El precio de un capricho - mini serie

Capítulo 12

El cansancio acumulado tras la sesión de fotos me empujó a tomar una decisión arriesgada: una cena tranquila en un reservado privado de un restaurante en el Soho. Necesitaba, casi con desesperación, que Kyle y Mateo lograran una tregua mínima y civilizada. No por mí, sino por la paz de mis hijos y por mi propia salud mental.
Durante la primera hora, la estrategia pareció funcionar. La luz tenue del restaurante y una botella de agua con gas ayudaron a mantener la conversación en un terreno neutral. Kyle habló de sus trámites para establecer su residencia fija en Nueva York y Mateo sugirió algunos diseñadores locales para mi próximo proyecto. Ambos mantenían una cortesía estudiada, sonriéndose con una tensión contenida que yo preferí ignorar con tal de disfrutar de la cena.
Sin embargo, la frágil ilusión de paz se desmoronó cuando pedimos la cuenta.
Al salir por la puerta trasera del restaurante para evitar llamar la atención, una ráfaga inesperada de flashes nos cegó en el callejón. Dos paparazzi habían estado esperando en las sombras. Instintivamente, cobijé a los bebés contra mi pecho bajo la manta protectora de la carriola.
Fue entonces cuando la chispa encendió la pólvora.

-apaguen las cámaras ahora mismo

Ordenó Kyle, dando un paso al frente con la postura amenazante de quien está acostumbrado a que el mundo obedezca sus órdenes.

-tranquilízate, Kyle, no hagas un espectáculo que empeore las cosas

Intervino Mateo, intentando apartarlo con la mano.

-déjamelo a mí, yo sé cómo hablar con la prensa de moda sin armar un circo
-¿Que te deje a ti?

Soltó Kyle, girándose bruscamente hacia Mateo con los ojos encendidos en ira.

-llevas semanas metiéndote en mi camino, jugando al héroe de la familia
-¡Porque tú abandonaste a esa familia!

Siseó Mateo, perdiendo la compostura por completo frente a las lentes que no dejaban de disparar

-estás aquí solo porque no soportas perder, Kyle. Tu ego no puede tolerar que otro hombre esté cuidando a Kate y a tus hijos mejor que tú
-¿Mejor que yo?

Kyle dejó escapar una risa amarga y peligrosa.

-por favor, Mateo. Estás usando a mi ex y a mis bebés como un trampolín para tu patética fantasía de ser el hombre de la casa. Solo estás compitiendo conmigo porque sabes que jamás vas a estar a mi nivel
-¡Al menos yo no la llamé 'capricho'!

Contraatacó Mateo, apretando los puños, a milímetros del rostro de Kyle.

-tú solo quieres ganar este juego para limpiar tu imagen en la F1. Estás usando a Kate para quedar como el buen padre rehabilitado ante el mundo
-¡Y tú la estás usando para ganar una carrera que perdiste hace cinco años!

Gritó Kyle.

-¡A ninguno de los dos nos importa tu maldita opinión sobre cómo debo criar a mis hijos!

Me quedé petrificada al borde de la acera, abrazando la carriola mientras las palabras de ambos retumbaban en el callejón con la claridad de una bofetada.
Las luces de los flashes parpadeaban sin cesar, capturando cada gesto, cada grito, cada muestra de la absurda pelea de egos que estaban escenificando sobre mi espalda. No estaban allí por mi paz. Tampoco estaban allí por la seguridad de Leo y Mía. Estaban allí librando una batalla de orgullo masculino, midiéndose las fuerzas a mi costa, usando mi dolor y a mis recién nacidos como el trofeo de un juego despreciable.
Un frío glacial me recorrió la columna vertebral. La ira, pura y cristalina, sustituyó al cansancio.

-¡Basta ya!

Dije. Mi voz no fue un grito, pero tuvo el peso de una sentencia.
Ambos se congelaron de golpe, girándose hacia mí. La rabia en sus rostros se transformó en un pánico instantáneo al ver la expresión de mi cara.

-Kate...

Empezó Kyle, dando un paso hacia mí.

-ni una sola palabra

Lo corté, sintiendo un temblor de indignación en las manos.

-mos dos. Al coche. Ahora

El trayecto de regreso a Brooklyn se desarrolló en un silencio sepulcral y asfixiante. Ninguno se atrevió a hablar. Al llegar al apartamento, subimos en el ascensor sin cruzarnos la mirada. En cuanto cruzamos el umbral y dejé la carriola en el pasillo, me giré hacia ellos.

-fuera de mi casa

Sentencié, señalando la puerta abierta

-Kate, por favor, déjame explicarte

Suplicó Mateo, dando un paso adelante con las manos en alto.

-él me provocó, yo solo intentaba defenderte...

-¡No me estabas defendiendo, Mateo!

Estallé, y las lágrimas de frustración finalmente brotaron de mis ojos.

-estabas midiendo tu ego contra el suyo. Escuché cada palabra. Escuché cómo hablaban de mí y de mis hijos como si fuéramos un premio en una competencia absurda
-Kate, lo de afuera fue un error, la prensa nos presionó...

Intentó Kyle, con la voz rota y la firmeza desmoronada.

-tú eres peor, Kyle

Lo miré directamente a los ojos, sintiendo cómo los últimos restos de nostalgia se convertían en cenizas.

-regresaste diciendo que habías cambiado, pero sigues siendo el mismo hombre egoísta que solo piensa en su control y en su victoria. No les importó que los fotógrafos estuvieran ahí, no les importó que los bebés pudieran asustarse. Solo les importaba quién gritaba más fuerte para demostrar quién era "el mejor"
-Kate...

Murmuró Kyle, con la mirada suplícante.

-se acabó

Dije con una firmeza implacable.

-no quiero volver a verlos aquí. Mateo, necesito espacio. Kyle, tus abogados hablarán con los míos únicamente para las visitas reglamentarias de los niños. Ninguno de los dos tiene derecho a volver a poner un pie en mi vida privada. Fuera

Viendo la determinación inquebrantable en mis ojos, entendieron que no había marcha atrás. Mateo bajó la cabeza, destruido por la vergüenza, y salió en silencio. Kyle se quedó un segundo más, mirando la puerta de la habitación de los bebés con una culpa aplastante, antes de arrastrar los pies y cruzar el umbral.
Cerré la puerta con llave, pasé el cerrojo y me apoyé contra la madera. Me dejé caer lentamente hasta el suelo, abrazándome las rodillas mientras el llanto ahogado se apoderaba de mí en la soledad del recibidor.
Una hora después, el timbre tocó suavemente.
Me limpié las lágrimas antes de mirar por la mirilla. Era Elena. Abrí la puerta y la encontré con el teléfono en la mano y la cara desencajada.



#1275 en Novela romántica

En el texto hay: comedia, romance

Editado: 05.10.2026

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