El primer cruzado

Prologo

Tiempo:

Tres mil años antes de la llegada de Narelah

Lugar:

Prisión para humanos, Dominio montañoso, continente Vanlión, universo Haleran

Galbais se hallaba con sus pies colgando a más de treinta metros de altura.

El lagartropodo estaba con sus grandes brazos verdes y repletos de escamas sobre una de las barras de metal que cubrían toda la celda, estaba sentado sobre una base de madera, miró hacia arriba. La jaula estaba suspendida gracias a un gancho y este se agarraba de un cable, a sus lados había otras jaulas todos eran huesos, polvo y calaveras de humanos.

Al menos el sol ya se estaba ocultando, un lagartropodo con un gorro alto en punta tapó el sol y se presentó al frente de Galbais. Estaba suspendido en aire gracias a una base circular de metal flotante.

—Lagartropodo Galbais, ¿Cómo ha pasado sus últimos días en la jaula?

Galbais no contestó.

—Bueno. Su hermano ha adelantado la audiencia —expresó el lagartropodo—. Será juzgado como un lagartropodo más, mejor vaya estirando esas piernas por que comienza dentro de una hora.

Otros dos lagartropodos de uniforme lo agarraron de los brazos estaban parados sobre las mismas plataformas voladoras que el lagartropodo de gorro alto. Este sacó una llave de uno de sus bolsillos, llevaba una larga toga de color negra con un pañuelo azul que cubría su cuello y parte de su mentón, logró abrir el “suelo” de la jaula y esta cayó al vacío. Las piernas del lagartropodo se dejaron caer. Lo soltaron un momento y cayó por debajo de la jaula, ambos lagartropodos de uniforme lo agarraron nuevamente. Por fin podía sentir la libertad en sus piernas, ¿Después de cuánto? ¿Veinte días más o menos?

Los cuatro salieron volando hacia la corte que tendría lugar al frente del palacio del nunqui del Dominio montañoso, Eropes Kilt, bajaron rápidamente de la jaula y por fin tocaron el suelo. Decenas de lagartropodos estaban reunidos a las afueras de la corte. Era un edificio bastante grande, pero nada comparado con la inmensa torre del frente en la que gobernaba Eropes Kilt.

Galbais fue arrastrado por el pasillo que se había formado frente a la fachada de la corte. Subieron las escaleras, las puertas se hallaban abiertas y un amplio salón los cubrió del sol a Galbais, y los dos guardias que lo llevaban a la rastra. Numerosas entradas en las paredes de la inmensa habitación, estos continuaron caminando. En medio la estatua de una esfera blanca y otra azul cubrían casi todo el centro del salón. Otros dos guardias abrieron las puertas y posterior al gran salón estaba la corte donde Galbais sería juzgado, todos los lagartropodos se giraron para mirar al acusado. Fue sentado en un banco mirando hacía una plataforma que debía de medir tres metros sobre él. Galbais no se consideraba un lagartropodo bastante alto. Después de todo solamente medía dos metros. Los que se encontraban murmurando a sus espadas (altos rangos de guardias, consejeros del nunqui y demás personas con poder adquisitivo para estar allí) se levantaron cuando las puertas del costado de la plataforma se abrieron un total de diez lagartropodos de toga negra subieron al estrado. El mismo lagartropodo que lo había buscado, aquel de gorro alto se sentó en medio mirando hacia abajo al rostro de acusado.

—Galbais, vamos a hacer esto rápido tengo que ir a comer —expresó el lagartropodo de gorro—. Yo, Oneseyei de la familia Castoth. Voy a sentenciarte, bajo la orden de nosotros diez hemos decidido tu condena. Luego de varios días de pensarlo, te concedimos permiso para que alguien te represente y proteja en este juicio. Desgraciadamente, ni tus tres amigos: Bawuei, Renadu, Shanik. Han querido protegerte, tu hermano nunca asistió cuando lo llamamos, entonces solamente queda alguien para que te proteja chico —exclamó Onseyei. Galbais levantó la cabeza—, tú mismo.

El murmullo de los lagartropodos de detrás se elevó, Onseyei tuvo que pedir silencio.

—Bueno, empezamos —exclamó Oneseyei—. Se te acusa de golpear a un hermano lagartropodo en el rostro cuando estaban trabajando en el puente de comercio, ¿Te encuentras culpable de eso?

—Sí —expresó Galbais sin levantar su cabeza.

—¿Tienes algo más que decir sobre esta acusación? —preguntó Oneseyei. Galbais negó con su cabeza.

—Segunda acusación: Se te vio parándote delante de un humanesco hembra y parar un látigo de placer que iba dirigido hacia la hembra por manos del lagartropodo al que golpeaste. Se te encuentra culpable de proteger a esa sucia y gastada herramienta de trabajo —algunos lagartropodos gruñeron a espaldas de Galbais—. ¿Te encuentras culpable?

—No —negó Galbais—, la mujer…

—Señor Galbais, aquí no faltamos el respeto llamando por su género a cada uno de los humanescos herramientas. Limítese a llamarlos como Shailusol quiere que los llamemos.

Galbais tragó saliva.

—Esa humanesca, estaba embaraza.

—No le da derecho a protegerla, creo que ya hemos tenido bastante explicación lagartropodo Galbais. Normalmente si el acusado ayuda a una herramienta de trabajo, lo condenamos a cien días en la jaula sin comida —los lagartropodos a espaldas de Galbais vitorearon y aplaudieron—. Pero está vez se ha llegado a otro acuerdo. Lagartropodo Galbais lo sentencio a vivir en el continente de las cuevas y a colaborar con las herramientas de trabajo llamadas humanescos. Sin nada más que agregar doy por terminada esta sesión.




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