El precio de su Sangre

CAPÍTULO 1. El colapso de su mundo.

Capítulo 1

El Colapso de su Mundo.

La risa escandalosa de Anny llenaba todo el lugar. Con su vestido rosa y una corona de princesa sobre su cabeza, corría por el césped del parque celebrando sus cinco años.

Alexa la observaba desde la banca, sintiendo una paz que le había costado seis años construir. Pero esa felicidad comenzaba a sentirse como un cristal delgado, a punto de romperse.

—¡Mamá, mira! —gritó la pequeña, deteniéndose en seco.

Alexa se levantó de inmediato. El tono de Anny no era de alegría, sino de desconcierto. Cuando la niña se giró, el corazón de Alexa dio un vuelco.

Un hilo de sangre espesa brotaba de la nariz de Anny, manchando su vestido, sus manos y el césped.

—No pasa nada, mi amor. Debe ser el calor —mintió Alexa, corriendo hacia ella, sacando pañuelos desechables con manos temblorosas. Intentó presionar el tabique de la niña, pero la sangre no cedía; parecía decidida a abandonar su pequeño cuerpo.

El pañuelo se empapó en segundos. La sangre fluía con una libertad aterradora. El rostro de Anny se volvió pálido en cuestiones de segundos, quizás por el miedo, o algo más. Sus ojos se pusieron en blanco y sus rodillas cedieron.

—¿Anny? ¡Anny! Por favor respira hondo —rogaba Alexa, aunque el pánico le cerraba la garganta.

​—¡Ayuda! ¡Por favor, alguien que me ayude!

El grito de Alexa desgarró el aire mientras sostenía el cuerpo inerte de su hija. El mundo, tal como lo conocía, se detuvo en ese instante.

Ahora, el olor a antiséptico y el zumbido de las máquinas eran su nueva realidad. Alexa no se había movido de la sala de espera hasta que el doctor Méndez llegó con una carpeta en la mano. Su expresión era la de un hombre que odiaba su trabajo.

—Señora Rivas, tengo los resultados —dijo el médico sin rodeos—. Anny padece de Anemia Aplásica Severa.

Alexa parpadeó, confundida.

—¿Qué significa eso? Solo fue una hemorragia, ¿no es así?. Producto de la agitación y el calor. Denle vitaminas, hierro, lo que sea…

—No es un problema de nutrición, Alexa. Significa que su médula ósea ha dejado de producir sangre. Está vacía —explicó él, con dureza—. La niña no tiene defensas ni plaquetas. Su propio cuerpo es una bomba de tiempo. Ahora mismo, cualquier herida o infección mínima podría matarla.

Alexa sintió un vacío en el estómago. El mundo se le vino abajo junto a esas palabras.

—Dígame qué hay que hacer. Venda mi casa, mis órganos, lo que sea necesario. Pero salve a mi hija. Por favor.

—Necesita un trasplante de médula ósea de inmediato. Es su única oportunidad de supervivencia.

Las horas siguientes fueron un infierno de agujas y análisis de sangre. Alexa no dudó un segundo en ofrecerse. "Soy su madre", pensaba con desesperación, "mi sangre es su sangre".

Pero la ciencia no entiende lo que es el amor incondicional de una madre que está dispuesta a darlo todo por su hija.

—No somos compatibles, ¿verdad? —preguntó Alexa al ver la cara del doctor.

La esperanza es lo último que muere, pero esa tarde, Alexa la vio agonizar.

—Usted es compatible solo al cincuenta por ciento. Es lo que llamamos un trasplante haploidéntico. En su estado, tendría un riesgo de rechazo casi total. El cuerpo de Anny está demasiado débil para una apuesta tan arriesgada. Necesitamos una compatibilidad del cien por ciento.

—¿Dónde lo consigo? —preguntó ella con la voz quebrada. No podía rendirse, jamás lo haría.

—En el padre biológico. Genéticamente, él es nuestra última esperanza. Si él es compatible al cien por ciento, Anny se salvará. De lo contrario…

El médico no terminó la frase, no hacía falta que lo hiciera.

​—El padre... —susurró Alexa.

​—Sé que no está en la ficha de la niña, Alexa, pero es cuestión de vida o muerte. Si ese hombre existe, tienes que encontrarlo. Su sangre es la única esperanza que Anny tiene en este momento.

Alexa regresó a la habitación de Anny. La niña dormía, conectada a bolsas de fluidos que la mantenían con vida artificialmente.

Con manos temblorosas, Alexa buscó en el fondo de su bolso y sacó una cadena de plata que sostenía un anillo fino de oro blanco. Un objeto que representaba la noche más hermosa de su vida y, al mismo tiempo, su mayor error.

Recordó el rostro de aquel hombre: frío, imponente, con esos ojos grises que parecían ver a través de ella. El hombre que la amó por una noche y la condenó a una vida entera de exilio.

—Juré que nunca volvería a pronunciar tu nombre —susurró Alexa, apretando el anillo en su puño cerrado—. Juré que nunca permitiría que supieras de la existencia de mi hija.

Miró el monitor cardíaco de su hija. El pitido era débil, recordándole que el tiempo se agotaba lentamente.

—Perdóname, Anny.

Alexa se puso de pie y se limpió las lágrimas con un gesto decidido.

La mujer asustada que había huido hace seis años para salvar a su hija, había muerto; ahora solo quedaba una mujer dispuesta a entrar en la boca del lobo.

—Tendré que buscar al hombre que juré olvidar. Y va a darme su maldita médula así tenga que quemar su imperio.

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Saluditos, mis amores.
Gracias por acompañarme en esta nueva aventura. Espero les guste muchísimo 🤗

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