Emma
Habían pasado varios días desde que conocí a Ethan Brooks.
Y, aunque intentaba convencerme de que aquel encuentro no significaba nada, no podía dejar de pensar en él.
Era absurdo.
Mi familia llevaba años evitando a los Brooks.
Mi padre me había ocultado información sobre ellos.
Y yo, en lugar de mantenerme alejada, estaba empezando a sentir curiosidad por Ethan.
Tal vez demasiada.
Aquella mañana llegué temprano a la universidad.
Me senté en una de las mesas del patio con un café y algunos libros.
Intenté concentrarme en mis apuntes.
No funcionó.
Cada pocos minutos levantaba la mirada hacia la entrada.
—¿Qué haces?
Me sobresalté.
Ethan estaba frente a mí.
—Nada.
Él sonrió.
—Llevas cinco minutos mirando hacia la puerta.
—Estaba pensando.
—¿En qué?
—En cosas.
—Eso no responde mi pregunta.
Sonreí.
—No tienes que saberlo todo.
Ethan se sentó frente a mí.
—Entonces estamos igual.
—¿Por qué?
—Porque tú tampoco sabes todo sobre mí.
Bajé la mirada.
Tenía razón.
Había muchas cosas que no sabía sobre Ethan.
Pero tampoco quería preguntarlas todavía.
Había algo extraño en estar con él.
Por primera vez desde que descubrí el secreto de mi familia, podía olvidarme durante unos minutos de los Carter y los Brooks.
Podía simplemente ser Emma.
—¿Quieres caminar? —preguntó.
Asentí.
Salimos de la universidad y comenzamos a caminar por las calles cercanas.
Hablamos de cosas completamente normales.
De profesores.
De películas.
De música.
De lugares que queríamos conocer.
Me sorprendió descubrir que Ethan tenía una personalidad muy diferente a la que mostraba cuando estaba con su familia.
Con ellos parecía serio y distante.
Conmigo se reía.
—¿Siempre eres tan serio? —pregunté.
—No.
—¿Entonces?
—Depende de la persona que tenga delante.
Lo miré.
—¿Y conmigo?
Sonrió.
—Contigo no necesito fingir.
Sentí que mis mejillas se calentaban.
Aparté la mirada.
No sabía qué responder.
Continuamos caminando hasta llegar a un pequeño parque.
Nos sentamos en una banca.
Durante unos minutos ninguno habló.
El silencio no era incómodo.
Era tranquilo.
—Emma.
—¿Sí?
Ethan me miró.
—¿Tienes miedo de mí?
La pregunta me tomó por sorpresa.
—No.
—¿Aunque soy un Brooks?
Pensé durante unos segundos.
—Tengo miedo de lo que nuestras familias puedan hacer.
Ethan bajó la mirada.
—Yo también.
Lo observé.
—¿Qué crees que pasó entre ellos?
—No lo sé.
—Pero quieres descubrirlo.
—Sí.
Sonreí ligeramente.
—Entonces tenemos algo en común.
Ethan me devolvió la sonrisa.
Y durante un instante olvidé completamente quién era él.
Olvidé su apellido.
Olvidé el mío.
Solo vi a Ethan.
El chico con el que había empezado a sentirme cómoda.
El chico al que cada día tenía más ganas de conocer.
Pero aquella tranquilidad duró poco.
Cuando regresé a casa esa tarde, encontré a mi padre esperándome en la sala.
No estaba solo.
Mi tío estaba con él.
Los dos me miraron.
—¿Dónde estabas? —preguntó mi padre.
—En la universidad.
—¿Con quién?
Me quedé en silencio.
Mi padre se levantó.
—Emma.
Sabía exactamente qué quería saber.
—Con un amigo.
Mi tío intercambió una mirada con mi padre.
—¿Cómo se llama?
Sentí un nudo en el estómago.
No quería mentir.
Pero tampoco quería contarles.
—Ethan.
El rostro de mi padre cambió.
—¿Ethan qué?
Respiré profundamente.
—Ethan Brooks.
El silencio que siguió fue absoluto.
Mi padre cerró los ojos durante unos segundos.
—Te dije que te mantuvieras alejada de ellos.
—No me dijiste por qué.
—Porque no necesitas saberlo.
—¡Sí necesito saberlo!
Mi voz salió más fuerte de lo que esperaba.
Mi padre me miró sorprendido.
—Toda mi vida me han dicho que no haga preguntas. Que no mencione a los Brooks. Que no busque respuestas. Pero ahora resulta que el único chico con el que he empezado a confiar pertenece a la familia que ustedes odian y nadie quiere decirme por qué.
Mi tío se levantó.
—Emma, no sabes en qué te estás metiendo.
—Entonces díganmelo.
Ninguno respondió.
Y eso me dolió más que cualquier explicación.
Subí corriendo a mi habitación.
Cerré la puerta.
Me senté en la cama y miré mi teléfono.
Tenía un mensaje.
Ethan: ¿Llegaste bien?
Lo observé durante unos segundos.
Sonreí sin querer.
Y entonces entendí algo.
Quizás mi familia tenía razón en una cosa.
Acercarme a Ethan podía ser peligroso.
Pero ya era demasiado tarde para fingir que no me importaba.
Porque, aunque apenas lo conocía...
Ethan Brooks empezaba a ocupar un lugar en mi vida que ya no sabía cómo sacar.