El precio de un Heredero

Capitulo 1

Desde los ventanales de la Torre Velasca, se reflejaba una imagen que imponía respeto en todo Milán: Gianna Valli. Ella había logrado levantar un imperio textil que estaba a punto de caer, convirtiéndolo en un grupo tecnológico líder. Pero en ese instante, la mente de Gianna, reflejada en sus penetrantes ojos grises, no estaba enfocada en los números del trimestre. Estaba maquinando algo mucho más personal: su siguiente gran movida.

—Elena, no lo veas como una locura, sino como una manera inteligente de usar los recursos —dijo Gianna, sin quitar la mirada del paisaje urbano.

Elena, su amiga desde la infancia y la única que se atrevía a entrar a su oficina sin anunciarse, soltó una risita nerviosa con la copa de vino en la mano.

—Gianna, usar los recursos de forma inteligente sería invertir en una fábrica en Asia, ¡no esto! Lo que estás planeando roza la eugenesia. Estás hablando de tener un hijo como si fuera lanzar un nuevo producto al mercado.

Gianna finalmente se giró. Impecable como siempre, su traje color crema no tenía ni una arruga, al igual que su vida planeada al detalle.

—No puedo dejar mi legado al azar. No voy a permitir que la genética se juegue el futuro de mi apellido. Los bancos de esperma son un fracaso; solo tienen donantes anónimos, que en la mayoría de los casos son estudiantes que necesitan dinero. Yo no busco un donante cualquiera. Quiero el ADN de alguien que domine.

—¿Que domine? —Elena levantó una ceja, sorprendida.

—Sí. Alguien que haya demostrado que puede conquistar el mundo. Un hombre con una mente brillante, una salud perfecta y, lo más importante, una ambición implacable que no se aprende en los libros. Un líder nato que no tenga interés en formar una familia.

Elena se acercó a Gianna, con preocupación en la mirada.

—Gianna, esos hombres no son fáciles de manipular. Ellos son los que mandan. Si encuentras a alguien así y descubre que tiene un hijo, no te lo va a agradecer. ¡Te va a hacer la vida imposible!

—Precisamente ese es el plan —respondió Gianna con una sonrisa fría—. Él nunca lo sabrá. Mi idea es precisa: tres noches, borrar toda huella y darle a mi heredero una vida con total independencia.

Un suave golpe en la puerta interrumpió la conversación. Beatrice, su secretaria de confianza, entró con una tableta en la mano.

—Signora Valli, ya confirmaron la Gala Internacional en la Costa Azul. No será en París, como se decía; el resort estará cerrado solo para esta reunión de líderes empresariales. Dura tres días.

Gianna tomó la tableta y revisó la lista de invitados: presidentes de bancos, grandes empresarios del acero, genios de la inteligencia artificial. Lo mejor de Europa, reunido bajo el sol del Mediterráneo, lejos de la prensa y las distracciones.

—Perfecto —murmuró Gianna—. Un ambiente controlado, fuera de Italia.

—¿Vas a ir de cacería? —preguntó Elena en voz baja, después de que la secretaria se fuera.

—Voy a elegir al candidato ideal —corrigió Gianna—. Necesito a alguien que viva lejos, para que no nos crucemos. Londres, Alemania, el norte de Europa quizás. Alguien que vea el sexo como un simple placer y el compromiso como una debilidad.

Elena negó con la cabeza y sirvió más vino.

—Estás jugando con fuego. Esos hombres no son simples donantes, son gente sin escrúpulos. Y, conociéndote, no te vas a conformar con el primero que veas. Vas a ir por el tipo más peligroso.

Gianna se acercó a su escritorio y cerró la carpeta de la gala. En su cabeza, todo estaba calculado. No había lugar para el amor, el arrepentimiento o las reglas morales. Solo había espacio para el triunfo.

—La biología es solo otra cosa que debo dirigir —afirmó—. Y en esa gala, voy a encontrar al socio que, sin saberlo, va a invertir su sangre en mi imperio.

Esa noche, mientras Milán dormía, Gianna revisó biografías hasta el amanecer. No buscaba belleza, aunque la apariencia era un indicador de buena salud. Lo que buscaba era eficiencia, resistencia y poder. Buscaba a alguien que, como ella, tuviera la sangre fría.

El destino ya tenía un nombre en mente para ella, uno que no conocía, pero que iba a romper cada una de sus reglas. Pero en ese momento, ese hombre era solo un factor más en su plan perfecto.

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