El Precio de Volver

CAPÍTULO 15

La Carta

La propiedad de Cayo Vizcaíno era más pequeña de lo que Sofía había imaginado, escondida detrás de una hilera de palmeras que la protegía de miradas curiosas desde el agua. Adrián encendió las luces del porche, cerró bien todas las puertas, y se quedó a una distancia respetuosa mientras Sofía se sentaba en el borde de la cama con el sobre entre las manos.

—Puedo darte privacidad —dijo él—, si la necesitas.

—No —dijo Sofía, sin apartar los ojos del sobre—. Quédate. Por favor.

Adrián se sentó a su lado, sin decir nada más, dejándole el espacio y el silencio que necesitaba.

Sofía rompió el sello con dedos temblorosos. Dentro había varias hojas escritas a mano, la letra de su padre más apretada de lo normal, como si hubiera escrito con prisa, o con miedo.

Mi Sofía:

"Si estás leyendo esto, significa que alguien empezó a hacer preguntas sobre cosas que intenté mantenerte lejos toda tu vida. Lo siento. Lo siento más de lo que estas palabras pueden explicar.

Hace quince años, cuando tu madre enfermó, acepté dinero de Robert Cross para pagar tratamientos que no podíamos costear de ninguna otra forma. Ese dinero tenía condiciones que no entendí completamente hasta que ya era demasiado tarde: Robert me pidió que llevara ciertos registros para él. Registros de embarques que oficialmente no existían. Le dije que sí porque tu madre se estaba muriendo y no tenía otra opción.

Con el tiempo entendí exactamente qué estaba moviendo esa empresa a través de esos puertos, y para entonces ya era imposible salir sin ponerte en peligro a ti. Empecé a guardar copias de todo, en secreto, como un seguro. Nunca pensé usarlas. Solo quería tener algo que me protegiera si algún día Robert decidía que yo ya no le era útil.

Cuando tú y Adrián empezaron a hablar de matrimonio, entré en pánico. Sabía que una boda significaría que tarde o temprano descubrirías la verdad sobre mí, sobre el dinero, sobre todo. Así que hice lo peor que he hecho en mi vida: le pedí a Robert que te alejara de su hijo, sin decirte por qué. No sabía que él iba a montar esa llamada falsa. No sabía que te iba a hacer creer que habías traicionado a Adrián con dinero que ni siquiera pediste.

Sofía, si estás leyendo esto es porque probablemente ya no estoy ahí para explicártelo yo mismo. Solo quiero que sepas: todo lo que hice, lo hice por miedo a perderte a ti, no por falta de amor hacia ti.

La caja fuerte del estudio, detrás del cuadro de tu madre, tiene el resto de las pruebas. La combinación es tu cumpleaños.

Perdóname."

"Papá"

Sofía dejó caer la carta sobre su regazo, con las lágrimas cayendo antes de que pudiera contenerlas. Adrián la envolvió con los brazos sin decir una palabra, dejándola llorar contra su pecho todo el peso de dos años de duelo incompleto y cinco años de una mentira que ninguno de los dos había construido.

—Tu padre te alejó de mí para protegerte —dijo finalmente Adrián, con la voz ronca—, y mi padre convirtió esa protección en un arma para destruirnos a los dos.

—Hay una caja fuerte —dijo Sofía, limpiándose las lágrimas—. En el estudio de mi padre. Con más pruebas.

Adrián la miró, y en sus ojos había una determinación nueva, distinta a todo lo que Sofía había visto en él hasta ese momento.

—Entonces mañana vamos a esa casa —dijo—, y terminamos esto de una vez.

El teléfono de Sofía vibró antes de que pudiera responder. Un mensaje de Valentina, corto y urgente:

Encontré algo en los registros que envió Marcos. No es solo tu padre y el mío en esto, Adrián. Hay un tercer nombre que no esperábamos.




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