El precio de su Sangre

CAPÍTULO 16. El Misterio del pasado.

Capítulo 16

El Misterio del Pasado.

La luz tenue de la mañana se filtraba por los ventanales de la clínica. En la suite de cuidados intensivos, el ambiente cargado de angustia de los últimos días se disipó en un segundo cuando el señor Vicente, el imponente patriarca de los Blake, cruzó la puerta.

El anciano, de mirada severa y andar firme a pesar de los años, se detuvo junto a la cama de su bisnieta. No le tomó mucho tiempo notar la tensión que se dispersaba en el aire; la ausencia de Alexa y el despliegue de seguridad en los pasillos del piso catorce eran señales claras de que una guerra silenciosa se libraba a espaldas de la pequeña.

De pronto, un pitido diferente de los monitores médicos rompió la quietud. Anny abrió lentamente los ojos, parpadeando ante la claridad de la habitación. El médico de guardia entró de inmediato para revisar las lecturas de los análisis de laboratorio que acababan de llegar.

—Es increíble... los niveles sanguíneos están empezando a subir de forma constante —anunció el doctor, con una mezcla de asombro y alivio—. El cuerpo de la niña está respondiendo con una fuerza extraordinaria. Es un milagro.

El abuelo Vicente suspiró profundamente, sintiendo un peso enorme desprenderse de sus hombros.

Sin embargo, la alegría por la milagrosa recuperación de la niña no borró la preocupación de su rostro. Sabía perfectamente que, mientras la pequeña ganaba la batalla por su vida, sus nietos estaban a punto de destruirse mutuamente.

Decidido a frenar la tormenta antes de que fuera demasiado tarde, el anciano abandonó la suite de inmediato y ordenó a su chofer que lo llevara a la torre corporativa Blake. Tenía que hablar con Vincent y detener la guerra.

En el último piso del rascacielos, el panorama era sombrío. Vincent permanecía de pie frente al inmenso ventanal de su oficina, con la mandíbula apretada y la mirada fija en la inmensidad de la ciudad.

No había dormido nada. La imagen de Dominic abrazando a Alexa en el balcón seguía repitiéndose en su cabeza, quemándole las entrañas con una mezcla de celos feroces e impotencia.

En represalia, ya había ordenado destruir económicamente a su hermano, cancelando cada uno de sus contratos de suministro antes del amanecer, pero la necesidad de controlarlo todo seguía intacta.

Las puertas de madera se abrieron y el abuelo Vicente entró al despacho, haciendo resonar su bastón contra el suelo. Vincent no se movió de su sitio, manteniendo los hombros rígidos.

—Vengo de la clínica —dijo el anciano, ganando la atención de su nieto—. Anny despertó. Sus niveles están subiendo, Vincent. La niña se va a salvar.

Vincent cerró los ojos por un instante, soltando el aire que parecía tener atrapado en sus pulmones.

Un destello de alivio cruzó por sus ojos grises, pero su rostro volvió a convertirse rápidamente en una máscara de piedra.

—Me alegra saberlo, abuelo. Significa que la transacción valió la pena —respondió Vincent con una voz gélida, sin apartar la vista del ventanal.

Vicente Blake golpeó con fuerza el suelo con su bastón, irritado por la frialdad de su nieto.

—¡Deja la maldita soberbia por un segundo! —exclamó el abuelo, acercándose al escritorio—. Sé muy bien lo que hiciste anoche con las empresas de tu hermano. Y sé que Dominic se llevó a la madre de tu hija a su casa. Tienes que reaccionar, Vincent. Tu hermano no la tiene ahí solo por capricho; la está usando para revivir la tragedia de Samanta, la mujer que ambos amaron en el pasado. Quiere repetir la misma historia.

Vincent se giró despacio, clavando sus ojos grises en los del abuelo.

—Lo de Samanta fue un error. Una tragedia del pasado que no tiene caso revivir ahora —sentenció Vincent con una voz plana, dura e implacable—. Lo que pase con Alexa ahora es una transacción, tú me conoces mejor que nadie. Yo en los negocios nunca pierdo.

Sin embargo, bajo el escritorio, ocultas de la vista del anciano, las manos de Vincent temblaban incontrolablemente por la rabia y la impotencia.

Por más que intentara renombrar la situación como "un frío acuerdo", la realidad lo devoraba por dentro. No estaba dispuesto a dejarle el camino libre a su hermano para que se divirtiera y pusiera sus manos sobre la mujer que él realmente amaba.

La idea de que Dominic pudiera tocarla lo estaba volviendo loco.

En ese momento, la puerta del despacho volvió a abrirse y Rafael, el padre de los gemelos, entró con el rostro marcado por el cansancio de una disputa familiar que llevaba años desangrándolos.

Miró a su padre y luego a su hijo mayor, colocándose en medio de ambos en un intento desesperado por mediar antes de que la bomba estallara.

—Esto tiene que parar, Vincent. No puedes seguir pretendiendo que esto es solo un negocio —dijo Rafael, con la voz cargada de amargura, revelando finalmente el núcleo del odio que dividía a sus hijos—. Dominic siempre se sintió como tu sombra. Creció eclipsado por tus logros, sintiendo que tú te quedabas con todo el reconocimiento. Él te odia porque cree que tú le robaste todo el mérito y, sobre todo, porque está convencido de que le arrebataste a Samanta, ella fue suya primero, y tú te interpusiste. Dominic ve en Alexa la oportunidad de cobrarte cada una de esas deudas y no dudará en hacerlo.

Vincent apretó los puños bajo el escritorio, con las venas de su cuello marcándose por la furia contenida ante el reclamo de su padre. El ambiente en la oficina se volvió tan denso y eléctrico que parecía que el aire prendería fuego con la menor chispa.

De repente, el sonido de unos pasos lentos resonaron en el pasillo exterior. Las puertas dobles del despacho se abrieron de par en par, interrumpiendo la tensa charla.

Dominic apareció en el umbral. Se notaba un poco débil aún, pálido y con las facciones demacradas por los estragos de la reciente cirugía, pero sus ojos oscuros brillaban con una intensidad desquiciada y letal.




Reportar suscripción




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.