El Precio por Tenerla (en edición)

Capítulo 1

Natasha.

Llego a mi oficina, la cual está ubicada en el edificio de Azuero&RivasCorp. Desde que me casé  con Andrés hace 5 años, nos asociamos y tenemos una empresa en un área estratégica de la ciudad para los negocios.  

Azuero&RivasCorp maneja tecnología de punta para vehículos motorizados, aeronaves y barcos. Mi esposo es el presidente y yo la vicepresidenta. 

Anoche Andrés y yo,  tuvimos una fuerte discusión que como de costumbre terminó en que yo estoy loca y que él es una santa paloma.  

No sé qué me enoja más, si el hecho de que sea un esposo infiel o que no sea lo suficientemente hombre para decirme en mi cara que todo es cierto. Creo que al menos eso me haría respetarlo como persona.  

Cuando nos casamos, no pensamos en que el sueño se puede convertir en pesadilla. Yo me casé enamorada e ilusionada. Él era el soltero más codiciados de la ciudad y yo una de  las herederas más perseguidas. Modestia aparte, soy una mujer a la que la genética le favoreció: tengo la belleza de mi madre, cabello rubio, ojos azules, facciones delicadas, mido 1.75 metros, soy delgada,  pero con curvas definidas.  En cuanto a  mi padre, pues me heredó la inteligencia y astucia para los negocios.  

Esta noche hay una cena de beneficencia a la que hubiese preferido no ir, pero decidí que no voy a esconderme de nadie, yo no soy la infiel, ni he hecho nada malo. Es una cena de gala y el atuendo debe ir complementado con un antifaz.  

Saldré más temprano de la oficina para buscar mi vestido y arreglarme, ya llame a uno de mis diseñadores para que me muestre lo que tiene. 

Esta noche quiero deslumbrar, quiero estar hermosa, por supuesto, que no para Andrés sino para mí, me gusta verme bella.  

—Buen día Alexa.  —Saludo a mi secretaria—. Necesito por favor, que me comuniques con mis amigos, Víctor Fuentes y   Soraya Russo.

—Sí señora, con gusto —contesta mi secretaria.

Víctor y yo somos amigos desde la universidad, intentamos ser algo más pero no resultó. Soraya es mi abogada y mi mano derecha. Somos algo así como los tres mosqueteros.

—Tengo al señor Víctor en la línea, señora. —Me informa mi secretaria y le pido que me comunique.

—Buenos días Víctor. —Le digo a modo de saludo.

—Un gusto escucharte, Natasha. Dichoso los oídos que te escuchan, a qué debo el honor de que mi amiga se acuerde de mí. —Me devuelve el saludo con un reclamo.

—Necesito tus servicios, Víctor. —contesto.

—A ver, pida por esa boquita mi reina. —Me dice en tono cómplice.

—Necesito que sigas a Andrés, quiero encontrarlo infraganti —Le solicito a mi amigo.

–¿Y eso para qué? ¿Estás dispuesta a dejarlo, Naty? —Me cuestiona dudoso.

—Sí, pero quiero que mis ojos lo vean y convenzan a mi cerebro,  de que  nunca he estado loca, de que siempre he tenido la razón —explico convencida.

—No es bueno que te expongas, eres una de las mujeres más influyentes de este país, Natasha. —Intenta persuadirme.

—Lo sé Víctor, y no haré escándalos. No te preocupes por eso. —Le aseguro.

—Listo, empiezo desde hoy mismo  mi trabajo. Te mantendré al tanto de los avances —declara.

—Hasta luego Víctor y gracias. Sé que puedo contar con tu discreción. —Cuelgo la llamada y espero a que Alexa me comunique con Soraya.  

—Señora Rivas, la licenciada Soraya Russo está al teléfono. —Me informa mi secretaria y de inmediato me comunica con mi amiga.

—Dime que me llamas para irnos de viaje o para ir a una noche de chicas, necesito relajarme. —Me suelta Soraya su desenfado característico. 

—Hola amiga, y no, no te llamo para eso, más bien te llamo para darte más trabajo. —Le informo.

—Ya decía yo, tú solo me llamas cuando necesitas mis servicios legales. Habla,  pues,  Natasha Rivas. —Me reclama con molestia.

—Prepara los papeles del divorcio. Hay un acuerdo pre-matrimonial,  así que cada uno seguirá siendo dueño de lo que le pertenece y ,además, redacta un poder general donde te faculte para administrar mis negocios. Eso por si decido irme por un tiempo. —Le comunico.

—¿Qué estás planeando Natasha? —pregunta curiosa.

—Nada más que recoger del piso los pedazos de mi dignidad, Soraya —afirmo convencida.

—¿Estás segura? Porque no creo que a tus queridos progenitores les haga gracia lo del divorcio, y no dudes que este será un escándalo, que aparecerá en la primera plana de los tabloides de nuestro país —explica mi amiga.

—Sí, estoy segura. Solo hay algunas cosas que necesito hacer previamente, pero la decisión está tomada, no puedo amarlo a él más que a mí misma, eso es enfermizo, Soraya —argumento—. Cambiando el tema ¿irás a la gala de hoy? 

—Sí amiga, debo ver allí a unos clientes italianos. Aquí entre nosotros, creo que son mafiosos, pero mientras yo no me vea envuelta en nada ilícito, los veo como clientes, Naty —afirma.

—Recuerda que debes llevar antifaz, Soraya. —Le recuerdo.

—Claro,  esa es la parte que más me gusta del atuendo —afirma.

—Dale mi Naty,  nos vemos esta noche en la gala. —Le digo a mi amiga a modo de despedida y cierro la llamada.

Termino unos pendientes  y me retiro. No vi llegar a Andrés a la oficina, me imagino que debe andar con su amante de turno, extrañamente no me duele, me indigna pero no me duele. ¿Será cierto eso de que uno se curte de tantos golpes,  al punto de que ya no te duelen?

Subo a mi auto, enciendo la radio y pongo algo de música latina que me encanta. Paso a mi restaurante favorito, no soy de las mujeres a las que las desilusiones amorosas le quitan el hambre, mi cuerpo no tiene porque sufrir por el gusto de otro. Así que aquí estoy, entrando, dispuesta a comer mi platillo favorito. Al llegar, veo bastante movimiento, es un restaurante italiano, el mejor de la ciudad. 

Veo dos hombres altos y corpulentos con cara de matones, parados en la entrada del salón principal del restaurante. Paso junto a ellos sin reparar, camino acompañada de la chica que me recibió, hasta una mesa ubicada al final. Siento algunas miradas sobre mí al ingresar al salón, haciendo a un lado la modestia, estoy acostumbrada. 




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