El Precio de la Verdad

CAPÍTULO 22

La Verdadera Razón
Sofía sintió que la conexión se cerraba en su mente con una claridad devastadora, cada pieza de esta historia finalmente encontrando su lugar correcto en el rompecabezas completo.
—Fue Vincent quien orquestó nuestra separación —dijo, con la voz apenas audible—. No solo Robert ejecutando una orden aislada. Fue Vincent, desde las sombras, moviendo cada pieza para separarnos, mucho antes de que supiéramos que él existía.
—Cuando descubrí que mi hermano seguía vivo —dijo Alessandro, con un esfuerzo evidente por mantener la voz firme a pesar de su debilidad física—, también descubrí que había pasado décadas construyendo su propio imperio paralelo, uno que eventualmente se entrelazó con el nuestro a través de Meridian Shipping sin que Isabela o Robert supieran jamás la verdadera identidad detrás de "El Contador".
—¿Por qué no nos lo dijiste antes? —preguntó Adrián, con una mezcla de dolor y frustración que no intentaba ocultar—. Cuando nos revelaste todo en la finca de Redland, ¿por qué omitir esta parte específica?
—Porque esperaba poder resolverlo yo mismo, en privado, antes de que se convirtiera en una amenaza directa para ustedes —dijo Alessandro, con un arrepentimiento que sonaba dolorosamente genuino—. Intenté contactar a Vincent varias veces en los últimos cinco años, intentando convencerlo de abandonar el Consorcio, de dejarnos reconstruir algo legítimo juntos, como hermanos que alguna vez fuimos cercanos antes de que la ambición nos separara.
—¿Y qué respondió él? —preguntó Gabriel.
—Que yo había tenido mi oportunidad de dirigir el imperio familiar durante décadas —dijo Alessandro—, y que ahora era su turno de demostrar que podía construir algo más grande, más poderoso, sin las limitaciones morales que él siempre consideró debilidades mías.
Sofía sintió que un escalofrío nuevo le recorría la espalda ante la frialdad de esas palabras, incluso reportadas de segunda mano.
—Entonces Vincent quiere destruirnos no solo por la caída del Consorcio —dijo—, sino porque representamos, de alguna forma, la continuación del legado de Alessandro que él siempre resintió.
—Exactamente —confirmó Alessandro, con una expresión de agotamiento que parecía ir más allá de su condición médica—. Y me temo que, con la caída de las familias Restrepo y Andrade, Vincent ya no tiene ninguna razón para contenerse. Ustedes tres se han convertido en el blanco más directo de toda su ira acumulada durante décadas.
Valentina, que había permanecido escuchando en silencio junto a la puerta de la habitación, finalmente intervino con una urgencia renovada.
—Necesito que me digas todo lo que sepas sobre las ubicaciones posibles de Vincent —dijo—, cualquier propiedad, cualquier alias, cualquier detalle que puedas recordar de sus intentos de contacto con él en los últimos cinco años.
Alessandro asintió, con un esfuerzo visible, antes de que un monitor junto a su cama empezara a emitir un pitido de alerta que hizo que dos enfermeras entraran corriendo a la habitación.
—Necesitan salir ahora —dijo una de ellas, con urgencia profesional—. Su presión arterial está cayendo rápidamente.
Mientras los sacaban apresuradamente de la habitación, Sofía alcanzó a escuchar las últimas palabras de Alessandro, dirigidas directamente a Adrián, con una voz que apenas lograba mantenerse audible:
—Busca en... la casa del lago... Vincent nunca... pudo resistirse... a construir cerca del agua...




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