Un Rostro Conocido
Sofía sintió que el aire se le atascaba en la garganta ante las palabras de Alessandro.
—¿A qué te refieres con que ya lo conocimos? —preguntó, con una voz que apenas lograba mantenerse firme.
Alessandro hizo una señal hacia la carpeta que Valentina había traído, indicando que revisara un documento específico entre los muchos que había extendido sobre la mesa.
—Mi contacto me envió una fotografía junto con la información —dijo—. La persona que actualmente lidera el Consorcio del Pacífico usa un alias en sus operaciones oficiales, pero su verdadero nombre es uno que reconocerán de inmediato.
Valentina encontró la fotografía en cuestión y la deslizó hacia el centro de la mesa, con una expresión que dejaba claro que ella misma se había sorprendido al verla por primera vez.
Sofía sintió que el mundo se detenía por un segundo al reconocer el rostro en la imagen: más mayor, con el cabello ahora completamente gris, pero indudablemente la misma persona.
—Marcos —dijo, casi sin voz—. Marcos Ibarra.
—El contador de tu padre —dijo Adrián, con una incredulidad que reflejaba exactamente lo que Sofía sentía—. El hombre que nos dio la prueba del Mercedes negro. El que lloró en el funeral de tu padre.
—Según mi contacto —dijo Alessandro—, Marcos Ibarra no solo llevaba las cuentas legítimas de Ernesto Duarte. También servía como el enlace principal entre Meridian Shipping y el Consorcio del Pacífico durante más de una década, un papel que mantuvo en secreto absoluto, incluso de Isabela y de mí mismo.
—Eso no tiene sentido —dijo Sofía, con la voz temblando entre la incredulidad y una traición que se sentía completamente nueva—. Marcos nos ayudó. Nos dio información clave. Arriesgó su vida, según él mismo dijo, para contarnos la verdad sobre el auto de Robert.
—O se aseguró de dirigir la investigación exactamente hacia donde él quería que fuera —dijo Gabriel, con una frialdad calculadora que Sofía reconocía de los primeros días en que lo había conocido—, mientras protegía su propia conexión con el Consorcio, completamente oculta detrás de la narrativa de la familia Cross como los únicos villanos de esta historia.
Sofía sintió que las piezas de los últimos meses se reorganizaban de golpe en su mente: la conveniente aparición de Marcos justo cuando empezaban a investigar, la información que siempre parecía apuntar hacia los Cross sin nunca comprometerlo a él, el momento exacto en que decidió contactarla, casi como si hubiera estado esperando el instante preciso para intervenir.
—Todo este tiempo —dijo, con una voz que apenas reconocía como suya—, pensé que era la única persona de la vida de mi padre en quien realmente podía confiar.
Adrián le tomó la mano, sin palabras, dejando que el peso de la revelación se asentara antes de intentar ofrecer cualquier tipo de consuelo.
—Necesitamos encontrarlo —dijo Valentina finalmente, guardando la fotografía de nuevo en la carpeta—. Antes de que decida que la mejor forma de resolver esta disputa financiera es a través de algo mucho más directo que una simple negociación.
El teléfono de Sofía vibró en ese momento, con una notificación que hizo que el corazón se le detuviera por un instante.
Un correo electrónico, sin remitente visible, con un asunto que confirmaba exactamente lo que todos temían:
“Hola de nuevo, Sofía. Ha pasado tiempo desde el funeral de tu padre.”
Editado: 31.08.2026