—¿Tan mal estoy? —preguntó Adrián, con la voz bajá, casi temerosa.
—¿A qué te referís? —respondió su madre, casi sin mirarlo, con un cachete inflado de pizza.
—¿Por qué mis compañeros de alejan tanto de mí? —dijo él, apretando las manos,esperando que sea un consuelo.
Su madre suspiro, molesta.
—Adrián déjame de joder.
El silencio cayó pesado.
Adrián se quedó callado; no era la respuesta que quería, pero si la que suponía escuchar. A pesar de eso, en su rostro se dibujó una sonrisa.
—Voy a cambiarme para ir a la secundaria —afirmó Adrián, levantándose de la mesa.
Pensé que no te querías ir hoy —respondió la madre con una risa "encantadora", y acomodándose el cabello.
Exacto, no quería...pero tengo prueba de matemática —contestó él, con una sonrisa que no terminaba de ser sincera.