El Precio del Silencio

CAPÍTULO 9

Cena de Familia

La cena en el penthouse de Adrián tenía una calidez que Sofía no había sentido en años: platos sencillos preparados entre risas incómodas, una botella de vino que ninguno de los tres se atrevió a beber demasiado rápido, y conversaciones que, poco a poco, dejaron de girar en torno a Robert, Isabela o Meridian Shipping.

—Cuéntame algo de tu vida —le pidió Sofía a Gabriel, sirviéndole más pasta—. Algo que no tenga que ver con toda esta locura. ¿Qué te gusta hacer cuando no estás construyendo empresas fachada para vigilar a tu hermana perdida?

Gabriel soltó una risa genuina, la primera que Sofía le había escuchado desde que se conocieron.

—Toco guitarra —dijo—. Mal, pero con entusiasmo. Y colecciono mapas antiguos de rutas marítimas. Supongo que ahí encaja mi obsesión con Meridian Shipping de una forma que ni yo mismo había notado hasta ahora.

—Eso es extrañamente poético —dijo Adrián, sirviéndose otra copa de vino—. Un hombre que colecciona mapas de rutas navieras termina descubriendo la ruta exacta que destruyó a su propia familia.

—La ironía no se me escapa —admitió Gabriel.

La noche avanzó con una normalidad que ninguno de los tres había esperado encontrar tan pronto después del caos de esa misma tarde. Fue casi medianoche cuando el teléfono de Adrián sonó, rompiendo el ambiente relajado con la brusquedad de una alarma.

—Es Valentina —dijo, contestando de inmediato.

La conversación duró apenas un minuto, pero el cambio en la expresión de Adrián fue suficiente para que Sofía y Gabriel se pusieran alerta de inmediato.

—¿Qué pasó? —preguntó Sofía en cuanto colgó.

—Interceptaron una llamada de Isabela desde la cárcel, antes de que le confiscaran el teléfono —dijo Adrián, con la voz tensa—. Habló con alguien identificado solo con un alias en los registros de la prisión: "El Navegante".

—¿El Navegante? —repitió Gabriel, frunciendo el ceño—. Suena a alguien directamente relacionado con las operaciones de Meridian Shipping.

—Valentina cree que es mucho más que eso —dijo Adrián—. Cree que es la persona que realmente fundó la red de contrabando hace más de treinta años, mucho antes de que mi abuela o mi padre estuvieran siquiera involucrados. Alguien que ha permanecido completamente oculto todo este tiempo, usando a los Ferrante y a los Cross como fachada.

Sofía sintió que un escalofrío nuevo le recorría la espalda, la sensación de que cada capa de esta conspiración que creían haber desentrañado por completo solo revelaba otra capa más profunda debajo.

—¿Sabe Valentina quién es? —preguntó.

—Todavía no —dijo Adrián—. Pero encontró algo en los archivos originales de Meridian Shipping, los que se robaron de la oficina de mi padre hace semanas. Un nombre en clave que aparece en las transacciones más antiguas, mucho antes de que cualquiera de nosotros naciera.

—¿Cuál? —preguntó Gabriel.

Adrián se quedó mirando su teléfono un momento más, releyendo el mensaje de su hermana antes de responder.

—"El Navegante" —dijo, con la voz baja— firmaba sus documentos más antiguos con un segundo nombre. Uno que reconozco, porque está tallado en la lápida de mi propio abuelo.




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