El precio de su apellido

Prólogo

Estoy de pie frente al espejo del cuarto que dejará de ser mío en menos de una hora, y no reconozco a la mujer que me devuelve la mirada. Lleva mi vestido. Lleva mi nombre. Pero no lleva mi decisión.

Abajo, mi padre firma papeles que no debería firmar. Arriba, yo me pongo un vestido que no debería ponerme. Y en algún lugar de esta ciudad, Draco Marchetti espera, con esa paciencia fría que solo tienen los hombres que ya saben cómo termina la historia.

No me casa por amor. No me casa por venganza, aunque durante meses creí que sí. Me casa porque decidió, hace mucho tiempo, que yo le pertenezco. Y los hombres como él no piden. Cobran.

Bajo la escalera con la espalda recta y el corazón en la garganta, pensando que todavía puedo elegir. Que todavía hay una salida.

No la hay. Nunca la hubo.

La puerta se abre. Draco levanta la vista.

Y por primera vez, entiendo que no estoy caminando hacia mi boda.

Estoy caminando hacia él.




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