El aire no volvió a la normalidad en medio del beso.
Se quedó ahí.
Pesado.
Estudiándose el uno al otro mientras se besaban.
Como si ninguno de los dos estuviera dispuesto a romper ese momento… pero tampoco a cederlo.
Sienna no retrocedió.
Elias tampoco.
Sus manos seguían cerca, su respiración próxima, demasiado marcada.
—Eso no cambia nada… —murmuró ella, aunque su voz no salió tan firme como quería.
Elias inclinó ligeramente la cabeza, observándola como si acabara de descubrir algo interesante.
—Lo sé.
Pero no se apartó.
Su mano encontró la cintura de Sienna, firme… pero sin dejar espacio para dudas.
Le levanto y le coloco contra la mesa arruinando todo a su alrededor y rompiendo la perfección de las cosas.
Ella no lo detuvo.
Tampoco lo permitió del todo.
Se mantuvo ahí.
En ese punto peligroso donde ninguno pierde… pero ninguno gana.
—Estás cruzando una línea —dijo ella en voz baja.
—No —respondió él, acercándose apenas—. Estoy viendo hasta dónde puedes llegar.
El silencio entre ellos volvió a tensarse.
Sienna apoyó las manos en la mesa detrás de ella, sosteniendo la distancia mínima que quedaba.
—Te estás confundiendo.
—No suelo hacerlo.
Elias no apartaba de sus labios y Sienna tampoco.
La estudiaba.
Como si intentara descifrarla en ese mismo instante.
—Esto no es control —añadió ella—. Es impulso.
Eso hizo que él sonriera apenas.
—¿Y te molesta?
Sienna sostuvo su beso con más impulso.
—Me aburre.
En ese instante coloco sus manos detrás de su espalda besándolo con más intensidad
Mentía.
Y él lo sabía.
Se notó en la forma en que su mano se tensó levemente en su cintura.
No fue demasiado brusco.
Pero fue suficiente.
El límite entre ellos desapareció.
—Entonces detenme —murmuró él.
El desafío empezó.
Directo.
Sin disfraz.
Sienna no respondió de inmediato.
Sus dedos se aferraron en el un segundo más.
Luego…
—No eres tan importante como crees.
Pero no se apartó.
Elías bajó la mirada un segundo… y luego volvió a sus ojos.
—Eso no es lo que estás demostrando.
El ambiente se volvió más denso.
Más peligroso.
Más difícil de ignorar.
Empezaron a desvestirse poco a poco.
Y entonces—
La puerta se abrió de golpe.
—Señor Valli.
Ambos se separaron lo justo.
No como si hubieran sido interrumpidos…
sino como si simplemente hubieran decidido detenerse.
El hombre de seguridad dudó un segundo ante de continuar.
—Tenemos un problema.
Elias no miró a Sienna.
—Habla.
—Uno de los bancos principales acaba de bloquear una parte de los activos que se movieron esta mañana.
Silencio.
Sienna reaccionó primero.
—¿Qué?
El guardia continuó.
—No solo eso… hay una investigación abierta. Alguien filtró información sobre la inversión anterior.
Eso cambió todo.
Elias se giró completamente.
—¿Quién?
—Aún no lo sabemos.
Elias se paró por completo se colocó y abrocho correctamente la camisa
Sienna soltó una risa baja, sin humor acostada en la mesa
—Claro que sí.
Ambos sabían lo que significaba.
Esto no era un error.
Era un ataque.
—Alguien quiere vernos caer antes de que esto empiece —dijo ella, cruzándose de brazos.
Elias la miró.
Evaluándola.
—O alguien no está contento con que trabajemos juntos.
Sienna sostuvo su mirada.
—¿Crees que fui yo?
—Creo que todos aquí tienen razones para traicionar.
Silencio desafiante.
El aire se tensó.
—Incluyéndote —añadió ella.
Elias sonrió apenas.
—Especialmente yo.
El ambiente cambió completamente.
Lo que antes era tensión física…
ahora era estrategia.
Guerra entre entidades desconocidas.
—Necesito nombres —dijo Elias al guardia—. Y quiero saber quién se benefició primero de este movimiento.
—Sí, señor.
La puerta se cerró.
Y el silencio volvió.
Pero ya no era el mismo.
Sienna se alejó de la mesa lentamente.
—Esto no es coincidencia.
—No.
—Entonces alguien está jugando antes que nosotros.
Elias caminó hacia el escritorio, tomando su teléfono.
—Entonces vamos tarde.
Sienna lo observó.
—¿Y qué haces cuando alguien se adelanta?
Elias levantó la mirada.
Fría.
Precisa.
—Le quito la ventaja.
Eso hizo que Sienna sonriera levemente.
—Bien… tal como pense.
Pausa.
—Porque no pienso perder otra vez.
Elias la miró un segundo más.
Y por primera vez desde que empezó todo…
no respondió de inmediato.
Porque ahora había algo diferente.
Algo que no estaba en el contrato.
Ni en el plan.
Confianza… no.
Pero algo parecido.
Peligroso.
—Entonces será mejor que empieces a jugar en serio —dijo finalmente.
Sienna se giró hacia la salida.
—Nunca dejé de hacerlo.
Y esta vez…
no hubo beso.
No hubo cercanía.
Solo una verdad clara:
Esto ya no era un trato.
Era una guerra.
Y alguien más…
Sienna no se movió de inmediato.
Sus ojos seguían en él, analizando cada gesto, cada palabra, cada pausa.
—No eres el único que sabe jugar este tipo de juegos, Elias… —dijo finalmente, con una calma que contrastaba con lo que acababa de pasar—. Solo que tú estás acostumbrado a que nadie te cuestione.
Elias no respondió.
La observó.
Esperando.
—Puedo ayudarte —continuó ella, incorporándose lentamente de la mesa, sin prisa—. No soy tan mala en esto como crees.
El silencio no fue incómodo.
Fue medido.
—No necesito ayuda —respondió él.
Sienna sonrió apenas.
—No, claro que no… —dio un paso hacia él—. Pero la estás aceptando desde el momento en que me trajiste aquí.
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Editado: 29.04.2026