El precio de su Sangre

CAPÍTULO 12. Secretos peligrosos.

Capítulo 12

Secretos peligrosos.

La mansión de Dominic se alzaba en lo más apartado de una residencia lujosa a las afueras de la ciudad. Al cruzar la entrada principal, Alexa sintió que el aire se volvía denso y pesado, impregnado de un silencio asfixiante.

El diseño interior era imponente: mármol negro pulido, techos altos y grandes ventanales que daban a un jardín bien cuidado, oculto tras las pesadas cortinas de terciopelo. No había calidez en ningún rincón, solo una opulencia calculada para intimidar.

Dominic caminó por el vestíbulo sin mirarla, con una elegancia semejante a la de su gemelo, y se detuvo al inicio de una imponente escalera de caracol.

—Tu habitación está en el segundo piso, justo frente a la mía —dijo Dominic, girándose lentamente para clavar sus ojos oscuros en ella—. Considera esto tu nuevo hogar por las próximas semanas.

Alexa apretó la tarjeta de crédito de Vincent dentro de su bolsillo, buscando anclarse a la realidad en medio de esa pesadilla.

—Mañana iremos al hospital, ¿no? —exigió saber, manteniendo la voz lo más firme posible—. Cumpliré con tu encierro, pero mi hija necesita esa médula ósea de inmediato.

—Mañana firmaré el consentimiento, no te preocupes. Soy un hombre de palabra —respondió él con una sonrisa apenas visible—. Pero mientras estés bajo mi techo, hay reglas estrictas que debes seguir. Primera: está totalmente prohibido contactar a mi gemelo. Si descubro que lo llamas o le envías un mensaje, el trato se rompe y me largo del país. Segunda: no podrás salir de esta casa sin mi permiso. Cada paso que des, cada habitación que visites, debes consultarlo conmigo primero.

Alexa tragó saliva con dificultad, procesando sus demandas. Creía que Dominic intentaría propasarse con ella, que buscaría usar la fuerza para cobrarse el favor, pero su actitud era distinta. Él no buscaba sexo, al menos no todavía.

Sus intenciones eran mucho más perversas, quería torturar a su hermano psicológicamente a través de ella.

Sabía perfectamente que tenerla cautiva, inaccesible y bajo sus reglas destrozaría el control y el orgullo de Vincent.

Mientras subía las escaleras hacia la habitación asignada, Alexa alzó la vista y notó que en la esquina del techo había una cámara de seguridad oculta entre las molduras.

Al detallar los pasillos con más atención, se dio cuenta de que el lugar estaba plagado de ellas. Había cámaras vigilando cada esquina, cada puerta, cada rincón.

En ese instante entendió que esa casa era una jaula de oro y ella era el cebo perfecto. Dominic no solo la vigilaba a ella; estaba preparando el escenario para torturar a Vincent desde la distancia, sabiendo que su gemelo movería cielo y tierra por saber qué ocurría dentro de esas paredes.

Pasada la medianoche, la casa quedó sumergida en una quietud absoluta. Alexa no había podido pegar un ojo, abrumada por la ansiedad sobre la salud de Anny y el peso de su propia decisión.

Necesitaba aire, pero sobre todo, necesitaba respuestas. El odio entre Vincent y Dominic era demasiado grande, una guerra sin tregua que iba más allá de la ambición empresarial.

Salió de la habitación con pasos sigilosos, cuidando de no hacer ruido por el pasillo. Al avanzar hacia el final del corredor del segundo piso, notó un destello de luz que se filtraba por una puerta entreabierta. Era el despacho de Dominic.

Con el corazón latiéndole a mil por horas y consciente de las cámaras y la advertencia de Dominic, Alexa entró en el despacho.

Caminó directo hacia el escritorio, buscando cualquier pista, cualquier señal que le hiciera entender por qué los hermanos se odiaban a muerte.

Entre unos archivadores de cuero, un portarretratos de plata colocado boca abajo captó su atención. Alexa lo levantó con cuidado.

Era él retrato de una mujer joven y hermosa, de cabello claro y facciones delicadas. Sin embargo, lo que más impactó a Alexa fue su mirada: unos ojos fijos que transmitían una profunda tristeza. Alexa le dio la vuelta al portarretratos. En el reverso estaba escrito su nombre. Samanta.

—Es una lástima, ¿no crees?

La voz de Dominic resonó desde la entrada, haciéndola dar un brinco del susto. Alexa dejó caer el portarretratos sobre el escritorio, girándose rápidamente para encontrar al gemelo apoyado en el marco de la puerta, observándola con una frialdad que le congeló la sangre en segundos.

No parecía enfadado por la invasión a su privacidad, sino extrañamente complacido.

Dominic caminó lentamente hacia ella, arrebatándole el cuadro de las manos para observar la imagen de la mujer.

—Esa mujer murió por culpa de la arrogancia de mi hermano —sentenció Dominic, con una voz ronca—. Es la mujer que Vincent amó antes de conocerte a ti... No dejes que te pase lo mismo.

Alexa se quedó sin aliento, sintiendo un vacío en el estómago. Miró la fotografía y luego a Dominic, dándose cuenta de que había muchas cosas del pasado de Vincent que desconocía por completo, y que sus secretos eran mucho más oscuros y peligrosos de lo que jamás imaginó.




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