Nunca imaginé que una sola noche pudiera cambiar la manera en que veía a mi familia.
Durante dieciocho años había creído conocerlos.
Conocía las manías de mi madre, la forma en que mi padre fruncía el ceño cuando algo le preocupaba y hasta las historias que mi abuela solía contarme cuando era pequeña.
O eso creía.
Porque aquella noche descubrí que, detrás de todas esas historias, había otra que nadie se había atrevido a contarme.
Todo comenzó después de la cena.
Mi madre había subido a su habitación hacía unos minutos y mi padre se había encerrado en su despacho, como hacía casi todas las noches.
Yo estaba en mi habitación intentando terminar un trabajo de la universidad cuando recordé que había dejado un libro en la sala.
Bajé las escaleras.
La casa estaba completamente silenciosa.
Cuando llegué al pasillo que conducía al despacho de mi padre, escuché voces.
Me detuve.
Era extraño.
Mi padre casi nunca recibía visitas a esas horas.
Me acerqué lentamente.
La puerta estaba entreabierta.
—No podemos seguir ocultándoselo —escuché decir a mi tío.
Me quedé inmóvil.
—Baja la voz —respondió mi padre.
—Tiene derecho a saberlo.
—Emma no está preparada.
Mi corazón dio un pequeño salto al escuchar mi nombre.
¿Por qué estaban hablando de mí?
Me acerqué un poco más.
—Tiene dieciocho años. Ya no es una niña.
—Precisamente por eso tenemos que protegerla.
—¿Protegerla de qué?
Hubo un silencio.
Mi tío volvió a hablar.
—De los Brooks.
Sentí un escalofrío.
Ese apellido.
Los Brooks.
Lo había escuchado muchas veces durante mi infancia, pero siempre había sido una palabra prohibida.
Cuando era pequeña, una vez le pregunté a mi padre quiénes eran.
Nunca obtuve una respuesta.
—Los Brooks no van a quedarse tranquilos —dijo mi tío—. Ya descubrieron que Emma existe.
Sentí que se me helaban las manos.
¿Qué significaba aquello?
¿Quiénes eran realmente los Brooks?
¿Y por qué les importaba yo?
—No podemos permitir que se acerquen a ella —dijo mi padre.
—Algún día va a descubrirlo.
—Lo sé.
—Entonces deberías decírselo tú.
—No.
La respuesta de mi padre fue inmediata.
—Si Emma descubre lo que ocurrió entre nuestras familias, nada volverá a ser igual.
Di un paso hacia atrás.
Sin querer, mi zapato rozó una pequeña mesa.
El sonido fue suficiente.
Las voces se callaron.
—¿Quién está ahí?
Mi corazón comenzó a latir con fuerza.
No esperé a que abrieran la puerta.
Corrí hacia las escaleras.
Subí rápidamente y entré en mi habitación.
Cerré la puerta.
Me quedé apoyada contra ella, intentando respirar con normalidad.
No sabía qué hacer.
Mi familia me había estado ocultando algo.
Algo relacionado con los Brooks.
Algo que aparentemente podía ponerme en peligro.
Me senté en la cama y tomé mi teléfono.
Mis dedos temblaban mientras escribía el apellido en el buscador.
BROOKS.
Aparecieron varias noticias antiguas.
Empresas.
Eventos.
Fotografías.
Personas importantes.
Pero nada explicaba por qué mi familia les tenía tanto miedo.
Seguí buscando.
Hasta que apareció un nombre.
Ethan Brooks.
Abrí una fotografía.
Era un chico joven.
Aparentemente tenía una edad parecida a la mía.
Vestía elegantemente y estaba junto a varios miembros de su familia.
Debajo de la fotografía aparecía una descripción:
Ethan Brooks, heredero de la familia Brooks.
Lo observé durante unos segundos.
No sabía absolutamente nada de él.
Sin embargo, algo dentro de mí me decía que aquel nombre no iba a quedarse simplemente en una pantalla.
Apagué el teléfono.
Me levanté y caminé hasta el espejo.
—¿Qué están ocultándome?
No obtuve respuesta.
Solo el silencio de mi habitación.
Me acosté, pero no conseguí dormir.
Cada vez que cerraba los ojos recordaba las palabras de mi padre.
Si Emma descubre lo que ocurrió entre nuestras familias...
¿Qué había ocurrido?
¿Por qué nadie quería hablar de ello?
Y, sobre todo...
¿Por qué los Brooks sabían que yo existía?
A las dos de la madrugada seguía despierta.
Entonces escuché un automóvil detenerse frente a la casa.
Me levanté lentamente y miré por la ventana.
Un vehículo negro estaba estacionado al otro lado de la calle.
Las luces se apagaron.
Una persona permaneció dentro durante unos segundos.
Después el automóvil arrancó y desapareció.
Me quedé mirando la calle vacía.
Por primera vez en mi vida sentí que mi propia casa ya no era completamente segura.
A la mañana siguiente, durante el desayuno, observé a mis padres.
Mi madre hablaba de cosas normales.
Mi padre revisaba unos documentos.
Todo parecía exactamente igual que cualquier otro día.
Pero yo sabía que no lo era.
Los observé en silencio.
—¿Qué pasa? —preguntó mi madre.
—Nada.
Mentí.
Mi padre levantó la mirada.
Nuestros ojos se encontraron.
Durante un instante pensé que sabía que yo había escuchado la conversación.
—Emma —dijo.
—¿Sí?
Parecía querer decir algo.
Pero finalmente negó con la cabeza.
—Nada.
Bajé la mirada.
Entonces lo entendí.
Si ellos no iban a contarme la verdad...
Yo misma tendría que descubrirla.
Y todavía no sabía que mi búsqueda me llevaría directamente hacia Ethan Brooks.
El chico cuyo apellido mi familia había intentado mantener lejos de mí.
El chico que todavía no conocía.
Y la persona que, sin que ninguno de los dos lo supiera, terminaría convirtiéndose en una parte imposible de ignorar de mi vida.