Las luces de emergencia del hospital Presbiteriano de Nueva York parpadeaban en el techo del pasillo mientras el olor a antiséptico me envolvía las fosas nasales. La silla de ruedas en la que me llevaban avanzaba a toda prisa, con Mateo apretando fuerte mi mano izquierda y Elena hablando por teléfono justo detrás de nosotros, tratando de esquivar a los reporteros que ya empezaban a rondar la entrada.
-tranquila, Kate, respira
Me repetía Mateo, aunque él estaba visiblemente más pálido que yo.
-la doctora dijo que las contracciones de Braxton Hicks son normales a las treinta y un semanas, solo necesitaban monitorearte
-no eran Braxton Hicks, Mateo... dolía
Murmuré, apretando los dientes cuando una nueva puntada sorda me recorrió la parte baja de la espalda.
Al llegar a la sala de observación, me acomodaron en una camilla de monitorización. Las correas del cardiotocógrafo rodeaban mi abultado vientre, registrando los latidos de mis gemelos: dos ritmos acelerados y firmes, como el galope de dos pequeños caballos. Ese sonido, tuc-tuc-tuc-tuc, fue el único bálsamo que logró calmar el ritmo desenfrenado de mi propio corazón.
-la dinámica uterina se ha estabilizado
Dictaminó la obstetra tras examinarme con detenimiento.
-las contracciones fueron provocadas por un pico agudo de estrés. El cuello del útero sigue cerrado, pero Katherina, esto es una advertencia seria. Su cuerpo está cargando dos bebés. Si no frena el ritmo y elimina cualquier fuente de ansiedad de inmediato, entraremos en territorio de parto prematuro. Reposo absoluto por las próximas dos semanas. Nada de sesiones de fotos, nada de entrevistas y, sobre todo, nada de sobresaltos.
Las palabras de la médica cayeron como un jarro de agua fría. "Nada de sobresaltos". Miré a Elena, quien bajó la mirada con culpabilidad. La noticia de la reunión de Kyle con su escudería y sus exigencias sobre el contrato habían sido la gota que derramó el vaso de mi resistencia física.
-entendido, doctora
Respondí, pasando una mano suave sobre el monitor de los latidos.
-me quedaré en la cama todo el tiempo que sea necesario
Dos horas más tarde, instalada en una habitación privada bajo estricta observación médica, la puerta de madera se abrió con un chasquido suave. Esperaba ver a Mateo con un té de manzanilla o a Elena con noticias sobre la cancelación de mis compromisos, pero la figura que cruzó el umbral hizo que el aire se congelara en mis pulmones.
Era Kyle.
No llevaba el traje impecable de las oficinas corporativas ni el mono de carreras de la Fórmula 1. Vestía un pantalón de chándal gris, una camiseta negra arrugada y la mirada desencajada de quien no ha dormido en días. No había cámaras a su alrededor, ni fotógrafos, ni representantes. Estaba completamente solo.
-¿Cómo entraste aquí?
Pregunté, intentando incorporarme en la camilla antes de que un pinchazo me obligara a quedarme quieta.
-Mateo me llamó
Confesó Kyle, detenidos a unos pasos de la cama, temeroso de acercarse demasiado.
-me dijo que habías ingresado por urgencias por culpa de las noticias sobre la campaña. Pensé... pensé que estabas de parto, Kate. Creí que me había perdido todo
Un silencio denso cubrió la habitación. Los monitores seguían emitiendo su pitido constante, llenando el vacío entre los dos.
-no estoy de parto
Dije con la voz deliberadamente serena, aunque por dentro todo me temblaba.
-solo fue una falsa alarma causada por el estrés. El estrés que tú y tu constante circo mediático siguen provocando en mi vida.
Kyle cerró los ojos y dejó salir un largo suspiro que pareció arrebatarle las últimas fuerzas. Despacio, casi pidiendo permiso con la mirada, arrastró una silla de plástico hacia la cabecera de mi camilla y se sentó. Cruzó los brazos sobre las rodillas y se cubrió el rostro con las manos.
-dejé la escudería
Murmuró tras unos segundos, con la voz ahogada entre las palmas.
Parpadeé, confundida.
-¿De qué estás hablando?
-cancelé mi viaje a España
Dijo, levantando la vista. Tenía los ojos rojos, enmarcados por ojeras profundas.
-les dije que no correría este fin de semana, ni el resto de la temporada si era necesario Rompí la cláusula del patrocinador y retiré la exigencia de la campaña conjunta
Lo miré fijamente, buscando el engaño o la estrategia de relaciones públicas detrás de sus palabras, pero solo encontré a un hombre al borde del colapso.
-¿Por qué harías una locura así? Has trabajado toda tu vida por ese campeonato. Es todo lo que te importa.
-pensaba que era todo lo que me importaba
Corrigió, inclinándose ligeramente hacia mí, aunque sin tocarme.
-pero cuando Mateo me llamó y me dijo que estabas en el hospital... cuando sentí ese pánico helado en el pecho al pensar que mis hijos podían nacer prematuros porque yo estaba presionando con un maldito contrato... me di cuenta de que no sirvo de nada como campeón del mundo si soy un monstruo como persona
Sentí un nudo apretado en la garganta. Escuchar la palabra "hijos" salir de su boca sin el matiz defensivo de la última vez me tomó con la guardia baja.
-tuviste cinco meses para darte cuenta de eso, Kyle
Recordé, sintiendo que las lágrimas amenazaban con traicionarme-. No puedes pretender que un ataque de culpa borre el dolor de haberme dejado sola.
-no pretendo borrarlo, Kate. Sé que no me vas a perdonar hoy, ni mañana, y tal vez nunca
Admitió con una honestidad desarmante.
-no vine a pedirte que volvamos a ser pareja. Ni siquiera vine a pedirte que me dejes estar en el quirófano cuando nazcan. Vine a decirte que no voy a volver a presionarte. Voy a pagar el alquiler de tu apartamento, voy a costear el mejor equipo médico y me voy a mantener al margen si eso es lo que necesitas para estar tranquila y sana
Las palabras quedaron suspendidas en la penumbra de la sala. La patada súbita de uno de los bebés bajo la sábana hizo que la tela se levantara ligeramente. La mirada de Kyle cayó directo sobre ese movimiento. Un brinco involuntario recorrió su mandíbula.