El precio de su Sangre

CAPÍTULO 19. Sombras del Pasado.

Capítulo 19

Sombras del Pasado.

El recuerdo de la fotografía que había visto días atrás en ese mismo estudio cobró una fuerza aterradora en la mente de Alexa. La imagen de Samanta se mezclaba en su cabeza con la brutal acusación que Dominic había lanzado en la cena: "Vincent la dejó morir". La intriga y el horror no la dejaban respirar.

Necesitaba respuestas, y no podía esperar.

Sin pensarlo dos veces, caminó con paso firme por el pasillo y entró al despacho privado sin golpear.

Dominic estaba sentado detrás de su escritorio, con el nudo de la corbata deshecho y sosteniendo un vaso de whisky con mano temblorosa. La cena de cumpleaños de su padre había sido un fracaso absoluto, y el alcohol era lo único que lograba apaciguar su orgullo herido.

Al ver a Alexa frente a él con el vestido vinotinto ceñido a su cuerpo, sus ojos oscuros y enrojecidos por la embriaguez se clavaron en ella.

Alexa se detuvo frente al escritorio, apoyando las manos sobre la madera, ignorando por completo la evidente borrachera de Dominic.

—En la cena dijiste que Vincent dejó morir a Samanta... la mujer del retrato. Quiero que me digas exactamente qué fue lo que pasó. No me ocultes nada, Dominic. Necesito saber quien es Vincent en realidad.

Dominic soltó una risa amarga y carente de cualquier atisbo de humor. Dejó el vaso sobre la mesa con un golpe seco y se inclinó hacia adelante, arrastrando las palabras por el efecto del alcohol.

—¿Quieres saber la verdad sobre el intachable Vincent Blake? —soltó Dominic, con el rostro torcido por el resentimiento—. Sucedió hace ocho años, en los laboratorios de la antigua sede central. Hubo un corto circuito repentino y el edificio entero se convirtió en un infierno de llamas en cuestión de minutos. Samanta quedó atrapada en la oficina del último piso, y Vincent fue el único civil que logró entrar antes que los bomberos. Él tuvo la oportunidad de sacarla con vida, pero ¿sabes qué hizo mi hermano?

Alexa contuvo el aliento, sintiendo un nudo asfixiante en la garganta.

—Eligió salvar la caja fuerte de la oficina de mi padre —dijo Dominic, con los ardiendo de rabia—. Prefirió salvar los archivos y los contratos que aseguraban las patentes millonarias de la empresa antes que rescatar a la mujer que decía amar. Cuando los bomberos al fin llegaron, ya era tarde. Samanta había muerto. Vincent la dejó quemarse viva por dinero. Ese es el verdadero Vincent Blake. Un monstruo calculador que siempre pondrá el poder y el apellido Blake por encima de cualquier vida humana.

Las palabras de Dominic cayeron sobre Alexa como un balde de agua fría. El estómago se le revolvió por completo. La historia encajaba a la perfección con la fría realidad que ella misma estaba viviendo.

El hombre despiadado que Dominic describía era el mismo Vincent que acababa de firmar el documento de custodia para arrebatarle a su hija en cuanto estuviera sana. Para él, todo era una maldita transacción.

Asqueada y abrumada por el dolor, Alexa dio media vuelta y salió casi corriendo del despacho, necesitando escapar de esa atmósfera tan tóxica. Tan hostil.

Sin embargo, al doblar la esquina del pasillo sumido en la oscuridad, una mano grande y firme la tomó del antebrazo. Con un movimiento rápido pero extrañamente cuidadoso, Vincent la empujó hacia el interior de la biblioteca a oscuras, cerrando la puerta a sus espaldas.

Alexa no necesitó verle la cara; el olor de su perfume y la intensa vibración de su cuerpo ante su presencia lo delataron de inmediato. Vincent no se había ido de la casa. Sus ojos grises brillaron en la oscuridad, fijos en el de Alexa.

—Nos vamos de aquí ahora mismo —ordenó Vincent con su voz ronca, cargada de una urgencia salvaje—. No me importa el contrato con ese imbécil, ni tener que darle la mitad de mi herencia como pago por su absurda penalización. No voy a permitir que pases una sola noche más bajo el mismo techo con él. Ese imbécil no pondrá un solo dedo sobre tu cuerpo.

—¡No me toques! —le dijo Alexa, soltándose de su agarre con un tirón violento, retrocediendo hasta chocar contra uno de los estantes de libros.

Vincent frunció el ceño, completamente descolocado por la ferocidad del rechazo.

—Alexa, escucha... solo intento protegerte. Dominic está perdiendo el control y...

—¿Protegerme tú? —lo interrumpió ella, con una risa amarga y los ojos nublados por las lágrimas de rabia—. Ya sé lo que hiciste, Vincent. Sé lo que pasó en el incendio. Sé que dejaste morir a Samanta entre las llamas por rescatar unos malditos papeles de tu empresa.

Vincent se quedó completamente inmóvil, como si le hubieran dado un golpe directo al estómago. Su respiración se volvió pesada.

—Y ahora estás haciendo exactamente lo mismo conmigo —continuó Alexa, con la voz quebrada—. Me usaste, me envolviste con tus mentiras baratas solo para ganar tiempo mientras tu hermano salvaba a mi hija. ¡Y todo para quitarme la custodia de mi hija con tus abogados! Eres un monstruo calculador, Vincent. Me das asco. No pienso ir a ningún lado contigo. ¡Te odio!

El silencio que inundó la biblioteca se volvió denso. Vincent repasó las palabras de Alexa en su cabeza y, en ese preciso instante, comprendió la jugada de su hermano.

Le había lavado el cerebro por completo a Alexa, utilizando su peor fantasma del pasado para envenenar la mente de la única mujer que verdaderamente le importaba.

Cualquier otro hombre habría intentado defenderse, explicar el accidente o rogar por el beneficio de la duda. Pero Vincent Blake no sabía rogar. Había sido criado en un entorno donde la debilidad se pagaba con la muerte. Su orgullo herido y sus mecanismos de defensa se activaron de inmediato, congelando cualquier rastro de vulnerabilidad en su rostro.

Si ella había decidido creer las mentiras de su hermano y verlo a él como un ser despiadado, él no se rebajaría a suplicar.

La calidez que quedaba en sus ojos se evaporó, siendo reemplazada por una indiferencia fría y letal. Se ajustó el saco de su traje y la miró desde arriba con una distancia absoluta.




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