El zumbido constante de los ventiladores en el techo acompañaba el murmullo de las conversaciones en el área de descanso. Bruce se inclinó sobre la máquina de café, esperando que la amarga bebida lo despertara lo suficiente como para afrontar otra jornada. Había pasado las últimas semanas afinando los detalles de su proyecto más ambicioso, y el cansancio comenzaba a notarse en su rostro.
—Así que... ¿Ya te asignaron un ingeniero?— La voz de Peter, un compañero más veterano, rompió el silencio entre ambos. Era un hombre de mediana edad, relajado, pero con la mirada sagaz de alguien que había visto demasiado en Teison Technology.
Bruce suspiró mientras tomaba el café.
—Todavía no. Hace dos días me llegó la confirmación de que mañana conocería a quien se encargará de la fase final. Supongo que es alguien nuevo en la empresa o al menos alguien que no me conoce demasiado.
Peter dejó escapar una risa seca y se cruzó de brazos.
—Es curioso que nunca trabajes con el mismo equipo, ¿lo sabías? La mayoría de los desarrolladores aquí tienen su grupo de ingenieros de confianza, pero contigo siempre parece que rotan.
Bruce frunció el ceño y tomó un sorbo de café.
—Es una coincidencia, nada más. Mis proyectos son distintos entre sí, y supongo que Recursos Humanos asigna a quien creen mejor capacitado para cada uno.
—¿Coincidencia?— Peter arqueó una ceja, divertido. —No lo creo. Escucha, no es que seas mal tipo, Bruce, pero tienes un... estilo de trabajo.
—¿Un estilo de trabajo?— Bruce repitió las palabras con incredulidad.—¿Y eso qué significa exactamente?
—Significa que eres estricto. Demasiado.— respondió Peter con una sonrisa ladeada. —Teison tiene muchos genios, pero incluso los genios necesitan respirar de vez en cuando. Si quieres un consejo, relájate un poco con esta nueva persona. Quienquiera que sea, tal vez te sorprenda.
Bruce se encogió de hombros, aunque la observación de Peter lo dejó inquieto. Sabía que era exigente, pero no pensaba que su carácter pudiera influir tanto en las asignaciones. Tal vez este ingeniero nuevo sería diferente. Tal vez no duraría. O tal vez, esta vez, las cosas tomarían un rumbo inesperado.
Mientras Peter volvía a su escritorio, Bruce se quedó en el área de descanso, mirando fijamente su taza de café. Mañana comenzaría una nueva etapa en su proyecto. Una nueva colaboración, una nueva persona. Y aunque no quería admitirlo, una pequeña parte de él sentía curiosidad por lo que esa persona podría aportar.
El día laboral de Bruce comenzaba en su oficina, un espacio limpio y organizado al extremo. Los planos digitales de su proyecto estaban desplegados en varias pantallas flotantes que llenaban una pared entera. Bruce trabajaba metódicamente, revisando cada detalle con una precisión que rayaba en la obsesión. Su calendario estaba lleno de reuniones técnicas, aunque prefería evitarlas siempre que podía. No era alguien que perdiera el tiempo en charlas innecesarias.
Cuando interactuaba con sus compañeros, su tono era directo, casi cortante. No era por falta de respeto, sino porque Bruce consideraba que cada minuto malgastado era un minuto que podría dedicar a perfeccionar su trabajo. Muchos lo respetaban por su inteligencia y dedicación, pero pocos lo buscaban para una conversación casual.
Durante el almuerzo, se sentó solo en una mesa en la esquina de la cafetería, con su tablet frente a él. Revisaba códigos y simulaciones mientras masticaba sin prestar atención al sabor de la comida. Aunque algunos compañeros intentaban incluirlo en sus conversaciones, Bruce solía esquivarlas con respuestas cortas o una excusa rápida para volver a su oficina.
El resto del día transcurrió de forma similar. Entre revisiones de datos, llamadas técnicas y ajustes en los diseños, el tiempo pareció desvanecerse. A las 7:00 p.m., la mayoría de los empleados había dejado el edificio, pero Bruce seguía en su oficina. La luz artificial iluminaba su rostro mientras sus dedos se movían rápido sobre el teclado. En la pantalla, una simulación corría por tercera vez.
—Un par de ajustes más.— murmuró para sí mismo. La concentración lo envolvía de tal forma que apenas se daba cuenta de lo vacío que estaba el piso. Solo cuando el cansancio comenzó a pesarle en los ojos, se permitió detenerse. Apagó las pantallas, recogiendo sus notas y cerrando el portátil con cuidado.
Mientras salía del edificio, con el eco de sus pasos resonando en los pasillos, se dio cuenta de que estaba pensando en el día siguiente. El nuevo ingeniero que llegaría. En si esta vez las cosas serían diferentes.
Y, por primera vez en mucho tiempo, sintió una pizca de incertidumbre que no podía ignorar.
La alarma sonó tarde esa mañana. Muy tarde. Bruce se despertó de un salto, mirando el reloj con incredulidad. Había apagado el despertador sin darse cuenta, y ahora estaba al borde de llegar demasiado tarde a la oficina. En un torbellino de movimiento, se vistió, agarró su mochila y salió de su apartamento sin siquiera tomarse un café.
Cuando finalmente llegó a Teison Technology, el reloj marcaba las diez y cuarto de la mañana. Bruce intentó mantener la compostura mientras atravesaba el vestíbulo. Actuaba como si nada estuviera fuera de lo normal, pero no pudo evitar notar las miradas curiosas y los murmullos de sus compañeros. Algo estaba sucediendo, pero no tenía idea de qué.