El precio de un capricho - mini serie

Capítulo 26

Giré la cabeza para mirar a Mateo. Él me miraba buscando complicidad, buscando al amor de su vida que corriera a sus brazos para defenderlo de la "bestia". Pero se encontró con un muro de hielo.

-Kate, mi amor, no sé qué le pasa a este imbécil, yo solo vine porque te extrañaba y...
-sé lo de la fiesta, Mateo

Lo interrumpí. Mi voz no fue más que un susurro cortante, pero lo detuvo en seco.
La sonrisa de Mateo se congeló.

-¿Qué?
-sé lo de la fiesta en el penthouse. La chica rubia de ojos claros que no te soltaba el cuello

Dije, sintiendo cómo las lágrimas quemaban detrás de mis ojos, la humillación y el dolor amenazando con destruirme de nuevo.

-recibí la foto, Mateo. La recibí del mismo número anónimo que nos acosó durante semanas. Ella misma me mandó un mensaje riéndose de mí, agradeciéndome por quedarme en Nueva York y dejárselo servido...

El rostro de Mateo mutó de la confusión al pánico absoluto en un segundo. Se puso pálido, casi gris. Sus labios se abrieron, pero no salió ningún sonido. El shock en sus ojos confirmó cada maldita sospecha.

-Kate... no, no, es un error, déjame explicarte... ella... la firma nos obligó a esa recepción, fue solo una foto, una trampa, te lo juro por los niños, yo no...

Empezó a atropellar palabras vacías, intentando dar un paso hacia mí con los brazos abiertos. El dolor fue demasiado. Sentí la primera lágrima rodar por mi mejilla y supe que si me quedaba un segundo más escuchando sus excusas baratas, me desplomaría en la acera frente a todos.
No le di el gusto. Me di la vuelta en silencio, agarré el manubrio del cochecito donde descansaban Mía y Leo y empujé con fuerza hacia las puertas de cristal del edificio. El conserje me abrió de inmediato, permitiéndome entrar al vestíbulo, lejos de él, lejos del desastre.
Afuera, la puerta de cristal comenzó a cerrarse lentamente, pero a través del vidrio aún podía escuchar y ver todo.
Mateo intentó dar un paso para seguirme hacia el vestíbulo, pero la figura masiva de Kyle le bloqueó el paso una vez más, tomándole el espacio vital. Mateo se frenó, temblando de frustración y desesperación.

-Kate, ¡por favor!

Gritó Mateo hacia el vidrio.
Fue entonces cuando vi a Kyle cambiar. La furia volcánica en la postura de Kyle se transformó en una calma helada, peligrosa y siniestra.
Kyle dio un paso más hacia Mateo, acorralándolo contra el taxi. Inclinó la cabeza levemente y, con una lentitud calculada, dibujó una sonrisa de pura malicia en el rostro. Una sonrisa cargada de un desprecio abrumador.

-escúchame bien, diseñador de pacotilla

Dijo Kyle en un murmullo lo suficientemente alto para que la vibración atravesara el aire.

-si no te das la vuelta y te subes a ese maldito taxi en los próximos tres segundos... te voy a moler a golpes aquí mismo. Y te juro que no me va a importar en lo absoluto que mañana todos los noticieros del mundo hablen de cómo destruí a un imbécil infiel en la calle

Mateo miró a Kyle a los ojos y entendió que no era una amenaza vacía. Vio la promesa de violencia absoluta en la mirada del piloto de carreras y dio dos pasos atrás, tropezando con sus propios pies.
Sin mirar atrás, con el orgullo destrozado y el pánico reflejado en la cara, Mateo abrió la puerta del taxi, se arrojó al asiento trasero y le gritó al chofer que arrancara. El vehículo aceleró por la avenida, desapareciendo entre el tráfico de Manhattan.
Kyle se quedó de pie en la acera un par de segundos, acomodándose la chaqueta con una elegancia fría, antes de girarse y cruzar las puertas de cristal para alcanzarme en el vestíbulo.

El silencio en el apartamento era profundo, denso, pero esta vez no se sentía sofocante. Por primera vez en semanas, el aire no pesaba. Los gemelos dormían en sus cunas tras una tarde de llantos y juegos que terminó por agotar sus pequeñas energías. Tras cerrar suavemente la puerta de su habitación, me quedé unos segundos apoyada contra la madera, escuchando el ritmo pausado de sus respiraciones.
Caminé hacia el salón a paso lento, con los pies descalzos sobre la alfombra. Las luces de la ciudad entraban por el gran ventanal, dibujando sombras doradas y azules sobre el suelo de madera.
En la terraza, apoyado contra la barandilla de hierro bajo la brisa fresca de la noche neoyorquina, estaba Kyle. Vestía una camiseta gris sencilla y pantalones oscuros, sosteniendo una copa de vino que ni siquiera estaba probando. Miraba hacia la línea del horizonte, con la mirada perdida en algún punto distante entre los rascacielos.
Me acerqué en silencio. El viento de la noche agitaba suavemente las cortinas. Al escuchar mis pasos, Kyle se giró levemente, pero no dijo nada. Simplemente abrió espacio a su lado, en un gesto silencioso que me invitaba a compartir su refugio.
Me apoyé en el barandal junto a él, dejando que el frío de la noche me despejara la mente.

-están profundamente dormidos

Murmuré, rompiendo la calma.

-ni siquiera los fuegos artificiales de la bahía los despertarán hoy

Kyle dejó escapar una risa suave, un sonido grave y rasposo que pareció acariciarme la piel.

-esa es mi especialidad: cansarlos hasta que no puedan más

Dijo, mirándome de reojo.

-¿Tú cómo estás?

La pregunta era simple, pero llevaba semanas suspendida entre los dos. Me tomé un momento para buscar la respuesta. Miré mis manos apoyadas en el metal frío.

-estoy... en paz

Confesé, y para mi propia sorpresa, era verdad

-por primera vez desde que Mateo se fue a París, siento que el aire me llega a los pulmones. Supongo que descubrir la verdad, por dolorosa que haya sido, es mejor que vivir envenenada por el miedo y la culpa

Kyle no respondió de inmediato. Dejó su copa sobre la mesa auxiliar y se giró completamente hacia mí. La luz de las farolas le iluminaba la mitad del rostro, acentuando la línea marcada de su mandíbula y el azul intempestivo de sus ojos.



#1275 en Novela romántica

En el texto hay: comedia, romance

Editado: 05.10.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.