Seis Meses Después
Seis meses habían pasado desde que Alessandro Ferrante se entregó voluntariamente a la fiscalía, y Miami, para Sofía, había dejado de sentirse como una ciudad de fantasmas para convertirse, poco a poco, en algo parecido a un hogar de nuevo.
La reconstrucción del imperio Ferrante-Cross avanzaba con una lentitud burocrática que ponía a prueba la paciencia de los tres, pero también con una transparencia que jamás había existido bajo el control de Isabela o Robert. Cada contrato revisado por auditores externos, cada operación de Meridian Shipping desmantelada o legalizada según correspondiera, cada decisión tomada en consenso entre Adrián, Sofía y Gabriel.
—La junta aprobó el nuevo nombre esta mañana —dijo Adrián, entrando a la cocina donde Sofía preparaba café, con una sonrisa que llevaba meses sin verle con tanta naturalidad—. Ya no somos Grupo Ferrante Holdings. A partir de hoy, oficialmente, somos Grupo Cruz Duarte.
Sofía sonrió, sintiendo el peso simbólico del cambio de nombre, un borrón deliberado de todo lo que los apellidos Ferrante y Cross habían representado durante generaciones de secretos.
—Tu abuelo va a estar orgulloso, a su manera retorcida de estarlo —dijo, sirviéndole una taza.
—Hablando de mi abuelo —dijo Adrián, con una expresión que se ensombreció ligeramente—, Valentina llamó esta mañana. Quiere que vayamos a verlo esta semana.
Sofía sintió que algo se tensaba en su pecho. Las visitas a Alessandro, en el centro médico penitenciario donde cumplía su sentencia reducida mientras su salud se deterioraba, siempre dejaban a los tres con una mezcla incómoda de gratitud y resentimiento que nunca terminaba de resolverse del todo.
—¿Dijo por qué? —preguntó.
—Solo que es urgente —dijo Adrián—. Y que quiere hablar con los tres juntos, no por separado como las últimas veces.
Gabriel llegó minutos después, ya vestido para la reunión matutina que tenían programada con el equipo legal, pero se detuvo en cuanto notó la expresión en los rostros de ambos.
—¿Qué pasó? —preguntó.
—Nuestro abuelo quiere vernos —dijo Adrián—. A los tres, juntos, urgentemente.
Gabriel se quedó pensativo un momento, sopesando la noticia con la misma cautela calculadora que todavía conservaba, a pesar de los meses de reconstrucción y reconciliación familiar.
—Después de seis meses de visitas espaciadas y conversaciones cuidadosas —dijo finalmente—, una petición urgente para vernos juntos solo puede significar una de dos cosas: o su salud empeoró más rápido de lo que los médicos predijeron, o descubrió algo que todavía no nos ha contado.
Sofía sintió que un escalofrío conocido le recorría la espalda, el mismo tipo de presentimiento que la había acompañado durante los meses más peligrosos de esta historia.
—Con nuestra familia —dijo, con una media sonrisa cansada—, nunca es solo una cosa.
Esa tarde, condujeron juntos hacia el centro médico penitenciario, sin saber que la conversación que estaban a punto de tener terminaría por desenterrar la última pieza de una conspiración que ninguno de los tres había imaginado que pudiera extenderse todavía más allá.
Editado: 31.08.2026