El Precio De Odiarte.

Capitulo 3: La firma

El reloj marcó la medianoche.
El sonido fue seco y silencioso.
Definitivo.
Sienna sostuvo la pluma entre los dedos, inmóvil por un instante sin temblaba, pero dudaba... pero era consciente de lo que significaba.
No estaba perdiendo.
Estaba cediendo... temporalmente.
Elias no habló.
No hacía falta.
Su silencio era presión suficiente.
—Hazlo —dijo finalmente sin poder dejar de necesitarla.
Sienna no lo miró.
Sus ojos estaban en el contrato.
En su nombre ya escrito en cada página.
En las condiciones que acababan de encerrar su mundo en algo más pequeño.
Respiró una vez.
Y firmó.
El trazo fue firme.
Elegante.
Sin vacilación.
Cuando dejó la pluma, levantó la mirada directamente hacia él.
—No te acostumbres —dijo—. Esto no es rendición es una pelea.
Elias tomó el documento con calma.
—No —respondió—. Es un comienzo.
Lo cerró sin prisa, como si aquello ya estuviera decidido desde antes.
Luego sacó otro archivo.
Más grueso.
Más detallado.
Lo dejó frente a ella.
—Ahora empiezan las reglas.
Sienna no se sentó.
Pero lo abrió.
Leía rápido.
Analizando.
—Residencia principal... —murmuró—. Penthouse Valli.
Pasó la página.
—Apariciones públicas obligatorias.
Otra.
—Eventos privados, cenas, reuniones estratégicas...
Sus ojos se detuvieron un segundo.
—Horarios.
Elias la observaba en silencio.
—Y sobre todo "felicidad".
Sienna cerró el documento.
—Esto no estaba en el contrato.
—No —respondió él con calma—. Pero es necesario.
Ella lo miró.
—¿Necesario para quién?
Elias dio un paso hacia ella.
—Para que funcione a la perfección.
El aire se tensó.
—No puedes desaparecer cuando quieras —continuó él—. No puedes actuar como si esto fuera opcional. Y no puedes contradecirme al menos que quieras.
Sienna sostuvo su mirada.
No retrocedió solo le miro.
Pero tampoco discutió de inmediato.
—Entiendo la imagen —dijo finalmente—. No soy estúpida.
Elias inclinó levemente la cabeza.
—Me alegra oír eso.
—Pero no esperes obediencia ciega.
Silencio.
Elias la observó unos segundos más.
—No la necesito.
Pausa.
—Necesito resultados.
Eso la hizo guardar silencio.
Porque sabía que tenía razón.
Elias tomó el documento y señaló una línea.
—Mañana te mudas.
—Puedo encargarme sola.
—No.
Seco.
Sin discusión.
—Mi equipo y yo nos encargaremos.
Sienna apretó la mandíbula apenas.
—No necesito un escolta.
—Ahora sí.
Directo.
—No eres solo Sienna Smith.
Pausa.
—Ahora eres parte de algo más grande.
Eso le molestó.
Pero no respondió.
Elias se acercó lo suficiente para invadir su espacio.
—Y algo más vulnerable.
Esa palabra quedó flotando.
Sienna no apartó la mirada.
—estas equivocado.
Elias sonrió apenas.
—Eso lo veremos.
Se alejó un paso.
Recuperando distancia.
—Salimos en diez minutos.
Sienna frunció el ceño.
—¿A dónde?
—A casa.
Eso la hizo detenerse un segundo.
—No dijiste que era mañana.
—Cambié de opinión.
El cuarto se puso en silencio.
Sienna lo miró.
Evaluándolo.
—Te gusta mover las piezas rápido.
—Me gusta no perder tiempo en cosas insignificantes.
Pausa.
—Y no darte espacio para cambiar de idea.
Eso casi la hace sonreír.
—No lo podría hacer.
—Lo sé te logre estudiar bien.
El tono de Elias fue bajo mientras la miraba.
Seguro.
Demasiado seguro.
Sienna cerró el documento y lo dejó sobre la mesa.
—Entonces no deberías preocuparte por nada "amor".
Elias no respondió solo le quedo mirando con fascinación.
Solo la observó y no dijo nada más.
Como si estuviera calculando algo más.
Algo que ella aún no veía.
—Prepárate —dijo finalmente.
Sienna caminó hacia la puerta.
Pero antes de salir, se detuvo.
No se giró completamente.
—Esto no te hace dueño de mí "mi vida".
Silencio.
Elias no se movió solo la miro con fascinación y estudiándola.
—No —respondió—. Pero me da control suficiente para poder hacer lo mejor.
Esa respuesta fue honesta.
Y peligrosa.
Sienna asintió apenas.
Aceptándolo... por ahora.
Luego salió.
La puerta se cerró con un sonido seco.
El final de la noche.
O el inicio de algo peor.
Elias se quedó solo en la habitación.
Miró el contrato.
Luego la pluma.
Y finalmente la puerta por la que ella había salido.
No parecía preocupado.
Pero tampoco relajado.
Porque ahora entendía algo con claridad:
Sienna no era un problema resuelto.
Era un riesgo.
Uno que había decidido tomar.
Y que, tarde o temprano...
iba a intentar romper cada una de sus reglas.
Elias sonrió levemente.
—Perfecto...no es buena pero tampoco mala para este juego
Porque eso hacía todo más interesante.




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