borra mi sonrisa.
Qué raro llamar así a una mujer sin que se enoje.
—Aunque tampoco sabemos qué haces aquí —finalizó.
—¿Y dónde es "aquí"? —pregunte.
Annalis extiende una de sus alas hacia el horizonte distorsionado.
—¡El hermoso Apricon! Bienvenida al refugio, humana.
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Editado: 11.02.2026