El Portal A Apricon.

05

La biblioteca del Cuartel General era obscena. No había otra palabra. Era más grande que la casa de mis padres y tres veces más alta que cualquier edificio de mi ciudad. Los estantes de roble oscuro subían hasta perderse en las sombras, y el olor a pergamino viejo y magia estancada era tan fuerte que casi podía masticarlo.

Annalis me había dejado bajo la tutela del chico de cabello cabello negro, que ahora sé su nombre (Valian) para instruirme y ponerme al tanto.

—Algo que debes de saber sobre las sirenas es que son criaturas muy peligrosas y traicioneras. Suelen cambiar de forma y robar entidades para engañar a sus presas; algo que supimos hace muy poco es que también imitan las habilidades de la forman que adoptan.

Son muy diferentes a mi querida princesa Ariel.

Ya que me es imposible despertar al menos seguiré la corriente a esta locura.

—¿Y cómo las podemos reconocer? —pregunte.

Detalle el horrible dibujo de lo que en este mundo llaman sirenas. En el agua tenía cola de renacuajo, en la tierra se le desfiguraban intentando imitar un par de piernas deformes.

—Pues… su sangre es azul, como la de muchas criaturas marinas de las profundidades —explicó él, pasando la página—. Apenas entran en contacto con el agua salada o dulce en gran cantidad, pierden su forma mimética. Por eso la evitan lo más posible.

Solté una risita inapropiada.

—Mi hermanito es un sireno ¡al mocoso no le gusta bañarse!

Valian suelta una carcajada baja.

—¿Y solo para aclarar? ¿Qué es exactamente Apricon? ¿Dónde estamos?

—Estamos en un mundo fuera del espacio tiempo, un refugio contra la realidad humana la cual casi nos extingues.

—¿Antes vivían en mi mundo? —pregunte lo obvio.

—Hace mucho, antes de que yo naciera incluso; humanos y criaturas vivían en paz.

De tan solo imaginarlo me ponía feliz por alguna razón.

—¡Es increíble!

Pero mi emoción no podía ser mutua. Valian me miró con una tristeza antigua.

—Por eso tu llegada aquí es tan preocupante, si tu pudiste corremos el riesgo de que otros lleguen aquí. Se mantendrá en secreto a los habitantes por ahora.

—¿Por qué?

Quiero ver un unicornio.

—Muchas especies perdieron a sus seres queridos por tu gente. Cientos de especies ya no respiran por los humanos.

—Yo no tengo la culpa por lo que hicieron mis antepasados.

—El resentimiento es más fuerte de lo que crees; con solo verte a los ancianos se le despertaran los recuerdos.

Ni en mi propio sueño puedo hacer lo que quiero y me mantienen cautiva.

—¿Piensan encerrarme aquí entonces?

Valian lo pensó.

—Por la reacción de Annalis: No —respondió seguro—. Conociéndola te hará pasar por una especie.

Sin plumas, ni garras y con una estatuara pequeña. Soy demasiado común en mi mundo, no tengo nada que me haga pasar desapercibida aquí.

—Vaya… me pregunto a qué especie me pareceré.

—Una ninfa—murmuró algo que no alcance a escuchar bien.

—¿Qué dijiste?

—¡Esfinge! ¡Que pareces una esfinge!

No había necesidad de gritarme.

—¿Eso es real? ¿en serio real?

Valian se rascó la cabeza.

—Bueno, se extinguieron, pero sí. Eran muy popular en Egipto ¿Sabes?

—¡Tienen un maldito monumento de ellas!

Valian se volvió a reír cuando tomé el libro y empecé a ver los dibujitos.

Entonces, me gire hacia él, detallándolo al punto de hacerlo sentir incomodo.

—Tú te ves muy normal —comenté—. Quiero decir, salvo por la hoja rara que a veces tienes en la cabeza y ese brillo en la piel… pareces un tipo con el que iría a tomar un café.

—En este mundo tú eres la extraña.

—Touché.

Pero dentro de toda esta locura él era el único parecido a mí; sus facciones son humanas, tanto que podría pasar como un cualquiera en mi mundo.

—¿Qué eres tú? —pregunté, preparándome para escuchar "Elfo" o "Mago".

—Soy un kappa.

Pasó las páginas hasta llegar a su especie, y cuando llegó… en ese momento de verdad quise despertar.

—¡No puedo creer que seas esa cosa! —el grito salió antes de que pudiera frenarlo.

Cuando vi la ilustración, mi cerebro sufrió un cortocircuito. Era un homúnculo deforme, con un pico de pájaro, un caparazón de tortuga lleno de algas y un agujero en la coronilla que parecía contener agua estancada. Era algo que Tim Burton rechazaría por ser "demasiado raro".

—Adopte esta forma ya que no te quería asustar…

—¡Eso no puedes ser tú! Me debes estar jodiendo ¡tú eres lindo!

Y si, ese fue el peor vomito verbal que me ha pasado. El filtro que evita los comentarios estúpidos estaba apagado haciéndome pasar una vergüenza sobrenatural

Trate lo más posible de mermar la situación.

—Digo... —traté de arreglarlo rápidamente—, ¿En este mundo también existen lo vampiros y hombres lobos?

Espero sean como en los libros que lee mi prima y no como en las películas que le gustan a mi hermano.

—¿Los que? —Valian se empezó a reír—. ¿De dónde sacaste esos nombres tan graciosos?

—¿Me lo dice el chico tortuga arrastra almas para devorarlas?

—Por suerte para ti: me volví herbívoro.




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