Kyle había entrado al estudio. Vestía pantalones oscuros y una camiseta básica que no hacía nada por ocultar la figura atlética de un piloto de carreras, pero lo que realmente atraía la atención de todo el equipo era el arnés doble que llevaba en el pecho. En él, transportaba a Leo y a Mía como si fueran los pasajeros más importantes de un vehículo de carga de alta velocidad.
-no se distraigan, continúen
Dijo Kyle alzando la mano hacia el fotógrafo con una sonrisa despreocupada, mientras Leo intentaba morder el borde de su camiseta y Mía agarraba un reflector bajo con fascinación.
-¿Qué haces aquí?
Le pregunté a través de los dientes, manteniendo la pose frente a la cámara.
-tuve un descanso en las telemetrías del equipo y Elena me dijo que la sesión se había alargado
Respondió Kyle, acercándose al límite de la iluminación sin romper el encuadre.
-además, quedamos en algo, Katherina. No voy a dejar que andes sola por la ciudad con un maniático mandándote postales amenazantes
Hizo sonar un sonajero de madera que sacó de su bolsillo trasero, haciendo que Leo soltara un chillido de deleite que resonó por todo el loft. Ver a Kyle desenvolverse con tanta soltura en un ambiente tan ajeno a sus pistas de carreras tenía un toque cómico innegable. Las maquilladoras suspiraban en las esquinas, encantadas con la imagen del corredor estrella ejerciendo de padre abnegado.
-se ven adorables, pero estás arruinando mi iluminación dramática
Bromeó el fotógrafo, aunque aprovechó para disparar un par de ráfagas rápidas capturando las risas espontáneas que la escena me había arrancado.
Esa presencia relajada de Kyle funcionó como un ancla durante las dos horas siguientes. Mientras los estilistas me cambiaban de vestuario, él se sentó en la zona de descanso sobre unos cojines gigantes en el suelo, gateando con los gemelos, haciendo ruidos de motores para entretenerlos y manteniéndose siempre a una distancia estratégica desde donde pudiera vigilar los accesos al estudio. La comedia de verlo intentar doblar un pañal usando la precisión de un mecánico de boxes le sacó más de una carcajada al equipo técnico.
***
Para cuando el sol comenzó a ocultarse tras los rascacielos, el cansancio nos había vencido a todos. El trayecto de regreso al apartamento lo hicimos en la camioneta blindada que Kyle había alquilado para la ocasión.
Subimos en silencio por el ascensor privado. Al abrir la puerta del departamento en Tribeca, la ausencia de Mateo se sintió como una corriente de aire frío. Las luces apagadas y el silencio de la cocina vacía me oprimieron el pecho.
-iré a poner a los niños en sus cunas
Dijo Kyle con voz suave, tomando los cochecitos mientras yo me quitaba los tacones con un suspiro de alivio absoluto.
Pocos minutos después, Kyle regresó al salón principal. Se había quitado la chaqueta y se remangaba la camisa hasta los codos. Caminó hacia el gran ventanal del balcón, revisó minuciosamente el cierre de la puerta de cristal y tiró de las cortinas tupidas para bloquear por completo la vista desde el exterior.
-todo bloqueado
Anunció, girándose hacia mí.
-nadie tomará más fotos desde el edificio de enfrente esta noche
Me dejé caer en el sofá de cuero, abrazando mis piernas contra el pecho.
-gracias, Kyle. De verdad... no sé qué habría hecho hoy sin ti. Entre la partida de Mateo y este miedo absurdo...
-no es un miedo absurdo, Kate. Es un instinto de protección
Repuso él, acercándose a la cocina para servir dos vasos de agua antes de caminar hacia la sala. Se sentó en el sillón individual frente a mí, apoyando los codos sobre sus rodillas.
-me quedo aquí esta noche
Lo miré con sorpresa.
-Kyle, no puedes quedarte a dormir aquí. Si la prensa se entera o si Mateo se da cuenta...
-Mateo está a ocho horas de vuelo de aquí pensando en su nueva colección, y la prensa no tiene acceso a este piso
Interrumpió Kyle con una firmeza que no admitía réplica.
-no me voy a ir a un hotel dejando a la madre de mis hijos y a los gemelos vulnerables ante un sujeto que conoce sus horarios. Dormiré en el sofá de la biblioteca. Mañana temprano llegará el equipo de seguridad privada que contraté bajo el nombre de mi escudería para que no levante sospechas en los medios
Traté de protestar, pero la mirada en sus ojos azules era implacable. No era la mirada del exnovio despechado ni la del piloto arrogante; era la del hombre que estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario para mantener a su familia a salvo, sin importarle los malentendidos.
-está bien
Cedí, sintiendo un nudo de gratitud y agotamiento en el pecho.
-gracias
Kyle asintió levemente y se puso de pie para ir a buscar unas mantas al armario del pasillo. Antes de desaparecer por el corredor, se detuvo y me miró por encima del hombro.
-vas a tener que decirle a Mateo tarde o temprano, Kate. Las sombras del pasado no se van solo porque crucemos el Atlántico. Y si ese sujeto en París tiene algo que ver con la industria... poner un pie allá va a ser caminar directo hacia la trampa
Me quedé sola en la penumbra del salón, escuchando el lejano murmullo del tráfico de Nueva York. Abrí mi teléfono una vez más. La pantalla brillaba en la oscuridad. Ningún mensaje nuevo. Pero en el fondo de mi mente, la advertencia de Kyle resonaba con una claridad aterradora: la tormenta no había terminado, y el viaje a París estaba a punto de comenzar.