Valeria.
La brisa helada de la noche envuelve mi cuerpo mientras camino de regreso al interior de la gala. Un enorme salón con candelabros y luces cálidas, las paredes revestidas de mármol y oro incrustado en los relieves de los picaportes. En la pista de baile, varias parejas danzan en círculos con la música romántica de fondo, giran sobre sí mismas, se separan y vuelven a unirse.
Tomo asiento en uno de los divanes de color escarlata que se encuentran dispersos por la sala. Disfruto de una copa de champán y del suave tintineo que hace el cristal contra los anillos en mi mano. Me gusta esta sensación. El peso de los diamantes en mi cuello y la forma en la que el vestido de seda se ciñe a mi cuerpo como una segunda piel, quizá solo haría falta algo de compañía, la persona correcta con la cual podría disfrutar de este lujo. Mientras tanto, en la espera, bajo las lámparas de cristal de la gala, soy exactamente lo que siempre he sido: inalcanzable.
Cansada de mirar a la gente bailar y pasar andando delante de mí, me levanto del diván y me acerco a un grupo de mujeres en la sala. Aunque estoy presente, apenas escucho la conversación, todas hablan de lo mismo, sobre diamantes, bonos y dinero. La misma conversación protocolaria de la que ya estoy aburrida. Me encantaría salir de aquí y realmente disfrutar de esta noche, desde aquí puedo ver la luna resplandecer por los ventanales de la sala.
—Estás radiante, Valeria. —Dice una mujer de la mediana edad cuyo nombre he olvidado, pero recuerdo que su esposo es dueño de medio distrito financiero.
Le devuelvo la sonrisa de catálogo, perfecta, pero vacía. Sé en dónde me encuentro. Seguramente Alicia está tras bambalinas preparando su espectáculo, y Haydhen probablemente está escondida cerca de las cortinas y los balcones, deseando ser invisible. Mientras yo me encuentro parada en medio de las falsedades de la sociedad.
Entonces, lo siento. Una presión en el hombro, ligera como una pluma, pero para mí es tan pesada como el plomo, Axel. No necesito girarme para saber que está ahí. Su presencia rompe la armonía de la sala. Sin siquiera acercarse, huele a cuero que no encaja con los esmóquines de seda. Cuando finalmente me doy la vuelta, lo veo. Tiene el pelo castaño perfectamente peinado, aunque manteniendo ese aire desalineado. Lo que destaca son sus ojos verdes, demasiado expresivos e intensos, que me recorren con una intensidad que me hace querer empujarlo lejos.
—Valeria. —Su voz es un susurro grave que ignora cualquier protocolo social.
—Señorita Lyran para ti, Axel. —Respondo, bajando la mirada hacia mis uñas. —¿Qué haces aquí? No recuerdo haber contratado seguridad extra.
Da un paso adelante, mientras agacha la mirada, se detiene demasiado cerca como para ser algo casual. Es ridículo lo mucho que lo intenta. Ha pasado meses siguiéndome, enviándome flores que termino tirando, cartas que acaban en la basura y apareciendo donde menos lo espero. Doy un paso hacia atrás, marcando incluso más espacio del necesario.
—Solo un baile. —Me pide, con un tono tan suplicante, que casi consideraría patético. —Por favor. Solo una pieza y me iré.
El salón se queda en silencio a nuestro alrededor, es como si algo en la escena hubiera atraído más atención de la necesaria. Era de esperarse, soy la heredera de la mafia Lyran y es bien sabido entre los clanes que estoy falta de prometido. Siento varias miradas sobre nosotros. Axel está ahí, un hombre que podría matar a cualquiera en está habitación con sus manos desnudas, un sicario a sueldo prácticamente mendigando por un poco de mi interés.
Es momento de marcar la línea, no es posible que, siendo hija de una de las familias más poderosas de la ciudad, la gente me relacione con un sicario, con un hombre que ha manchado sus manos y perdido su dignidad en ello.
—Mírate, Axel. —Digo bajo en un susurro y desdeñoso, que solo él alcanza a escuchar. —Este baile es para personas que construyen imperios, discúlpame, pero no formas parte de ello.
Veo un destello en sus ojos verdes, aunque no se inmuta por el insulto. Se queda ahí, con la mano extendida, frente a lo más selecto de la ciudad procesando el rechazo. Aunque no debería sorprender a estas alturas, siendo ya varias las veces que nos vemos en esta situación.
Me doy la vuelta, dejándolo con la mano en el aire y seguramente la poca dignidad que le queda en el suelo. Mi corazón se acelera, aunque intente negarlo mentalmente, mi intención no era humillarlo, pero lo cierto es que debo ir marcando los límites. Si la mafia Lyran empieza a ser relacionada con personas como él, que hacen el trabajo sucio de otros, pronto la gente va a pensar que mi familia está en malos pasos y eso es algo que no puedo permitir. Mientras me alejo, sé que me está mirando, así como también sé que volverá apenas se le presente otra oportunidad.
Al salir el frío de la noche, me eriza la piel, miro por sobre mi hombro y Axel ya ha desaparecido. En mi descuido, al volver la vista al frente, choco con una persona que reconozco de inmediato. Su cabello blanco con las puntas moradas destaca en cualquier lugar y, al mirar sus ojos tan llamativos, uno azul y el otro gris, es imposible no reconocerla. Haydhen me mira de arriba abajo, antes de negar con la cabeza.
—Otra vez has dejado tirado a ese chico, ¿verdad? —Su tono es una mezcla de decepción con preocupación, aunque no estoy segura de sí es hacia mí o hacia Axel.
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Editado: 06.04.2026