La llamada del Ministerio de Economía entró directo a la línea privada de Alejandro Sterling a las ocho de la noche. El tono del viceministro al otro lado del teléfono era pasivo-agresivo. Le exigía que "alineara" a su nuevo empleado, Mateo Silva. Si el muchacho no cedía la patente del purificador de agua al Gobierno para sus campañas en las zonas bajas, la multinacional perdería las licitaciones estatales de infraestructura tecnológica para los próximos tres años.
Alejandro colgó el teléfono en silencio.
En su pecho se encendió una mezcla de rabia e impotencia pura. Recordó a Mateo en el stand de inscripción, defendiendo su chatarra con los dedos quemados por el soldador y los ojos inyectados en sangre. Sintió un asco profundo hacia esos burócratas que no sabían lo que era pasar hambre, pero que eran expertos en devorarse el talento ajeno a cambio de migajas.
Sin embargo, Alejandro no era un idealista indefenso; era el tiburón blanco de la industria. Él ya sabía perfectamente cómo operaba la maquinaria corrupta del Gobierno. Sabía que los contratos estatales eran un juego sucio, y para jugar sucio, él ya tenía el material necesario en sus manos.
Al día siguiente, Alejandro citó a Mateo en la oficina de la presidencia. El joven entró con la mandíbula tensa, esperando un regaño o la orden de ceder su invento para salvar las acciones de AuraTech Corporación.
—Toma asiento, Mateo —dijo Alejandro, girando su silla de cuero hacia el ventanal que miraba a toda la ciudad—. El Ministerio me llamó anoche. Quieren tu purificador a las buenas o a las malas. Amenazaron con congelar las cuentas de nuestra empresa si no te obligo a firmar la cesión de derechos.
Mateo apretó los puños, sintiendo que el muro del sistema volvía a cerrarse sobre él.
—No voy a firmar, señor Sterling —respondió Mateo, sosteniéndole la mirada con orgullo—. Si tengo que renunciar a AuraTech y volver a cargar cajas en el almacén para proteger lo que es mío y de mi madre, lo haré hoy mismo.
Alejandro soltó una carcajada genuina y se inclinó hacia adelante sobre su escritorio de caoba.
—¿Renunciar? Muchacho, te contraté porque tienes garras, no para que salgas corriendo al primer ladrido del Gobierno —Alejandro deslizó una tableta digital hacia Mateo—. Mira la pantalla.
Mateo observó el documento. Eran transferencias bancarias, registros de auditorías externas y correos electrónicos filtrados de los mismos funcionarios que lo habían visitado en la universidad. Los papeles demostraban que el programa de "Agua para las zonas bajas" del Gobierno sobrefacturaba los costos un 400% a través de empresas fantasma propiedad de los familiares de los ministros.
—Ellos no quieren tu proyecto para ayudar a los pobres, Mateo —explicó Alejandro con una sonrisa gélida—. Lo quieren porque tu diseño es tan barato de producir que les permitiría justificar presupuestos millonarios, quedarse con el vuelto y culpar a la "tecnología de chatarra" si algo fallaba. Es el negocio perfecto para su corrupción.
Mateo sintió una oleada de asco, pero también de asombro ante el poder de información que tenía su jefe.
—¿Qué va a hacer con eso, señor Sterling? —preguntó el joven.
—Defenderte —sentenció Alejandro, dándole un golpe firme al escritorio—. Mañana tengo una reunión formal con el gabinete. Voy a presentar tu proyecto como la propuesta oficial de AuraTech para el desarrollo social, blindada por nuestros abogados internacionales. Y si intentan bloquearnos o extorsionarte de nuevo con migajas, estas auditorías llegarán de forma anónima a la prensa internacional antes del mediodía.
Alejandro se puso de pie, caminó hacia Mateo y le puso una mano firme en el hombro.
—El Gobierno cree que puede aplastar a los jóvenes de tu barrio porque los ven solos. Pero ahora estás en AuraTech. Tu mente creó la tecnología, y mis recursos van a crear el escudo para protegerla. Mañana ve a tus clases en la universidad con la cabeza en alto. De los monstruos grandes me encargo yo.
Mateo sintió que un peso enorme se le quitaba de encima. Por primera vez en su vida, el sistema no lo estaba aplastando; tenía a alguien poderoso peleando a su lado en la misma mesa de juego.