El precio de un capricho - mini serie

Capítulo 28

~Narración de Kyle~

El estudio fotográfico en el SoHo estaba saturado con el ruido característico de una producción de moda: música pop sonando de fondo, el chasquido constante de las cámaras y el vaivén de estilistas ajustando abrigos de la temporada de otoño.
Yo estaba apoyado contra la barra de catering al fondo del loft, con una taza de café negro en la mano, vigilando el perímetro por pura costumbre. Kate estaba frente al fondo blanco, luciendo un abrigo camel de corte impecable. Estaba radiante, sonriendo con una seguridad que no le veía desde hacía años. Los gemelos descansaban plácidamente en su corralito portátil dentro de mi camerino improvisado, cuidados por Elena.
De repente, la puerta del ascensor del estudio se abrió con un timbre metálico.
No necesité que nadie me lo señalara. Mi instinto se activó en un milisegundo. Mateo cruzó el umbral.
Lucía desaliñado, con el cabello despeinado y los ojos enrojecidos tras lo que imaginaba había sido un viaje desastroso desde Francia. Traía un ramo de flores gigantesco en la mano y una expresión de desesperación contenida, buscando a Kate entre la multitud de fotógrafos y maquilladores.
Sentí una corriente de fuego helado recorrer mi espalda, pero no perdí la calma. El "nuevo yo" no iba a armar un escándalo público que terminara en las portadas de los periódicos de chismes y arruinara la sesión de fotos de Kate.
Dejé la taza de café en la mesa con una lentitud calculada. Intercepté a Mateo justo a mitad del pasillo principal, antes de que pudiera dar tres pasos hacia el set donde Kate posaba ajena a su presencia.
Me planté directamente en su camino. La diferencia de altura y envergadura se hizo evidente al instante.

-estás en el lugar equivocado, Mateo

Dije en un murmullo bajo, firme y peligroso, que apenas superó el volumen de la música del estudio.
Mateo se frenó en seco, casi tropezando con sus propios pies. Al verme, su rostro se contrajo en una mezcla de frustración y enojo.

-hazte a un lado, Woods

Escupió Mateo, intentando esquivarme por la izquierda.

-necesito hablar con Kate. Esto es entre ella y yo, no te metas

Puse dos dedos sobre su hombro, ejerciendo la presión justa para detenerlo sin llamar la atención del fotógrafo. Mi mirada no tenía un solo rastro de amabilidad; era un bloque de hielo diseñado para hacer colapsar a cualquiera.

-te lo voy a decir una sola vez

Murmuré, inclinándome levemente hacia él para que solo él pudiera escucharme.

-no vas a dar un solo paso más. No vas a arruinar su trabajo, no vas a estresarla y no vas a acercarte a mi familia
-¡Ella era mi novia!

Siseó Mateo entre dientes, apretando el tallo de las flores hasta casi romperlo.

-¡Tú no eres nadie para prohibirme hablar con ella! Lo que pasó en París fue un error, una trampa, y ella tiene que escucharme...
-tuviste semanas para ser un hombre honesto y elegiste jugar al diseñador estrella mientras una loca la aterrorizaba desde tu propio entorno

Lo interrumpí, sosteniéndole la mirada con un desprecio absoluto.

-perdiste tu oportunidad, Mateo. Ella ya no quiere escucharte. Y si das un solo paso hacia esa cámara, te voy a sacar de este edificio por la puerta de servicio de la manera más humillante que te puedas imaginar

Mateo miró por encima de mi hombro. A lo lejos, Kate giró la cabeza y nuestras miradas se cruzaron por un segundo. Ella vio a Mateo, se congeló por un instante, pero luego miró la forma en que yo estaba gestionando la situación: sin violencia física, sin gritos, pero con un dominio absoluto del espacio. Kate simplemente negó con la cabeza en dirección a Mateo, le dio la espalda al escenario y continuó posando para el fotógrafo.
Esa señal fue el golpe final.
Mateo bajó la mirada hacia el ramo de flores, comprendiendo que la puerta se había cerrado para siempre. La humillación en su rostro era completa.

-tienes cinco segundos para darte la vuelta y subirte a ese ascensor

Añadí, bajando la mano de su hombro pero manteniendo mi postura intimidante.
Sin decir una sola palabra más, Mateo dio media vuelta con los hombros caídos y caminó de regreso al ascensor. Las puertas de metal se cerraron tras él, llevándose consigo el último vestigio de la tormenta que casi destruye nuestro hogar.
Respiré hondo, ajusté mi chaqueta y volví a tomar mi taza de café. Al levantar la vista, Kate me miraba desde el set. Le guiñé un ojo y le dediqué una sonrisa tranquila. Ella me devolvió una sonrisa brillante, llena de gratitud y de algo mucho más profundo que me confirmó que el camino que estábamos recorriendo juntos ya no tenía marcha atrás.

***

~Narración de Kate~

El suave murmullo de la música de jazz en el restaurante de West Village se sentía como un bálsamo. Elena había tomado el mando en el apartamento con una disciplina digna de un general de brigada, prometiéndome que los gemelos estarían alimentados y dormidos a las ocho en punto. Por primera vez en casi dos años, Kyle y yo estábamos solos en una mesa para dos, lejos de los biberones, las sesiones de fotos y los reportes de seguridad.
La velada era perfecta, repleta de esa comedia ligera que Kyle manejaba con tanta soltura.

-Katherina, si sigues mirando la copa de vino como si fuera una prueba de la inquisición, voy a pedir que nos traigan papilla para que te sientas como en casa

Bromeó Kyle, apoyando los codos en la mesa con esa sonrisa irreverente que arrugaba la comisura de sus ojos.

-es que no me acostumbro a comer con las dos manos libres

Reí, dejando la copa en la mesa.

-siento que en cualquier momento un puñado de puré volará directo a mi vestido
-si algo vuela hacia ti, me interpondré. Es parte de mis deberes como guardia de seguridad sin sueldo

Guiñó un ojo, extendiendo la mano sobre el mantel para rozar la mía.
El toque de sus dedos trajo una ola de calor instantánea. El romance entre nosotros ya no era una chispa tímida; era un fuego constante, cómodo y profundo. Compartimos postre, risas ahogadas y anécdotas ridículas sobre sus inicios en el automovilismo hasta que la noche neoyorquina nos invitó a caminar.
Salimos del restaurante, paseando por las calles iluminadas del centro. El aire era fresco y la complicidad entre los dos era tan evidente que varios transeúntes sonreían al vernos pasar. Me acurruqué contra su brazo, sintiendo la firmeza de sus hombros y la certeza absoluta de que estaba exactamente donde quería estar.
Pero Nueva York a veces se siente como un escenario demasiado pequeño.
Al doblar la esquina hacia la avenida principal, una figura emergió de la penumbra de un café cerrado. Se me borró la sonrisa de golpe. Mi cuerpo se congeló por instinto.
Mateo estaba allí.
Lucía desgastado, sin el abrigo impecable de siempre, con el rostro cruzado por la culpa y el cansancio. A su lado, sentí el cambio drástico en Kyle: su cuerpo se tensó como un resorte, apretó los puños a los costados y frunció el ceño, apretando la mandíbula con una fuerza descomunal mientras respiraba profundo, buscando desesperadamente controlarse.



#1275 en Novela romántica

En el texto hay: comedia, romance

Editado: 05.10.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.