El primer latido

Prólogo

—¡Matías!

El loco de Pablo me lanza la pelota que apenas y logro atrapar antes de que caiga en la mesa donde las chicas están poniendo comida.

—¡Ten más cuidado corazón! — le grita Sofía a su novio.

—Si cabrón, por poco y quiebras mis lentes — le hago saber.

—Tengo el dinero suficiente para comprarte más que los que tienes puestos.

—Del dinero de su papá — susurra Valeria a mis espaldas.

Lo que me hace gracia, porque hay razón y eso ni él lo puede negar.

Le lanzo la pelota con toda mi fuerza, y este cae al intentar agarrarla, se queja colocando la mano en su trasero y Sofía me da un manotazo antes de ir con su queridísimo y amado novio.

—Está loca por él — dice aurora acercándose para darme unas gomitas de osito.

—Ambos lo están el uno hacia el otro.

Asiente con la cabeza y me enseña el dedo pulgar antes de darme la espalda e ir hacia donde están asando la carne.

Me dirijo hacia la casa para sacar más sillas y ayudar a Valeria y a Erick a terminar de colocar los platos.

Estamos conviviendo en el jardín enorme de la casa de los padres de Pablo, por el motivo de que hemos finalizado nuestro primer año de juris doctor (JD) en la universidad de Nueva York, donde las probabilidades de querer rendirme eran muchas, pero no lo he hecho gracias a que tengo unos compañeros increíbles que me halagan por las altas notas que tengo y que me ha costado bastante por tener, pero sigo y sigo y sigo.

Y porque no hay nada más increíble que ir a la biblioteca con aurora a estudiar para los exámenes o presentaciones, porque me siento bien a su lado, porque aspirar a lo mismo con alguien que te trasmite paz y te contagia armonía, es lo mejor que me pudo haber pasado.

Mientras termino de colocar un tazón lleno arroz, a lo lejos escucho la melodía de here comes the sun y sonrío, porque claro, no podía ser otra persona más que aurora, conociendo mis gustos musicales ella sabía más que los demás que esa canción me causaba felicidad.

Recuerdo la vez que le dije que anhelaba tanto poder escuchar esa canción en cada reunión del grupo pero que no podía porque no todos entenderían la vibra, porque no todos compartimos el mismo gusto musical.

—Eh Rory, súbele más volumen.

Ella lo hace y los demás siguen en su mundo, en lo que les toca hacer y yo estoy feliz.

Aunque el clima no ayude mucho, y estemos abrigados, no demasiados para poder movilizarnos bien, terminamos de colocar todo en la mesa.

—Esta es la mejor idea que pudimos haber tenido — dice Lucas.

—Sin duda alguna.

—¿Acaso hay algo mejor que hacer carne asada y una vista panorámica? — pregunta Valeria y saca por debajo de la mesa una botella de vino — el más caro que pude encontrar.
Todos nos reímos y las últimas notas de la canción terminan




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