Tiempo:
Tres mil años antes de Narelah
Lugar:
Primera habitación, segunda mina, continente de humanos, universo Haleran
Las semanas habían pasado, Metuctubu había asistido cada noche desde la primera para darle de comer algo diferente al lagartropodo. Aquella noche no sería la excepción, mucho no se podía comunicar con él, pero al menos había aprendido su nombre, Galbais.
Aquella noche llegó un poco más tarde, estaba un poco más lleno de gente, pero se guardó el trozo de carne cruda. Giró alrededor de la jaula, intentando mirar despectivamente a Galbais, esperó y esperó hasta que la gente se dispersara un poco. En ese momento Metuctubu se acercó y le ofreció el trozo de carne, está vez Galbais no quiso golpearlo, sino, que pinchó con sus garras la comida y la engulló en el acto.
—Es carne de monstros marinos —expresó Metuctubu.
—Rica, es rica Metuc —contestó Galbais con una amplia sonrisa.
—Todavía no me acostumbro a que me digas Metuc, normalmente entre nosotros los humanos solo nos llamamos por nuestros nombres abreviados cuando ya tenemos bastante confianza. Pero voy a dejar pasarlo, veo que se te dificulta bastante decir Metuctubu —Galbais contestó asintiendo.
—Sí, difícil nombre. Pero rica comida.
—Mañana voy a volver con un poco más de comida si puedo probablemente con un poco de tentáculos de monstros —la saliva cayó de la boca del lagartropodo—, ya vas a probarlo, en ningún dominio del continente de lagartropodos has probado algo igual de rico.
—Ansioso por probar comida de Metuc —expresó Galbais—, muchas gracias, yo no sobrevivir sin ayuda tuya.
—¿Qué fue lo que hiciste para terminar acá? ¿Intentaste matar al nunqui o algo por el estilo? —preguntó Metuc, el lagartropodo contestó negando con su cabeza.
—Salvar yo a un humano —explicó Galbais—, mujer con niño adentro.
—¿Una mujer embarazada?
—Esa esa. Otros de raza mía golpearla y yo defenderla. Por eso —los ojos rosas de Galbais observaron con detenimiento toda la jaula—. Terminar aquí.
—No eres tan malo como pensaba Galbais.
—Tú tampoco malo Metuc —expresó el lagartropodo. Nuevamente Metuc se alejó para salir de la cúpula y volver a su casa.
La vuelta fue mucho más fácil, realmente estaba trazando un buen tiempo para poder regresar a la segunda habitación. Ya se había tardado menos tiempo de velas que otras noches, llegó hasta la escalera para poder subir hasta el saliente del frente de las habitaciones, llegó hasta su puerta y cuando tomó su espina la puerta del lado se abrió lo iluminó la luz de la vela del interior. Se trataba de Traizken, Metuc golpeó su frente contra la puerta.
Por Shailusol, esta va a ser una larga noche, pensó.
—¿Qué estás haciendo ahí parado? —preguntó Traizken—, ¿Te das cuenta de las velas que faltan para entrar a trabajar?
—Ya lo sé hermanita, ¿Podemos hablar de esto mañana?
—Sabes la mala memoria que tengo, mañana voy a irme a trabajar a los campos de la superficie y voy a volver tarde cuando ya me haya olvidado de eso, lo haces solamente porque estás ocultando algo —los ojos Traizken eran parecidos a los de su padre, más azul claro que los azules oscuros de Metuc. Aunque su hermana tenía aquellas pecas y cabello más negro que intimidaban hasta al más hombre. Traizken se acercó observando los ojos de su hermano los entrecerró y Metuc suspiró.
—Tienes razón, estoy escondiendo algo —expresó Metuc—, pero no voy decirte —Metuc giró la espina de su puerta y la abrió antes de que Traizken pudiera entrar volvió a cerrarla y está se golpeó su cara.
—¡Metuc! —gritó Traizken—, ¡Ya vas a ver! ¡Voy a averiguar qué estás haciendo! —en ese momento tres puertas de las casas del lado de Metuc se abrieron con cara indignación por parte de sus ocupantes, Traizken hizo una reverencia—, lo siento mucho. No vi las velas —Traizken se metió en su casa en el acto.
La puerta de Metuc sonó y este se desperezó, conocía aquel toque en cualquier momento, circunstancia del día.
—Buenos días, ¿Qué quieres Traizken? —preguntó Metuc mientras miraba las velas—. ¡Por Shailusol hermana! ¡Faltan una vela y media para ir a trabajar! —Metuc se volvió a acostar.
—Metuc —dijo Traizken haciendo énfasis en la letra C durante un rato—, te hice un rico desayuno con un poco de jugo de lizoris.
—Pero Traizken, es muy temprano para tomar.
—No tiene alcohol por la luna —contestó su hermana, mientras sonreía. Metuc salió a los pocos segundos totalmente cambiado. Entraron en la habitación del lado, era mucho más grande que la de Metuc, bueno en ese caso debía de albergar a Ssucco y Traizken. Tenía sentido.
Metuc se sentó y comenzó a beber aquel liquido rojizo oscuro, por Shailusol; jamás se iba cansar de probar aquel manjar. Su hermana le ponía algo especial que solamente ella podía darle ese gusto exacto.
—¿Ssucco tampoco volvió anoche? —Traizken asintió de espaldas, estaba terminando de tostar un poco de pan.
—¿Y qué si no lo ha hecho?
—Bueno se supone que es tu novio y bueno.