El precio de su Sangre

CAPÍTULO 7. Resultados de Paternidad.

Capítulo 7

Resultados de Paternidad.

Anny fue estabilizada mediante antibióticos endovenosos, quedando sumida en un sueño profundo inducido por los mismos fármacos. Pero el caos había dejado a todos en alerta al otro lado de la puerta.

En la sala de espera privada contigua a la suite, el silencio regresó con una pesadez asfixiante.

Alexa, con las manos aún temblando por el miedo de perder a su hija, se acercó a Vincent sin decir una sola palabra y le extendió el sobre del laboratorio.

Vincent lo tomó. Sus ojos grises se enfocaron el documento hasta detenerse en la cifra impresa en negrita:

"Probabilidad de paternidad: 99.9%".

Vincent apretó el papel en su puño. La certeza era un ancla que lo hundía en su propia culpa.

Antes de que pudiera articular palabra, las puertas dobles de la sala de espera se abrieron de golpe. Don Rafael Blake entró con su bastón de empuñadura de plata, golpeando el suelo con autoridad.

Su rostro, habitualmente severo, mostraba las huellas de la alarma tras el escándalo de la catedral.

—Dime que lo que dice la prensa no es cierto, Vincent —exigió el viejo patriarca, pero sus palabras se congelaron cuando su mirada se desvió a través del cristal de la Suite 103.

Ver a la pequeña Anny en la cama, incluso sedada, fue suficiente. El parecido genético de los Blake no dejaba margen a la duda.

Don Rafael caminó hacia la suite con pasos que perdieron toda la rigidez que conservaban. Al entrar, se sentó al lado de la camilla con una fragilidad que Vincent jamás le había visto.

El anciano tomó la mano de la niña y, por primera vez en décadas, las lágrimas rodaron por sus mejillas.

—Pequeña... mi pequeña —susurró Rafael, con la voz quebrada de alegría y tristeza—. Te prometo que saldrás de aquí. Moveré el cielo y la tierra, pero vas a vivir. Lo juro.

Después de un rato, Don Rafael se puso de pie, recuperando su postura imponente, y salió de la habitación directo hacia su hijo. Su bastón impactó contra el piso, cerca de los zapatos de Vincent.

—¡Eres un imbécil arrogante! —le dijo el anciano, dándole un severo regaño que hizo eco en el pasillo—. ¿Cómo pudiste dejar a tu propia hija desamparada en la miseria? ¡Tu ceguera y tu estúpido orgullo por el pasado casi matan a mi nieta!

Vincent apretó los dientes, tragándose la reprimenda sin defenderse.

—Esto se va a arreglar a la manera de los Blake —sentenció Rafael, acomodándose el saco—. No habrá un solo hijo bastardo en esta familia. Tendrás que casarte con la madre de la niña.

Vincent abrió los ojos como platos, dando un paso al frente.

—¡No! No voy a casarme por obligación, ya cancelé una boda hoy.

En una esquina de la sala, Alexa, que intentaba calmar sus nervios tomando un sorbo de agua de un vaso de plástico, se ahogó por completo, tosiento con fuerza ante la locura que acababa de escuchar.

—Nadie me ha preguntado si yo quiero casarme —logró decir Alexa, limpiándose los labios—. Solo vine aquí por la cura para mi hija, no por su apellido.

Don Rafael la miró con respeto, pero luego clavó sus ojos ardiendo de rabia en su hijo mayor. Su voz bajó a un tono peligroso.

—Si tanto te cuesta cumplir con tu rol de padre, Vincent, no me dejas otra opción. Dominic regresó del extranjero. Si tú te niegas, ella se casará con tu hermano. Y Dominic presentará a la niña como suya. Decide ahora.

El aire en la habitación pareció extinguirse. La sola mención de Dominic, su gemelo y eterno rival, hizo que la mandíbula de Vincent se tensara al punto de crujir. La idea de ver a otra persona, especialmente a él, criando a su hija junto a Alexa, le provocó una furia posesiva que le quemaba las venas.

Vincent ignoró a su padre y caminó directo hacia Alexa, acorralándola con su imponente presencia. Sus ojos grises destellaban una fijeza letal.

—Nadie toca lo que es mío —sentenció Vincent en un murmullo gélido, dirigido exclusivamente a ella—. Seré el donante esta misma tarde. Iré a hacerme las pruebas de compatibilidad.

Vincent dio media vuelta y salió de la UCI con pasos firmes, dejando a Alexa con el corazón desbocado, pero con un alivio profundo en su pecho.

Al menos, el tratamiento de su hija ya estaba en marcha.

Pasaron tres horas de tensa calma. Don Rafael se había retirado a coordinar los detalles del trasplante de Anny, mientras que Alexa permanecía sentada junto a la cama de la niña, sosteniendo su mano y velando su sueño.

La puerta de la suite se abrió lentamente. El hematólogo jefe de la clínica entró, seguido por el médico de confianza de la familia Blake.

Vincent entró poco después. Al ver la cara de los doctores, se detuvo en seco frente a Alexa, cruzándose de brazos.

—¿Y bien? —preguntó Vincent con su habitual tono cortante—. ¿Ya prepararon el quirófano? ¿Qué eseran para extraer la médula?

El hematólogo jefe miró el informe impreso en sus manos y luego levantó la vista hacia el magnate, tragando saliva con evidente dificultad.

—Señor Blake... tenemos un problema extremadamente grave con sus resultados de compatibilidad.




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