AURORA
El aire se siente menos pesado y mi cuerpo empieza a relajarse.
con certeza no sé realmente si siento emoción o tristeza porque es el primer día de clases en mi último año de universidad, pero de lo que sí estoy segura, es de que esté año mi sistema nervioso se verá mucho más afectado que los años anteriores donde los desvelos empezaron a ser mis aliados.
Durante el transcurso de casa hacia la facultad todo es tranquilo, sin la preocupación de que los extraterrestres vengan a extinguirnos, o que los dinosaurios aparezcan de la nada… bueno, eso o a que mi cerebro empiece a colapsar de tantos sentimientos encontrados.
Creía que me había acostumbrado a esta nueva rutina, donde mi vida dependía emocionalmente de la universidad y mi pasión por la fotografía, no era cosa del otro mundo, pero mientras más pasaba el tiempo todo iba cambiando.
Ahora mismo siento que los dos meses de vacaciones no fueron lo suficiente para un buen descanso. Claro que extraño ver a mis compañeros de clase y lo mucho que me gusta ver al montón de gente entusiasmada por querer aprender más, así como a mí me fascina aprender algo nuevo, pero no puedo dejar de sentir esa sensación de que pude haber disfrutado más mi descanso, y es frustrante.
Después de estacionarme, bajo del carro, el aire me pega suave en la cara y en el cabello haciendo que se mueva, yo solo me estremezco. Con los libros en la mano y mi bolso colgado en mi hombro derecho, camino decidida hacia el lugar al que más he frecuentado estos últimos seis años.
Observo mi reloj de mano, comprobando que ser puntual no es lo mío. Tal vez cuando sea oficialmente abogada voy a cumplir ese principio, tal vez.
Al entrar a la cafetería que está cerca de la facultad de derecho, mi mirada se posa en aquella persona tan pero tan puntual, con una sonrisa radiante.
—¿Otra vez llegué tarde? — le pregunto al dejar mis cosas sobre la mesa y mi bolso en el piso.
—Siete minutos, nada grave — responde, empujando hacia mi dirección un cappuccino — aún nos quedan veintitrés minutos para resumir los últimos tres días que no nos hemos visto.
Suelto una risita y luego tomo un sorbo de mi bebida.
—Bueno, solo me he dedicado a tomar fotos y ya.
—¿Solo así?
Arrugo la frente, esperaba otra respuesta.
—¿Qué quieres decir con eso?
—Creí que lo ibas a decir con más entusiasmo, se supone que amas capturar momentos que te quedan solo a ti, no estoy acostumbrado a ese tipo de respuestas cuando sé perfectamente que te fascina hablar del tema.
—Es que me he quedado sin ideas.
—Ya.
se lleva un panecillo a la boca y luego toma un trago de su café con leche.
Observo como se quita los casquillos que tenía colgados en su cuello, y se quita la chaqueta. Sonrío mientras él se acomoda las gafas, está nervioso, lo sé por su actitud.
Entonces cambio de tema, sé que cuando está así, Matías necesita su espacio.
—¿Sabes qué es lo que no me gusta de salir de casa? — pregunto para sacarlo de su trance.
—El frío — responde y se lleva otro bocadillo.
—Guau, me conoces tan bien — me quito la bufanda y la dejo en el reposo de la silla.
—Tanto como para decir, que deseas tanto irte a un lugar tropical.
—Y estar en bikini todo el tiempo.
Matías alza una ceja el muy juguetón.
—Guau, tranquilízate.
Los dos nos reímos más fuerte sin importar a quienes tenemos a nuestro alrededor.
Pasar mi tiempo con él, es de las cosas que más disfruto en mi día a día, porque no solamente me la paso platicando con él de todo tipo de temas, sino que puedo ser yo misma a su lado, sin ocultar nada, solo ser yo.
Y es que la verdad, jamás había compartido mi forma de pensar, mis situaciones, pasiones y mi vida entera con alguien más, hasta que llegó él de una forma inesperada.
Matías saca su portátil y yo me pongo a revisar lo que había subrayado por la mañana, unos artículos que aún me costaba entender a la perfección. Afuera el mundo corría y el viento seguía siendo frío pero calmado mientras que nosotros empezábamos a ponernos al día, a avanzar para que en las clases no nos agarraran desprevenidos con preguntas que claramente podemos responder con facilidad pero que de alguna extraña manera necesitábamos saber más.
—¿Qué harás para san Valentín? — pregunta con la mirada puesta en la pantalla.
Esa pregunta me extraña, ya que quedan como veinte días para esa fecha, pero aun así le respondo.
—No se aún, puede que estudiar o fotografiar parejas enamoradas en la calle, que se yo.
—Podríamos hacer eso.
me rio de una manera rara que hasta yo me avergüenzo.
—¿Y quién nos tomaría las fotos? — pregunto así sin más, con torpeza.
—Me refería a…
Algo en el ambiente cambia, porque cuando intento agarrar otro panecillo para dejar de decir tonterías, nuestras manos se rozan accidentalmente, tan solo por un segundo nuestras miradas se encuentran y seguimos en lo que estábamos,
quiero reírme pero no puedo, porque no sería la típica carcajada que me aviento por algo que me pareció gracioso, sino por los nervios que me ha provocado aquello, sumándole a su mirada intensa que me ha lanzado y que me atravesó el alma, sí que gracioso.
—Ya queda poco para irnos a clase — digo para calmar aquello que aún no le encuentro nombre.
—Cinco minutos, creo que ya es hora de marcharnos de acá.
se toma el último trago de su bebida, y me atrevo a ver ese par de ojos color café.
—Espero que nos vaya bien.
—Yo también Rory.
Asiento y juntos tomamos nuestras cosas para salir y ver la manera de cómo seguir conquistando el mundo, de cómo darle inicio a una meta que está ya en su recta final.
Al entrar a clase mi sonrisa se ensancha cuando veo a Sofia, Erick y Valeria acercarse a nosotros.
La primera me abraza mientras que el segundo se pone a platicar con Matías de cosas que solo ellos entienden y de las que me preocupa muy poco, o nada la verdad. cosas de chicos como dicen ellos.