Capítulo 15
Manipulación.
Mientras Alexa firmaba la salida de Dominic en la recepción, una mujer vestida con traje oscuro interceptó su silla de ruedas en un pasillo discreto y poco iluminado.
Irina se quitó las gafas oscuras, mostrando una sonrisa calculadora, mientras Dominic apenas le dio una mirada despectiva.
Sin decir una sola palabra, giró la pantalla de su celular para obligarlo a mirar.
Era una fotografía de Vincent y Alexa en la sala de espera, a escasos centímetros el uno del otro, envueltos en un ambiente tan íntimo que traspasaba la imagen.
Las venas en el cuello de Dominic se marcaron al instante al recordar que hace apenas un instante los consiguió besándose.
Él no se las dejaría fácil. No permitiría que su hermano sea feliz. No mientras él no pueda serlo.
La furia endureció sus facciones al ver cómo su gemelo seguía merodeando lo que ahora, por contrato, le pertenecía.
—Es patético ver cómo se buscan, ¿no te crees? —murmuró Irina, guardando el celular—. Pero tengo un plan que nos beneficia a los dos. Yo quiero a Vincent de vuelta, y tú quieres destruir a tu hermano. Solo debemos hacer que suceda.
Dominic entrecerró los ojos, evaluándola con desconfianza.
—¿Que sugieres? —preguntó, serio.
—Tú tienes que hacer que Vincent crea que Alexa y tú tienen algo de verdad —respondió Irina, acercándose un poco, bajando la voz—. Y yo, me encargaré de corroborarlo. Solo así podremos separarlos.
Una sonrisa se dibujó en el rostro de Dominic. Sabía que tenía la balanza inclinada a favor.
El regreso a casa marcó el inicio del teatro. Al bajar del vehículo, el comportamiento de Dominic dio un giro radical. Bajo el alcance de las cámaras de seguridad de la calle —esas que sabía perfectamente que Vincent ya había hackeado—, comenzó a actuar de forma extrañamente amable y protectora con Alexa.
Una vez dentro de la casa, no le dio tiempo de refugiarse en su habitación.
—Acompáñame, necesito tomar aire fresco —le dijo Dominic en voz baja, pero con un agarre firme en su antebrazo.
La guió al balcón principal de la planta alta. Alexa intentó soltarse de su agarre, pero él fue más rápido.
Sabiendo exactamente cuál era el ángulo perfecto para las cámaras exteriores, Dominic se paró justo detrás de ella.
Con un movimiento rápido, rodeó a Alexa por la cintura pegando su cuerpo al de ella.
Alexa se quedó paralizada por el desconcierto. Dominic hundió el rostro en su cuello, rozando su piel.
—¡Suéltame! No te confundas... yo.
—Tu amas a mi hermano —la interrumpió Dominic—. Lo sé. ¡Pero ahora me perteneces y harás lo que te pida!
Desde el ángulo de la cámara no parecía un forcejeo en lo absoluto, sino un momento íntimo de profunda entrega entre los dos.
A kilómetros de allí, en el último piso de la torre corporativa Blake, el mundo de Vincent se vino abajo.
De pie frente a los múltiples monitores de su oficina, observaba en vivo la transmisión de las cámaras frente a esa casa. Sus ojos grises se fijaron en la pantalla central, donde se veía a Dominic abrazando a Alexa por la espalda.
Vincent vio cómo su hermano le daba un beso en el cuello a la mujer que él amaba, cómo las manos de Dominic se aferraban a las caderas de Alexa, apropiándose de ella con total libertad.
Los celos y la impotencia lo golpearon con la fuerza de un huracán.
Le faltó el aire y una opresión asfixiante le aplastó el pecho, pero no gritó. No destrozó el escritorio ni lanzó los monitores contra la pared.
Su furia mutó a algo mucho más letal. Algo oscuro, calculador y despiadado.
Se sentó lentamente, tomó el teléfono y marcó el número de su jefe de operaciones.
—Cancela ahora mismo los contratos de suministro que las empresas de Dominic tienen en la ciudad —ordenó Vincent, con una voz tan baja y fría que helaba la sangre—. Bloquea sus exportaciones. Que no le pase ni un solo cargamento.
Le advirtió que lo destruiría si se atrevía a tocarla y ahora iba a asfixiarlo en silencio. Lo dejaría sin un solo centavo antes del amanecer.
La puerta de la oficina se abrió sin que nadie se anunciara. Irina entró con pasos lentos, aprovechando la soledad de Vincent.
Al verlo en silencio, recargado en su asiento y con la guardia baja, supo que era su momento.
Se acercó por detrás y deslizó sus manos por los hombros tensos del magnate, acariciando su cuello en un claro intento de seducción.
Vincent, exhausto y cegado por los celos, cerró los ojos por un instante.
Se dejó llevar por su tacto e imaginó por un segundo que era Alexa quien estaba allí, buscando reconfortarlo, volviendo a él.
Pero su perfume floral y empalagoso le hizo abrir los ojos de golpe y, con un movimiento brusco y lleno de asco, la apartó de un tirón.
Se puso de pie y la miró con desprecio.
—Si vuelves a tocarme, Irina... haré que tú y toda tu familia terminen en la calle. Nuestro compromiso se acabó, ya no tienes que fingir que me quieres, tu cercanía siempre fue por interés. Vete y no vuelvas a pisar mi oficina. No tienes ningún derecho de estar aquí. ¡Lárgate!