El Precio del Silencio

CAPÍTULO 23

Hola de Nuevo

Sofía sintió que las manos le temblaban al abrir el correo completo, con Adrián leyendo por encima de su hombro y Valentina inclinándose para ver la pantalla también.

“Hola de nuevo, Sofía. Ha pasado tiempo desde el funeral de tu padre.

Imagino que a estas alturas ya sabes quién soy realmente, o al menos una versión de la verdad que alguien más decidió compartir contigo. Permíteme corregir cualquier malentendido antes de que saques conclusiones apresuradas: todo lo que te dije sobre Robert Cross, sobre el auto, sobre la noche en que murió tu padre, era completamente cierto.

Lo que no te dije es que yo mismo ayudé a organizar esa noche, no porque quisiera que tu padre muriera, sino porque él había decidido, después de años de lealtad silenciosa hacia el Consorcio, que quería salir del negocio por completo. Eso, en nuestro mundo, no es una opción que se permite sin consecuencias.

Traté de advertirle. Traté de convencerlo de que encontráramos una salida más segura. Pero Isabela decidió actuar antes de que pudiéramos resolverlo de otra forma, y para cuando me enteré, ya era demasiado tarde.

Ahora, con Meridian Shipping desmantelado por completo, el Consorcio necesita recuperar lo que perdimos. Cuarenta millones de dólares es una cifra que ustedes tres pueden manejar fácilmente, considerando el imperio legítimo que ahora controlan. Consideren esto una oportunidad de resolver todo de forma civilizada, sin necesidad de que esto se convierta en algo más complicado para cualquiera de los dos lados.

Espero su respuesta pronto. Saben cómo contactarme.

Marcos”

El silencio que siguió a la lectura se sintió pesado, cargado de una traición que Sofía todavía no lograba procesar del todo.

—No podemos pagarle cuarenta millones de dólares a una organización criminal —dijo Adrián, con la voz tensa—. Eso no solo sería ilegal, sería exactamente el tipo de decisión que perpetuaría todo lo que hemos intentado desmantelar en los últimos seis meses.

—Estoy de acuerdo —dijo Valentina, ya escribiendo algo en su teléfono con urgencia—. Voy a necesitar rastrear el origen de este correo, aunque dudo que sea tan descuidado como para dejar un rastro fácil de seguir.

Gabriel, que había permanecido en silencio leyendo el mensaje varias veces, finalmente habló, con una expresión calculadora que Sofía reconocía cada vez con más frecuencia como una señal de que estaba pensando varios pasos por delante de los demás.

—Hay algo en este correo que no encaja —dijo—. Marcos dice que trató de advertir a nuestro padre, que quiso encontrar una salida más segura. Eso no suena a la clase de hombre dispuesto a amenazarnos directamente por dinero ahora.

—¿Qué insinúas? —preguntó Sofía.

—Insinúo —dijo Gabriel, con una lentitud deliberada— que tal vez Marcos no está actuando completamente por voluntad propia. Tal vez alguien más dentro del Consorcio está presionándolo a él también, de la misma forma en que Isabela presionó a Robert durante años.




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