El precio de amarte

El Primer Baile (pt 3)

La última nota del vals desapareció en el inmenso salón.

Andrea y Carlos permanecieron inmóviles durante unos segundos.

No querían separarse.

Sin embargo, las voces de sus padres rompieron aquel instante.

Carlos. —La voz de Matteo Mancini fue firme.

Andrea. —Enzo Lombardi pronunció el nombre de su hija con la misma seriedad.

Los dos jóvenes soltaron lentamente sus manos.

Andrea respiró hondo.

Carlos dio un paso atrás.

Los cuatro quedaron frente a frente.

El silencio era tan incómodo que las conversaciones alrededor comenzaron a apagarse poco a poco.

Todos observaban.

Sabían que aquella escena no era cualquier encuentro.

Era un Lombardi frente a un Mancini.

Matteo fue el primero en hablar.

—No sabía que mi hijo tenía tanta confianza con su hija, señor Lombardi.

Enzo respondió sin apartar la mirada.

—Yo tampoco sabía que el heredero de los Mancini acostumbraba acercarse a personas que acaba de conocer.

Carlos decidió intervenir.

—Padre, solo estábamos...

—No te pregunté nada, Carlos.

El joven guardó silencio.

Andrea miró a su padre.

—Papá, de verdad solo estábamos hablando.

—Andrea.

La forma en que Enzo pronunció su nombre bastó para que comprendiera que no era momento de discutir.

Valentina se acercó con calma.

—Creo que estamos exagerando un poco.

Matteo sonrió con diplomacia.

—Coincido con la señora Lombardi.

Solo fue un baile.

Nada más.

Enzo respondió con una sonrisa igual de falsa.

—En nuestro mundo no existen los "solo".

Cada movimiento tiene consecuencias.

Carlos observó a Andrea.

Podía notar la incomodidad en su rostro.

No le gustaba verla así.

Respiró profundo.

—Señor Lombardi...

Enzo levantó la vista.

—Con todo respeto, fui yo quien invitó a Andrea a bailar.

Ella no hizo nada malo.

Andrea giró inmediatamente hacia Carlos.

No esperaba que hablara por ella.

Mucho menos frente a su padre.

Enzo dio un paso hacia él.

—¿Estás intentando defender a mi hija?

Carlos sostuvo la mirada.

—Estoy diciendo la verdad.

Matteo colocó una mano sobre el hombro de su hijo.

—Es suficiente.

Carlos apretó la mandíbula.

No quería crear un problema.

Pero tampoco quería dejar sola a Andrea.

Matteo habló con tranquilidad.

—Mi hijo actuó con educación.

Eso fue todo.

Enzo respondió con el mismo tono.

—Espero que siga siendo así.

Porque no me gustaría que alguien confundiera la cortesía con otra cosa.

Andrea sintió que el ambiente se volvía cada vez más pesado.

—Papá...

—Vamos.

—Pero...

—Ahora.

Ella bajó la cabeza.

—Sí...

Antes de irse miró discretamente a Carlos.

Él le dedicó una pequeña sonrisa.

Era una sonrisa tranquila.

Como si quisiera decirle que todo estaba bien.

Andrea respondió de la misma manera antes de seguir a su familia.

...

Minutos después...

La gala continuó.

Las conversaciones volvieron poco a poco.

Pero el ambiente ya no era el mismo.

En una terraza privada del hotel...

Enzo observaba la ciudad mientras sostenía una copa de whisky.

Andrea salió lentamente.

—¿Querías hablar conmigo?

—Cierra la puerta.

Ella obedeció.

Durante unos segundos ninguno dijo una palabra.

Finalmente, Enzo habló.

—¿Qué opinas de Carlos Mancini?

Andrea dudó.

—No lo conozco.

—Te pregunté qué opinas.

—Me pareció...

Se detuvo.

—¿Sí?

—Educado.

Enzo soltó una risa seca.

—Los hombres más peligrosos suelen ser los más educados.

Andrea frunció el ceño.

—Papá...

—Escúchame bien.

Él dejó la copa sobre una pequeña mesa.

—Los Mancini no son nuestros amigos.

Nunca lo serán.

—Pero tampoco son nuestros enemigos.

—Hoy no.

Mañana...

nadie lo sabe.

Andrea bajó la mirada.

—Entiendo.

—No quiero volver a verte cerca de ese muchacho.

¿Está claro?

Ella tardó unos segundos en responder.

—Sí.

Enzo salió de la terraza.

Andrea permaneció sola.

Miró la ciudad iluminada.

No entendía por qué una simple conversación había provocado tanta tensión.

...

En otra parte del hotel...

Carlos también recibía un sermón.

Matteo caminaba de un lado a otro.

—¿En qué estabas pensando?

—Solo hablé con ella.

—¿Sabes quién es?

—Sí.

—Entonces deberías entender por qué no me gustó verte con Andrea Lombardi.

Carlos cruzó los brazos.

—No hicimos nada malo.

—No importa.

Las apariencias lo son todo.

—Padre...

—Escúchame.

Los Lombardi viven por sus propios intereses.

Nunca olvides eso.

Carlos suspiró.

—Andrea no parece ser así.

Matteo lo observó fijamente.

—Acabas de conocerla.

No sabes quién es realmente.

Carlos no respondió.

Pero, por alguna razón, sentía que Andrea era diferente.

...

La gala llegó a su fin.

Los invitados comenzaron a abandonar el hotel.

Andrea caminaba hacia la salida junto a su madre.

Antes de subir al automóvil decidió mirar una última vez hacia la entrada.

Y allí estaba él.

Carlos también estaba por marcharse.

Sus miradas volvieron a encontrarse.

Esta vez ninguno sonrió.

Simplemente levantaron la mano en un pequeño gesto de despedida.

Sin palabras.

Sin promesas.

Solo un instante.

Un instante que ninguno de los dos olvidaría.

Cuando Andrea entró al automóvil, apoyó la cabeza en la ventana.

Valentina la observó de reojo.

—¿En qué piensas?

Andrea tardó unos segundos en responder.

—En que hay personas que llegan a tu vida cuando menos lo esperas.




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