El precio de un capricho - mini serie

Capítulo 27

No se alejó, pero su frente se apoyó despacio contra la mía. Escuché un suspiro entrecortado que nació desde lo más profundo de su pecho. Sus manos, que sujetaban mis hombros con fuerza contenida, temblaron apenas un milímetro.

-no puedo, Kate...

Murmuró con la voz rota, cargada de una vulnerabilidad que nunca le había escuchado.
Abrí los ojos, confundida, buscando los suyos.

-¿Kyle?

Él apartó la cara levemente, aunque mantuvo sus manos en mis brazos, como si soltarme significara dejarme caer. Miró hacia la noche de Nueva York, apretando la mandíbula con dolor.

-tengo miedo

Confesó en un hilo de voz.
Solté una pequeña risa incrédula, intentando aliviar la tensión.

-¿El intrépido Kyle Vance tiene miedo? Conduces a trescientos kilómetros por hora entre muros de concreto sin parpadear...
-eso es fácil

Me interrumpió, volviendo a clavar sus ojos azules en mí, desnudos de toda arrogancia.

-conducir es fácil. Arriesgar mi vida es fácil. Lo que me aterroriza es esto. Lo que me aterroriza es volver a fallarte

Las palabras quedaron flotando en el aire nocturno, pesadas y sinceras.

-no tengo miedo de lo que siento por ti

Continuó Kyle, dando un paso atrás, aunque sin soltar del todo mi mano.

-esos sentimientos nunca se fueron, Kate. Me mentí a mí mismo pensando que los había enterrado cuando te vi besar a Mateo, me mentí diciendo que solo estaba aquí por los bebés. Pero la verdad es que te amo. Te he amado cada maldito día

Mi corazón dio un vuelco salvaje contra mis costillas.

-pero ya te fallé una vez

Agregó, negando con la cabeza, su voz llena de una amargura añeja.

-en el pasado fui inmaduro, egoísta, no supe estar a la altura de lo que necesitabas y te perdí. Te dejé rota. Y ahora... ahora acabas de pasar por un infierno. Estás vulnerable, tu mundo se acaba de derrumbar por la traición de un imbécil, y no voy a aprovecharme de eso. No voy a meterte en mi caos si no estoy seguro de poder ser el hombre que realmente mereces para siempre. El miedo a volver a destruirte me paraliza, Kate. No me lo perdonaría jamás

Me quedé en silencio, mirándolo. La sinceridad pura de sus palabras me atravesó más profundamente que cualquier declaración romántica elaborada. El hombre que tenía enfrente no era el piloto arrogante del pasado; era un hombre que había madurado en la hoguera del dolor y el amor verdadero, alguien dispuesto a contener sus propios deseos más profundos solo para proteger mi corazón.
Deslicé mi mano por su brazo hasta entrelazar mis dedos con los suyos. Aprete su mano con fuerza.

-no me estás fallando, Kyle

Le dije en voz baja pero firme.

-estás aquí. Nos salvaste. Estás cuidando de nuestros hijos y de mí sin pedir nada a cambio. Eso no es fallar

Kyle miró nuestras manos unidas. Sonrió con tristeza, una sonrisa pequeña pero llena de un afecto tan puro que me apretó el pecho.

-aún así... prefiero ir despacio

Murmuró, inclinándose una vez más para depositar un beso tierno, largo y profundo en mi frente.

-no me voy a ningún lado, Kate. Pero esta vez quiero hacer las cosas bien

Se separó despacio, dándome un último apretón de manos antes de dar un paso hacia el interior del apartamento.
Se quedó de pie en la puerta del balcón, mirándome una última vez antes de irse a la biblioteca a dormir. Me quedé sola en la terraza, sintiendo el aire frío de la noche, pero por primera vez en años, el calor en mi pecho no provenía de una ilusión efímera, sino de la certeza de que, en medio de las ruinas de mi pasado, estaba comenzando a construir algo real.

La transición de la tormenta al sol nunca es repentina, pero en nuestro apartamento en Tribeca se sentía como un cambio de estación refrescante y muy bienvenido. Por primera vez en meses, las mañanas no olían a tensión acumulada ni a secretos contenidos; olían a café recién molido, waffles ligeramente quemados y a una comedia doméstica que me devolvía la vida a pasos agigantados.
Luchaba con mis sentimientos, claro que sí. Sería una mentirosa si dijera que mi corazón no daba un salto mortal cada vez que veía a Kyle pasearse por el salón con los pantalones del pijama arremangados, despeinado y tratando de descifrar la física cuántica de armar una cuna de viaje plegable. Pero el "nuevo Kyle" era una revelación fascinante. El hombre impulsivo y egocéntrico del pasado había dado paso a un compañero atento, paciente y absurdamente divertido que no temía hacer el ridículo con tal de sacarme una sonrisa.

-¡Katherina, tu hijo está desafiando las leyes de la aerodinámica!

Gritó Kyle desde la sala una mañana, mientras yo intentaba maquillarme en el baño.
Salí con el pincel de rubor en la mano y me encontré con una escena digna de una comedia de enredos. Kyle estaba tumbado boca arriba en el suelo, usando sus piernas musculosas como una especie de catapulta casera sobre la que sostenía a Leo en el aire. Leo emitía carcajadas ruidosas mientras Mía, sentada a un lado, le lanzaba calcetines limpios a la cara a su padre como si fuera un juego de tiro al blanco.

-se llama gravedad, Kyle

Me reí, apoyándome en el marco de la puerta

-y Leo no es un coche de carreras
-técnicamente tiene la aceleración de uno

Protestó Kyle, atrapando un calcetín volador con la boca para hacer reír a Mía, quien rompió en un aplauso frenético.

-además, estamos practicando la estabilidad de la tripulación

Se puso en pie de un salto con una agilidad envidiable, cargando a los dos bebés al mismo tiempo -uno en cada brazo- como si fueran un par de bolsas de compras. Se acercó a mí con esa sonrisa torcida que solía desarmarme por completo. Olía a jabón neutro y a ese perfume amaderado que se había vuelto mi refugio.

-estás hermosa

Murmuró en voz baja, deteniéndose a milímetros de mí para no aplastar a los niños.

-tengo un ojo maquillado y el otro no



#1275 en Novela romántica

En el texto hay: comedia, romance

Editado: 05.10.2026

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