El Precio de la Inocencia: El recolector de Almas

Prólogo

Natán Cruz, que peculiar nombre para alguien cuya existencia esta definida en la condena de almas deseosas de lo inalcanzable. Como la cruz que llevas a tus espaldas, Natán te ofrece un trato, completamente irresistible: Tener todo lo que deseas, a cambio de algo muy simple, muy pequeño e insignificante: Tu alma por el resto de la eternidad.

Nada en la vida es para siempre, y aunque el trato a cumplirse parece lejano, el tiempo corre demasiado rápido para aquellos que pensaron que podían engañar a la muerte. Cada alma perdida, cada alma quebrada por los más vanos deseos, es una línea de victoria en la prisión espiritual de Natán, el cumple su parte y espera con ansias que tu cumplas la tuya. Aunque parezca sencillo decir, “te ofrezco poder y dinero por tu alma”, las letras pequeñas son tan minúsculas que no te percatas que el trato está hecho para atraparte de una forma u otra.

Una trampa que Irina Fontana no se molestó en entender, aunque los caminos la llevaron a ser una de la interminable lista de Natán, su objetivo es la salvación. Un alma que no le importa someterse, que no le importa sufrir dolores incalculables, por ahorrarle a un ser amado ser tocado con tales viles fuerzas. No sabe, ni le importa si merece la pena pasar por ello, lo único que de verdad le es relevante, es que algún día acabará, por como bien dicen: “No hay mal que cien años dure, ni cuerpo que lo resista” …… ¿o sí?

La oscuridad de la habitación volvía el ambiente penumbroso, el tiempo parecía ir más lento e incluso que estaba suspendido. Natán, observa detenidamente a la nueva en la lista, y algo le dice que este trato no es como los otros. En ella no había el temblor de los cobardes ni el hambre de los ambiciosos. Irina Fontona prometía ser un trato difícil y destructivo, algo vigorizante para un ser como él.

—Este es un punto de no retorno, Srta. Fontana —pronunció Natán, y su voz resonó en la habitación, inundando el sentido de los presentes—. Para ti no habrá más que desolación y desesperanza. ¿Podrás soportarlo? O ¿Perderás la dirección de tu propósito?

Irina, con una transparencia espiritual que casi era insultante para Natán, sostenía con fuerza la pluma que sellaría su destino. No tenía miedo, nunca lo ha tenido y ahora este no era más que uno de los muchos precios que ha tenido que pagar por los que ama.

—Mi amor es infinito, y mi fuerza inquebrantable—habló mirándolo a los ojos—. Dame tu mejor golpe.

Gemini.




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