El precio de un capricho - mini serie

Capítulo 7

~Narración de Kyle~

El silencio de la habitación VIP de urgencias duraba poco cuando Mateo rondaba cerca.
Había salido al pasillo solo tres minutos después de que Kate se quedara dormida por efecto de los sedantes suaves que le administró la obstetra. Me apoyé contra la pared blanca, cruzándome de brazos, sintiendo el peso de la chaqueta sobre los hombros y el cansancio acumulado de días sin dormir. La decisión de cancelar la temporada de F1 ya estaba rodando por los teletipos de prensa; mi agente debía de estar al borde de un infarto, pero en ese momento lo único que me importaba era el eco del latido de mis hijos retumbando en mi cabeza.
Fue entonces cuando vi venir a Mateo.
Caminaba por el pasillo con dos vasos de café barato de máquina, moviéndose con esa soltura amanerada y elegante que siempre me había parecido excesiva. Al verme allí parado, custodiando la puerta, sus pasos se frenaron un segundo. Su rostro, habitualmente risueño y ligero, se endureció de inmediato.

-pensé que te habías ido

Dijo Mateo, deteniéndose a dos pasos de mí. Su tono perdió todo el brillo cómico que solía desplegar frente a la prensa.

-el médico fue muy claro sobre las visitas que causan estrés. Y tú, Kyle, eres la definición gráfica de estrés para Kate

Lo miré de arriba abajo. Llevaba una bufanda de seda alrededor del cuello y una chaqueta ajustada. Siempre había estado ahí, revoloteando alrededor de Kate desde sus primeros desfiles en París, haciendo bromas, acomodándole el vestido o sosteniéndole el agua. Un accesorio inofensivo de su carrera. O eso era lo que yo había asumido durante siete años.
Sin embargo, había algo en la forma en que sus ojos miraban la puerta de la habitación. Un matiz de sobreprotección que iba más allá del deber de un estilista o la lealtad de un amigo. Había una devoción silenciosa en su postura, la clase de devoción que solo desarrolla un hombre que lleva años observando a una mujer desde la sombra, esperando que el gigante que la acompaña tropiece para dar un paso al frente.
Una sonrisa amarga y cargada de ironía comenzó a dibujarse en la comisura de mis labios.

-se acaba de dormir, Mateo

Respondí, manteniendo la voz baja pero dejando que la autoridad natural de mi tono marcara el territorio.

-así que baja la voz. Y no, no me voy a ninguna parte.
-deberías

Insistió él, dando un paso más, apretando los vasos de cartón hasta que la tapa de plástico crujió.

-no tienes idea del daño que le has hecho estos meses. Ella no necesita tus apariciones dramáticas ni tus ataques de arrepentimiento de último minuto. Ella me tiene a mí. A Elena. La gente que no huyó cuando la panza empezó a notarse

Solté una risa corta, seca, un resoplido que resonó en el pasillo antiséptico. Me despegué de la pared y di un paso hacia él, aprovechando la ventaja de los centímetros de estatura y la envergadura que los años de entrenamiento físico me habían dado.

-¿"Ella te tiene a ti"?

Repetí con una sorna helada, inclinando levemente la cabeza.

-qué tierno, Mateo. De verdad. Llevas qué... ¿Cinco años jugando al mejor amigo confidente? Sosteniéndole el abrigo, escuchándola llorar por mí, esperando pacientemente tu oportunidad

El rostro de Mateo se volvió ridículamente pálido. La sorpresa y la furia chocaron en su mirada, confirmándome en un milisegundo lo que mi instinto acababa de adivinar.

-no sabes de lo que estás hablando

Siseó él, apretando la mandíbula.

-yo la cuido. La respeto. Algo de lo que tú no tienes la menor idea
-la respetas porque no te queda otra opción

Le solté, dejando escapar una risita burlona que lo desarmó por completo.

-por favor, Mateo, no me vengas con discursos morales. Te conozco y conozco a Kate. Sé exactamente cómo respira, cómo mira cuando está asustada y cómo se le eriza la piel cuando le tocan el cuello. Sé cosas de ella que tú ni en diez vidas podrías soñar con descubrir
-eres un arrogante detestable

Murmuró, con los ojos echando chispas.

-crees que porque eres el campeón de F1 puedes volver y reclamarla como si fuera un trofeo. Se acabó, Kyle. Te echó de su vida. Me lo dijo ella misma: el amor por ti se extinguió

Aquella frase debió haberme dolido, pero la seguridad rancia y feroz de la paternidad acababa de instalarse en mi pecho. Hacía menos de una hora había sentido la patada de mi hijo contra la palma de mi mano. Había visto la barriga de Kate moverse bajo la sábana. La sangre de mi sangre estaba latiendo dentro de la mujer que amaba.

-¿Extinguido?

Repetí, dando un paso más, quedando a centímetros de su rostro. Me incliné apenas para hablarle al oído con una confianza escalofriante.

-el amor no se apaga por un mal momento, Mateo. Se esconde por rabia. Y si crees que un par de abrazos y unas palabras amables en un camerino van a borrar siete años de historia, estás más ciego de lo que pensaba

Mateo intentó sostener mi mirada, pero la certeza con la que yo hablaba era una pared contra la que no podía competir.

-esos niños son míos

Continué, bajando el tono a un murmullo denso, cargado de una posesividad casi salvaje.

-el corazón de Kate lleva mi nombre grabado desde que tenía dieciséis años y no sabía ni tomar el metro en esta ciudad. Me equivoqué, sí. Fui un cobarde y me comporté como un imbécil. Pero soy el padre de esos bebés y el único hombre al que ella ha amado de verdad

Hice una pausa, mirándolo con una lástima mal disimulada, disfrutando del temblor casi imperceptible en sus manos.

-así que sigue trayéndole café, Mateo. Sigue alcanzándole las pantuflas y cuidando de sus tobillos hinchados. Te agradezco sinceramente que la cuides mientras yo arreglo el desastre que provocué. Pero no te confundas ni por un segundo...

Le di una palmadita suave y condescendiente en el hombro, una caricia de superioridad absoluta.



#1275 en Novela romántica

En el texto hay: comedia, romance

Editado: 05.10.2026

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