El precio de un capricho - mini serie

Capítulo 2

El eco de mis palabras aún flotaba en el ambiente cuando bajé del escenario. Los murmullos de los asistentes y el crujido constante de las cámaras se amortiguaron en cuanto crucé la puerta del camerino. Al cerrarse tras de mí, el silencio del cuarto me envolvió como una manta pesada.
Me apoyé contra la madera de la puerta, cerrando los ojos mientras intentaba regular mi respiración. Mi corazón latía a un ritmo frenético. Había dicho lo que me prometí no callar, pero el costo emocional de exponerme así me dejaba exhausta.

-eso fue... impresionante

Dijo Mateo, acercándose con un vaso de agua.

-Kate, la prensa va a arder mañana, pero lo dijiste con una elegancia que nadie va a poder cuestionar
-no quería sonar elegante, Mateo

Murmuré, tomando el vaso con manos ligeramente temblorosas.

-solo quería que dejaran de tratarme como a una víctima.
-y lo lograste

Aseguró, apartando un mechón de cabello de mi cara.

-pero ahora necesitas descansar. Tienes la piel pálida y esos dos gigantes están consumiendo toda tu energía

Tenía razón. Un cansancio plomizo se apoderó de mis piernas. El trajín de la tarde y el estrés acumulado comenzaban a pasarme factura. Nos despedimos del equipo por la puerta trasera para evitar el enjambre de fotógrafos que aún aguardaba en la entrada principal, y Mateo me acompañó en taxi de regreso a mi edificio en Brooklyn.
El trayecto fue silencioso. Miraba a través de la ventanilla las luces reflejadas en el East River. Nueva York seguía ahí, implacable y acelerada, pero al entrar a mi apartamento, el ambiente cambió por completo. El espacio olía a té de manzanilla y a madera limpia. Era pequeño en comparación con el ático de lujo que solía compartir con Kyle en Manhattan, pero este lugar era enteramente mío. Nadie podía echarme de aquí, ni nadie podía decidir por mí.
Me descalcé con un suspiro de alivio casi audible. Dejé caer el vestido de maternidad y me puse una camiseta ancha de algodón que me llegaba a los muslos, junto con unos pantalones suaves. Me senté en la orilla de la cama y deslicé las manos sobre mi vientre.

-se acabó por hoy, chicos

Les susurré a los bebés, sintiendo una patada en respuesta cerca de mis costillas.

-mamá cumplió su parte

Sin embargo, la calma duró poco. Apenas eran las nueve de la noche cuando mi teléfono comenzó a vibrar sobre la mesa de noche. Al principio pensé que sería mi agente felicitándome por la repercusión de la entrevista, pero el nombre en la pantalla me congeló la sangre. Era una llamada de Kyle.
Mi pulso se disparó. Llevaba cinco meses sin escuchar su voz, cinco meses en los que su único contacto había sido a través de sus abogados enviando cheques formales que yo me había negado a cobrar. Me quedé mirando el aparato mientras sonaba una y otra vez, iluminando la penumbra de la habitación.
El impulso inicial fue no contestar. Dejar que se ahogara en su propio orgullo. Pero algo en mi interior, una mezcla de rabia y dignidad, me obligó a deslizar el dedo por la pantalla.

-¿Qué quieres, Kyle?

Dije, manteniendo la voz lo más neutra y fría posible.
Al otro lado de la línea, solo se escuchaba una respiración agitada. Por el ruido de fondo, deduje que estaba en algún motorhome o en un aeropuerto, lejos del ruido de las pistas de Mónaco.

-¿Qué demonios fue eso, Kate?

Su voz sonó áspera, cargada de esa frustración contenida que tan bien conocía.

-¿De verdad tenías que salir a dar un espectáculo en televisión nacional?

Solté una risa amarga.

-¿Un espectáculo? Tú te marchaste, dejándome embarazada, y te preocupa mi respuesta a la prensa. Qué clásico de tu parte
-¡Te dejé espacio!

Exclamó él, levantando la voz antes de moderarla rápidamente.

-te dije que te mantendrías económicamente cubierta. Mis abogados te enviaron todo lo necesario. Tú fuiste la que decidió encerrarse y no responder. Y ahora sales a decir ante las cámaras que fui un cobarde. Mi equipo está como loco, Kate. Las marcas están pidiendo explicaciones
-no eres la víctima aquí, Kyle, nunca dijiste "te dejé espacio". Me dijiste que no estabas listo para ser padre, y que yo solo había sido un capricho. ¿Recuerdas esa palabra? Un maldito capricho. Te encargaste de reducir siete años de mi vida a una distracción de verano

Un silencio pesado se instaló entre los dos. Podía imaginarlo perfectamente: pasándose la mano por el cabello rubio, caminando de un lado a otro con la mandíbula apretada, odiando no tener el control de la situación.

-estaba asustado

Murmuró finalmente, con un tono más bajo, casi vulnerado, aunque ya era demasiado tarde para eso.

-mi carrera está en su punto más alto, Kate. Si me distraigo ahora, si pierdo el enfoque, todo por lo que trabajé desde los catorce años se va al carajo
-y preferiste destruirnos a nosotros antes que arriesgar tu precioso enfoque

Completé, sintiendo cómo una lágrima solitaria traicionaba mi firmeza y rodaba por mi mejilla.

-es una lástima, Kyle. Porque la velocidad pasa, las victorias se olvidan, pero la clase de persona que eliges ser en los momentos difíciles es lo que realmente te define.
-Kate... no lo hagas más difícil. Vamos a llegar a un acuerdo privado. Regresaré a Nueva York en tres semanas, después de la carrera en España. Quiero verte. Necesitamos hablar de los niños

Al escuchar la palabra "niños" salir de sus labios, un estremecimiento me recorrió la espalda. De pronto, el dolor dejó espacio a una lucidez absoluta.

-no hay nada que hablar, Kyle. Perdiste el derecho a exigir reuniones cuando cruzaste esa puerta hace cinco meses. Si quieres hablar de tus hijos, habla con tu conciencia, si es que te queda algo de ella. O habla con mis abogados
-no me dejes fuera de esto

Advirtió, su voz recuperando la firmeza autoritaria de siempre.

-son mis hijos también
-son vidas, Kyle, no un trofeo que puedas reclamar cuando te convenga entre carrera y carrera



#1275 en Novela romántica

En el texto hay: comedia, romance

Editado: 05.10.2026

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