El aire del estudio de fotografía en Soho olía a café recién colado, laca para el cabello y el inconfundible aroma del triunfo personal. Tres días habían pasado desde el choque con Kyle en la Quinta Avenida, y el teléfono de Elena no había parado de sonar. Lejos de arruinarme, el escándalo mediático había elevado mi estatus: ya no era la chica sumisa abandonada por un atleta famoso; era Katherina Ferrec, la supermodelo que caminaba con la frente en alto.
-¡Hermosa! ¡Un poco más hacia la izquierda, Kate! Deja que la luz abrigue esa curvatura
Indicaba el fotógrafo, haciendo rotar su cámara mientras los flashes iluminaban mi rostro.
Llevaba un diseño de gasa seda en tono empolvado que abrazaba mi silueta de casi ocho meses. La sesión era para la portada de una prestigiada revista de moda y maternidad. A pesar del dolor de espalda constante y los pies inflados como dos pequeños panes, sonreía con una alegría auténtica. Por primera vez en mucho tiempo, no estaba posando para agradar a un diseñador ni para encajar en la vida de un hombre; posaba por mí y por las dos vidas que no dejaban de dar vueltas en mi interior.
-¡Corten!
Gritó el director creativo.
-cinco minutos de descanso para la modelo
Mateo corrió hacia mí con unas pantuflas de peluche gigantes con forma de cabeza de conejo y un ventilador de mano.
-toma, por favor, ponte esto antes de que tus tobillos decidan independizarse de tus piernas
Bromeó Mateo, colocándome el calzado cómico mientras yo me dejaba caer en el sillón de descanso con un suspiro dramático.
-si mis fans de París supieran que la chica que abrió el desfile de Chanel hoy usa conejos rosa en los pies, perdería todo mi prestigio
Reí, tomando un sorbo de agua con limón.
-por favor, querida, estás convirtiendo los tobillos hinchados en la nueva tendencia de la temporada
Replicó él guiñándome un ojo.
-por cierto, tu exagente de prensa intentó colar un arreglo floral al estudio. Tuve el placer personal de tirarlo a la basura. Tenía rosas rojas y una tarjeta de Kyle
Nuestra risa se vio interrumpida cuando Elena entró al set a paso firme, con los tacones resonando sobre el suelo de concreto pulido. Su expresión no era la habitual de victoria; traía la boca apretada y la mirada seria.
-tenemos un pequeño... contratiempo
Dijo Elena, cruzando los brazos sobre su impecable traje sastre.
-o, mejor dicho, una encrucijada corporativa
-¿Qué pasó?
Pregunté, ajustándome la bata de seda sobre el vestido de la sesión.
-el patrocinador principal de tu próxima campaña de alta costura acaba de firmar un acuerdo de fusión global... y la imagen masculina de esa marca, por contrato firmado hace dos años, es Kyle Woods. Quiere hacer el lanzamiento de la línea de fragancias y ropa de maternidad-paternidad con ambos. Una campaña de "redención y familia"
-¿Qué?
Exclamé, sintiendo que la limonada se me atragantaba.
-¿Están locos? ¡No voy a posar con él como si fuéramos la familia feliz después de lo que hizo!
-tranquila. La propuesta económica es absurda, salvaría tu futuro y el de los niños para siempre, pero les dije que estabas negada
Aclaró Elena rápidamente.
-el problema es que Kyle está presionando al directivo. Dice que no firmará su renovación con la escudería si no le permiten limpiar su imagen pública a tu lado. Está usando su contrato como rehén
Negué con la cabeza, entre la indignación y una risa incrédula. Kyle nunca sabía cuándo rendirse.
~Narración de Kyle~
En un exclusivo edificio de oficinas en el Midtown de Manhattan, la atmósfera era considerablemente más hostil.
Yo caminaba de un lado a otro frente al enorme ventanal que miraba hacia la ciudad. Vestía un traje oscuro sin corbata, pero mi postura erguida de deportista de élite se veía quebrada por la desesperación. Frente a mí, mi representante, Marcus, golpeaba la mesa con un bolígrafo.
-¡Estás perdiendo la cabeza, Kyle!
Exclamó Marcus, levantándose de la silla.
-tu escudería te dio un ultimátum. La F1 no tolera escándalos personales que afecten las marcas multimillonarias. Tienes la carrera de España a la vuelta de la esquina y estás amenazando con no correr si no te agendan un comercial de pañales con tu ex, ¡Es de locos!
-¡No es por la marca, Marcus!
Estallé, girándome bruscamente. Sentía los ojos desorbitados y el cabello desordenado.
-¡Toqué su vientre! ¿Entiendes lo que significa? Sentí patear a mi hijo. O a mi hija... o a los dos, ¡Ni siquiera sé qué son!
Marcus suspiró, sobándose el puente de la nariz.
-te dijimos que lo manejáramos legalmente desde el principio. Tú fuiste el que dijo que no estaba listo.
-¡Me equivoqué, carajo!
Grité, dejando caer los puños sobre el escritorio.
-entré en pánico. Pensé que mi vida se terminaba, que todo el esfuerzo de mi carrera se iría a la basura si me convertía en padre a los veinticinco. Pero verla el otro día en la calle... verla hermosa, fuerte, sin necesitarme para nada... me di cuenta de que el único que está arruinado soy yo
-Kate no va a aceptar la campaña, Kyle, su agencia dejó en claro que no quiere tu dinero ni tu imagen cerca de sus hijos. Si sigues presionando con el contrato, la escudería te va a congelar la temporada. Vas a perder el campeonato
Apreté la mandíbula. Por primera vez en mi vida, el podio, la velocidad y la gloria del automovilismo se sentían como un trofeo de plástico barato comparado con la calidez del hogar que yo mismo había destrozado.
-que me congelen
Murmuré, con una voz extrañamente tranquila que pareció asustar a mi representante.
-si tengo que perder el campeonato para que ella me escuche cinco minutos sin un abogado de por medio, que así sea
~Narración de Katherina~
La sesión llegaba a su fin. Me encontraba en el vestidor quitándome el maquillaje cuando un mareo repentino me hizo sujetarme del borde del tocador.