El precio de un capricho - mini serie

Capítulo 1

Siete meses.
Ese era el tiempo que mis bebés llevaban creciendo en mi vientre y, exactamente, cinco meses desde que el eco de mi propia mano contra la mejilla de Kyle sepultó los siete años más importantes de mi vida.
Me miré al espejo del vestidor, alisando la tela suave del vestido maternal color crema que me cubría el cuerpo. Mi silueta ya no pertenecía a las portadas de alta costura ni a los vestidos de alta gama que solía exhibir en las semanas de la moda; ahora albergaba dos vidas que no dejaban de patear con fuerza. Mi barriga era una prominente curva redonda que marcaba el centro de mi mundo. Siete meses de un embarazo gemelar que me exigía respirar hondo cada diez pasos, pero que también se había convertido en mi único ancla en una ciudad que, sin Kyle, amenazaba con devorarme de nuevo.
Nueva York a veces se sentía tan helada y ajena como a mis dieciséis años, cuando desembarqué sola con una maleta desvencijada y un inglés aprendido en foros de internet. Pero ya no era aquella niña asustada. O, al menos, intentaba convencerme de ello cada mañana.

-un toque más de rubor y estarás lista, Kate

Dijo Mateo, mi estilista y el único amigo de la industria que no había salido huyendo cuando mi vida privada saltó por los aires. Pasó la brocha suavemente por mis pómulos con la precisión de un cirujano.

-estás deslumbrante. De verdad. La maternidad te sienta absurdamente bien.
-dile eso a mis tobillos al final del día

Bromeé, intentando sofocar el nudo que se me formaba en la garganta.
Hoy no era un día cualquiera. Tras meses de encierro, aislamiento y llanto silencioso en la oscuridad de mi apartamento de Brooklyn, había aceptado mi primera entrevista formal en un evento benéfico de moda. Las pasarelas estaban en pausa, pero mi agencia necesitaba acallar los rumores. La prensa llevaba semanas especulando sobre el paradero de la "pareja de oro". Los titulares pasaron de admirar nuestro idilio a desmenuzar mi desaparición del mapa mientras la carrera de Kyle Woods alcanzaba su punto más álgido en la Fórmula 1.
Kyle. Su nombre aún quemaba al pensarlo.
Giré el rostro hacia la mesa auxiliar, donde descansaba mi teléfono. Una notificación iluminó la pantalla con una alerta de noticias deportivas: "Kyle Woods consigue la pole position en el Gran Premio de Mónaco". En la foto en miniatura, vestía su mono de carreras negro y rojo, sonriendo a las cámaras con esa arrogancia encantadora que un día me hizo creer que era el hombre más noble sobre la Tierra.
"No estoy listo para ser padre, Kate. No eres tú, soy yo. Solo fuiste mi capricho..."
La frase volvió a sonar en mi cabeza con la nitidez de un látigo. Todavía recordaba la frialdad de sus ojos celestes cuando me soltó aquellas palabras, la cobardía disfrazada de honestidad, y cómo mi mano reaccionó antes de que mi cerebro pudiera procesar el dolor. El impacto de la bofetada retumbó en mi memoria como el tiro de gracia a nuestra historia. Después de eso, solo hubo silencio y el sonido de la puerta al cerrarse. Se marchó, dejándome rota, aterrada y con dos corazones latiendo dentro de mí.

-Kate, ¿Estás bien?

Preguntó Mateo, posando una mano cálida sobre mi hombro.

-sí

Respondí, tragando saliva y borrando la sombra de mi rostro.

-solo una patada doble. Estos dos no me dan tregua
-van a ser unos guerreros, como su madre

Sonrió él, tendiéndome la mano para ayudarme a poner en pie.
Caminé hacia el salón principal de la galería donde se celebraba el evento. Los murmullos de los asistentes bajaron de volumen en cuanto crucé el umbral. Sentí las miradas clavadas en mi vientre, las luces de los flashes parpadeando como ráfagas de luz, y el murmullo incesante de las cámaras. Durante años, mi cuerpo había sido juzgado por su delgadez y su elegancia; hoy, era el centro de atención por llevar las marcas del abandono y de la vida.
Me acomodé en el sillón del escenario para la breve sesión de preguntas, tratando de mantener la espalda erguida a pesar del peso que cargaba.

-Katherina, te ves radiante

Comenzó la periodista, con una sonrisa calculada que presagiaba lo que vendría después.

-es un alivio verte de nuevo en público. Sin embargo, no podemos ignorar al elefante en la habitación. Estás de siete meses, sola en Nueva York y Kyle Woods está triunfando en Europa, ¿Qué pasó entre ustedes? ¿Es verdad que el embarazo fue el motivo del fin de su compromiso?

El ambiente se volvió denso. Sentí un pequeño vuelco en la tripa, como si mis bebés sintieran mi pulso acelerarse. Por un segundo, la niña de dieciséis años quiso salir corriendo, esconderse en las calles oscuras y llorar hasta quedarse dormida. Pero entonces recordé por qué estaba allí. Recordé cada noche de náuseas superada en soledad, cada ecografía en la que tuve que sostener mi propia mano y el fuego que comenzó a arder en mi pecho el día que Kyle me llamó "capricho".
Ajusté mi postura, miré fijamente a la cámara principal y sonreí con una serenidad que hasta a mí me sorprendió.

-mi vida personal ha cambiado, eso es evidente

Dije con voz firme, clara, resonando por encima del murmullo.

-a veces, las personas que creemos listas para grandes retos descubren que la velocidad de la pista es lo único que pueden manejar. Pero yo no estoy sola. Llevo conmigo la fuerza de dos vidas que vienen en camino. Mi carrera no ha terminado, solo ha hecho una pausa para el proyecto más importante de mi vida

La periodista parpadeó, sorprendida por la contundencia de mi respuesta. Los flashes se intensificaron.

-¿Y qué hay de Kyle? ¿Sabe lo que significa esto para ti?
-lo que Kyle Woods haga con su vida o sus decisiones es asunto suyo y de su carrera

Respondí, sintiendo cómo el miedo terminaba de disiparse para dar paso a un orgullo nuevo y feroz.

-él eligió marcharse creyendo que dejaba atrás un capítulo cerrado. Lo que no sabe es que no me destruyó. Solo me recordó de qué estoy hecha



#1275 en Novela romántica

En el texto hay: comedia, romance

Editado: 05.10.2026

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