El Precio Del Poder

Un amor prohibido

Priya no había dejado de pensar en Aditi Raghavan desde que encontró aquella carta. La imagen de su prometido, Arjun Kapoor, se desmoronaba poco a poco. Su compromiso no era más que una estrategia política, pero ahora parecía esconder algo más oscuro.

Necesitaba respuestas.

La mañana siguiente, vestida con un saree azul celeste que contrastaba con su piel bronceada, Priya decidió hacer algo que jamás había hecho: desafiar las reglas.

Encuentro con la verdad

Usando su apellido como pase de acceso, llegó a la sede del Hindustan Times, uno de los periódicos más influyentes de la India. Nadie cuestionó su presencia cuando caminó entre las oficinas. Finalmente, la encontró.

Aditi Raghavan era más joven de lo que imaginaba, con el cabello oscuro recogido en un moño descuidado y unos ojos felinos que transmitían fuego. Llevaba una blusa blanca arremangada, unos jeans ajustados y la determinación de alguien que había visto demasiadas verdades incómodas.

—No esperaba la visita de una Chaudhary —dijo Aditi sin levantar la vista de su computadora.

Priya cerró la puerta detrás de ella y avanzó con cautela.

—Sé quién eres. Y sé que investigas a mi familia y a los Kapoor —dijo con voz firme.

Aditi alzó una ceja, recargándose contra el escritorio.

—¿Y qué quieres de mí?

Priya tomó aire.

—Quiero saber la verdad sobre Arjun.

El rostro de Aditi se tensó por un instante, pero luego dejó escapar una risa irónica.

—La verdad... —se levantó y rodeó el escritorio, acercándose a Priya—. ¿Estás segura de que quieres escucharla?

El perfume de Aditi era embriagador, una mezcla de jazmín y sándalo. Había algo en su presencia, en su descaro, que alteraba a Priya de una manera inesperada.

Aditi tomó su teléfono, buscó una imagen y se la mostró. Era una fotografía borrosa de Arjun Kapoor... con una mujer. Pero no cualquier mujer. Era Aditi.

Priya sintió como si el suelo se abriera bajo sus pies.

—Éramos amantes —susurró Aditi, estudiando cada reacción de Priya—. Y cuando intenté dejarlo, las amenazas comenzaron.

Priya sintió un ardor en la garganta. Su prometido estaba enamorado de una mujer que ahora se convertía en su aliada o en su peor enemiga.

—¿Por qué me dices esto? —preguntó, tratando de controlar su respiración.

Aditi se inclinó hacia ella, sus labios a centímetros de su oído.

—Porque creo que tú también eres prisionera de este juego.

Un escalofrío recorrió el cuerpo de Priya.

Los límites se desdibujan

Esa noche, de regreso en la mansión Chaudhary, Priya no podía sacarse a Aditi de la cabeza. Se sentía atrapada entre la ira y el deseo, entre la traición y la fascinación por aquella mujer que hablaba con tanta libertad.

Tomó una copa de vino y se dejó caer en el sofá de su habitación. Quería odiar a Aditi, pero en cambio, la imaginaba con claridad: sus labios entreabiertos, su cuerpo tan cerca del suyo, la forma en que su mirada había atravesado cada una de sus defensas.

Llevó los dedos a su cuello, recorriéndose lentamente, sintiendo el calor subir por su piel. Cerró los ojos y dejó que su mente la llevara a lugares prohibidos, donde el poder no dictaba las reglas y donde, por una vez en su vida, ella podía decidir lo que realmente deseaba.

Y en ese instante, supo que su historia con Aditi no había hecho más que comenzar.




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