El Precio de la Lealtad

Capítulo 15: El Doble Juego

Haydhen

El aire sale de mis pulmones en un suspiro cansado, mientras mi mirada sigue fija en el techo de la habitación, esta celda en la que Calek Vandoren, ese idiota, me encerró. Cree que puede mantenerme cautiva, pero encontraré la forma de salir de aquí.

Me levanto de forma pausada, lo cierto es que cuando dijo que sería su servicio, pensé que se refería a hacer tareas de hogar, cosas domésticas en su mansión. Con esa idea tan arcaica de las mujeres no encontré otro motivo. Pero en el tiempo que llevo aquí no ha pasado nada de eso, al contrario, me he quedado encerrada día y noche.

Cuando me yergo sobre mí misma, la tela de algodón de mi falda se desliza por mis piernas. El uniforme de servicio de la casa Vandoren consta de una blusa ajustada de manga larga y una falda larga hasta los tobillos, y en los pies apenas unas finas zapatillas plateadas.

La ropa por sí sola es una demostración de simplicidad, otra forma en la que siento que me ahogo en este lugar. A este paso, mi identidad va a ser borrada de la ecuación, debo salir antes de volverme loca en este laberinto.

Camino hasta la ventana y apoyo la palma en el cristal, este empaña alrededor de mi piel y el frío me cala, aunque no la aparto. Alicia y Valeria deben estar en algún lado, espero que estén bien, no puede haberles pasado nada… yo no podría perdonármelo.

Mis músculos se tensan bajo el delicado algodón, aplico una fuerza inútil contra los cristales blindados, como si con eso la ventana fuera a ceder y abrirse de par en par, claramente, aquello no sucede, así que dejo caer ambos brazos laxos a los lados de mi cuerpo.

Estoy perdida, aunque por alguna clase de milagro la salida se abriera. Calek tenía razón en una cosa: no tendría a dónde ir, podría correr, pero no llegaría lejos. Mi única esperanza sería refugiarme con Valeria, si es que no la han atrapado ya.

Ese único pensamiento es suficiente para que el corazón me dé un vuelco, no puedo pensar de esa forma, debo mantenerme fría y sin sentimentalismos, si aquel hombre dueño de mi jaula ve una sola debilidad, la explotará sin piedad.

Entonces un golpe me hace tensarme y girarme con los puños tensos, listos para el ataque. Aunque no tenga armamento, eso no me quita mi fuerza. A mi espalda no hay nada, la habitación sigue igual de quieta, pero el aire alrededor parece haberse cargado de un peso invisible.

Recorro la habitación mientras mis iris buscan la fuente del sonido, algo debió de haberse caído, pero entonces mi mirada se posa en la puerta entreabierta. La misma puerta que lleva demasiado tiempo cerrada y solo se abría para dejar pasar bandejas de comida.

Cada fibra de mi ser se prepara para confrontar, estoy esperando que sea quien sea la persona que ha abierto la puerta, entre y me enfrente. Pero eso no sucede.

Cuando la habitación se queda en calma, mi respiración se agita, debe ser una trampa o una prueba, quizá Calek quiere medir mi lealtad sobre mi deseo de libertad, o probar que soy impulsiva y reacciono al momento en lugar de jugar a largo plazo.

Me quedo parada contando los segundos hasta que se cumple el minuto. Me apoyo en las puntas de mis pies e intento hacer el menor sonido posible cuando camino hasta la puerta. Toco la perilla y el frío del metal se cuela en mis huesos como una advertencia.

Finalmente la abro y se extiende ante mí el pasillo de la mansión, recuerdo la mayoría de las bifurcaciones del recorrido donde Calek me guio, aunque no sé a dónde desembocan. Miro a ambos lados, buscando a la persona que abrió la puerta, pero no encuentro nada.

Entonces mi mirada se posa en algo azul en el suelo a pocos metros de donde me encuentro. Me acerco hasta el objeto, pero en el silencio absoluto de la mansión, mis pasos resuenan como disparos, a lo que me quito las zapatillas abandonándolas en el camino.

Cuando finalmente llego al objeto, me percato de que es tela, pero no cualquier tela, es la que estaba en mi despacho, con la que estaba confeccionando un vestuario para Alicia el mismo día del secuestro.

Recojo la tela y la acaricio entre mis dedos, la suavidad de ella relaja mi postura un par de segundos, antes de que los recuerdos completos de esa noche me arrollen por completo.

El cansancio luego del trabajo, el pan recién horneado, el mensaje de Valeria, la salida de emergencia y, finalmente, a Darío cayendo ensangrentado, con ambas manos en su pecho. Había intentado no pensar en él, pero ahora que lo hago, mi corazón se aprieta de tal modo que tengo que apretar la tela hasta que mis nudillos se ponen blancos para disipar la emoción.

Cuando mi vista se alza un poco más, veo a lo lejos otro trozo de tela a unos pocos metros de donde me encuentro. Es un camino, sin duda, pero el verdadero enigma es que no estoy segura de la persona que lo dejó. Podría ser una de mis amigas, o el enemigo. No puedo confiarme porque no estoy segura.

Miro por encima de mi hombro y veo la puerta entreabierta de mi habitación, o, mejor dicho, de mi celda. Durante unos instantes me debato entre si debería volver y encerrarme ahí, si esto es una prueba y no la paso, Calek intentará cobrarme con creces.

Cuando logro visualizarme de nuevo entre esas paredes al servicio de un hombre como Calek, siento una repulsión tan abismal, que la sola idea de volver por miedo a ser vigilada me parece una ridiculez.




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